Según los resultados del programa Salud Escolar Bonaerense, el 44% de los alumnos de primer grado evaluados en escuelas de la provincia de Buenos Aires presenta exceso de peso. De ese total, el 17% tiene obesidad y el 27% sobrepeso, según informó el ministro de Salud bonaerense.
Frente a este escenario, Marina Rinaldi, nutricionista y docente de la Licenciatura en Nutrición de la Universidad FASTA, se refirió a los factores que influyen en el sobrepeso y la obesidad infantil, qué consecuencias pueden tener en la salud y qué hábitos contribuyen a prevenirlos desde los primeros años de vida.
Rinaldi explicó que: “el sobrepeso y la obesidad infantil son problemas de salud pública que tienen múltiples causas. No dependen únicamente de cuánto come un niño o de cuánto ejercicio realiza, sino también de sus hábitos, su entorno familiar, las condiciones socioeconómicas y el ambiente en el que crece”.
Entre los factores que contribuyen a esta problemática, la nutricionista mencionó los hábitos alimentarios, el mayor consumo de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas, y la menor presencia de frutas, verduras y alimentos frescos. También señaló el sedentarismo, el tiempo frente a las pantallas y las dificultades para acceder a espacios seguros donde los niños puedan jugar y realizar actividad física.
A su vez, destacó la influencia de la publicidad de productos de bajo valor nutricional y las costumbres familiares en la formación de los hábitos desde edades tempranas.
“Es importante comprender que la obesidad no es una cuestión de voluntad individual. Es una condición compleja, influida por factores biológicos, ambientales y sociales”, sostuvo Rinaldi. En ese sentido, remarcó que la prevención requiere acciones conjuntas de las familias, las escuelas, los equipos de salud y el Estado.
Las consecuencias del sobrepeso
Sobre las consecuencias del exceso de peso, Rinaldi explicó: “puede afectar tanto la salud física como el bienestar emocional y social. A corto plazo, puede favorecer alteraciones de la presión arterial, los lípidos en sangre y el metabolismo de la glucosa. También puede provocar problemas osteoarticulares, dificultades para realizar actividad física y alteraciones del sueño”.
A estas consecuencias se suman las burlas, la estigmatización y la discriminación, que pueden afectar la autoestima y la imagen corporal de niños y niñas durante una etapa clave de su desarrollo.
En cuanto a los efectos a largo plazo, la nutricionista advirtió que “el exceso de peso persistente aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial y otras enfermedades crónicas”.
Rinaldi aclaró que cada situación debe evaluarse de manera individual y que el abordaje debe centrarse en mejorar la salud y la calidad de vida, respetando las necesidades nutricionales propias del crecimiento y evitando las dietas restrictivas sin acompañamiento profesional.
La importancia de la detección temprana
En este sentido, la profesional habló de la importancia de detectar el sobrepeso lo antes posible: “la detección temprana permite identificar cambios en la trayectoria de crecimiento y actuar antes de que se consoliden hábitos poco saludables o aparezcan complicaciones metabólicas”.
Rinaldi destacó la importancia de prestar atención a la evolución del peso y la talla, así como a los hábitos alimentarios, el tiempo frente a las pantallas y las oportunidades para realizar actividad física. También señaló que las dificultades persistentes para dormir, el cansancio, las molestias físicas que limitan las actividades cotidianas y las situaciones de burlas o aislamiento relacionadas con el cuerpo son aspectos que las familias deben tener en cuenta.
“La herramienta fundamental es el control periódico de crecimiento y desarrollo con el equipo de salud”, explicó la nutricionista. Estos controles permiten evaluar el peso y la talla en relación con la edad y el sexo, e identificar posibles alteraciones que requieran seguimiento profesional. Además, aclaró que la detección debe realizarse sin culpabilizar al niño ni a su familia.
Recomendaciones
Sobre los hábitos que pueden contribuir a prevenir el sobrepeso y la obesidad infantil, Rinaldi explicó que “la prevención comienza desde los primeros años y se construye a través de experiencias cotidianas”. En este sentido, destacó el papel fundamental de las familias y las escuelas en la formación de hábitos alimentarios y en la incorporación del movimiento a la vida diaria.
La nutricionista señaló que es importante ofrecer una alimentación variada, priorizar el consumo de agua y limitar las bebidas azucaradas y los productos con exceso de azúcares, grasas y sal. También recomendó respetar las señales de hambre y saciedad de los niños y evitar utilizar la comida como premio o castigo.
Además, destacó la importancia de promover el juego y otras actividades físicas, reducir el tiempo sedentario frente a las pantallas y acompañar estos hábitos con el ejemplo de los adultos.
En cuanto al ámbito escolar, Rinaldi remarcó la necesidad de promover la educación alimentaria, facilitar el acceso al agua y a alimentos de buena calidad nutricional, y garantizar espacios para el juego activo y la actividad física. También subrayó la importancia de prevenir las burlas y la discriminación por el peso, y de trabajar de manera conjunta con las familias y los equipos de salud.
“Prevenir la obesidad infantil significa garantizar mejores condiciones para crecer, aprender y vivir saludablemente”, sostuvo la especialista. En esa línea, concluyó que es necesario el acompañamiento de las escuelas, los equipos de salud y las políticas públicas para que las opciones saludables sean también las más accesibles.
