Guillermo Montenegro volverá a ocupar la Intendencia de General Pueyrredon después de casi diez meses de licencia. El dirigente del PRO dejará la banca que ocupa desde diciembre de 2025 en el Senado bonaerense y retomará el cargo que había dejado en manos de Agustín Neme. Según trascendió, el próximo martes comenzará formalmente el trámite para solicitar licencia en la Cámara Alta provincial y posteriormente deberá completar el procedimiento correspondiente en el Concejo Deliberante.

El regreso se produce en un momento particularmente complejo para la gestión municipal. Durante los últimos meses se multiplicaron los reclamos vinculados con la inseguridad y distintos sectores de la ciudad volvieron a poner en agenda problemas relacionados con el mantenimiento de calles, iluminación, limpieza, transporte, salud y obras de infraestructura.

A este escenario se sumó una sucesión de hechos delictivos que incrementó la preocupación social. Distintas fuentes vincularon directamente el regreso de Montenegro con la crisis de seguridad y con la necesidad de que el jefe comunal reasuma personalmente la conducción política de la respuesta municipal.

¿Por qué vuelve Montenegro?

La explicación tiene, al menos, dos dimensiones. La primera es institucional y de gestión. Montenegro nunca renunció a la Intendencia: pidió licencia para asumir como senador. Esa decisión dejó abierta desde el comienzo la posibilidad de regresar al Ejecutivo municipal. Ahora, frente a un escenario que su espacio considera más complejo, decidió utilizar esa alternativa y recuperar el control directo del gobierno local.

La segunda dimensión es eminentemente política. Las versiones coinciden en que la inseguridad es uno de los factores centrales detrás del regreso, pero también en que existe preocupación dentro del oficialismo por el desgaste acumulado durante el interinato de Neme. Algunos análisis políticos señalan que Montenegro busca volver a ocupar el centro de la escena local y llegar al último tramo de su mandato con mayor capacidad de conducción territorial.

El movimiento también implica reconocer, implícitamente, que la experiencia de estos diez meses no produjo el resultado político esperado. Neme había asumido con la premisa de garantizar la continuidad de una gestión que Montenegro había conducido desde 2019. Sin embargo, durante el interinato se acumularon reclamos vecinales y cuestionamientos opositores sobre seguridad, servicios y situación de los barrios.

Un regreso con un problema que no desaparece

Montenegro vuelve, pero no necesariamente vuelve a la misma ciudad que dejó. El desafío inmediato será demostrar que su regreso no responde solamente a una necesidad de recuperar protagonismo político, sino que puede traducirse en respuestas concretas a demandas que se acumularon durante estos meses.

La seguridad aparece como el principal frente. Pero difícilmente pueda abordarse exclusivamente desde la cantidad de patrulleros o la presencia policial. Los propios reclamos de los vecinos muestran una agenda mucho más amplia: iluminación, calles, limpieza, transporte, infraestructura y presencia efectiva del Estado municipal en los barrios.

En ese sentido, la decisión de Montenegro también puede leerse como un reconocimiento de que, en un municipio de la dimensión de General Pueyrredon, la conducción política requiere una presencia territorial permanente. Su retorno le devuelve además al intendente una responsabilidad directa sobre los problemas que durante estos meses quedaron asociados a la gestión de Neme.

La cuestión será si esa vuelta alcanza para recuperar iniciativa. Montenegro tendrá por delante una última etapa de gobierno atravesada por demandas concretas y por una ciudadanía que, más allá de las disputas políticas, reclama soluciones visibles en su vida cotidiana.

Y allí estará la verdadera medida de su regreso: no en el hecho administrativo de volver al despacho de la calle Yrigoyen, sino en la capacidad de transformar una decisión política en una gestión que vuelva a hacerse presente en los barrios.