Buenos Aires, 29 de julio de 2026 – Pese al consenso internacional de mantener la lactancia materna exclusiva (LME) hasta los 6 meses de vida, en la Argentina esto se logra en apenas el 53,2% de los casos.2  Ante esa situación, y en el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026, que se conmemora cada primera semana de agosto,1 la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) emitió un documento institucional centrado en un mensaje concreto: “fortalecer las acciones que funcionan”.


El concepto resume que, frente a contextos económicos complejos, jornadas laborales cada vez más exigentes, emergencias climáticas y sistemas sanitarios sometidos a múltiples demandas, no hace falta inventar nuevas estrategias; lo que se necesita es consolidar aquellas intervenciones cuya eficacia ya fue ampliamente demostrada y garantizar que lleguen a todas las familias, independientemente del lugar donde vivan o de su situación socioeconómica. 


La recomendación se da en un marco en el que, según los últimos datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación (Encuesta Nacional de Lactancia – ENaLac 2022),2 solo en 1 de cada 2 casos (53,2%) la mantiene en forma exclusiva desde el nacimiento hasta los 6 meses, descendiendo el porcentaje en el grupo de bebés de 6 meses de edad a un 44.7%. La meta global propuesta para el 2030 por la Asamblea Mundial de la Salud es de un nivel de lactancia materna exclusiva del 60% hasta el medio año de vida. 


El documento de la SAP describe una serie de decisiones cotidianas que pueden facilitar o dificultar la continuidad del amamantamiento. La primera de ellas ocurre apenas nace el bebé: el contacto piel con piel inmediato y el inicio de la lactancia durante la primera hora de vida constituyen una práctica ampliamente validada por la evidencia científica. 


Ese primer contacto favorece la adaptación del recién nacido, estimula la producción de leche, fortalece el vínculo entre madre e hijo y reduce significativamente la mortalidad neonatal. 


La buena noticia es que en la Argentina esta intervención presenta niveles de cumplimiento muy elevados, lo que demuestra que cuando existen protocolos claros y equipos capacitados los resultados son posibles.

Sin embargo, ese excelente comienzo necesita continuidad. Las primeras semanas suelen estar atravesadas por dudas, dolor, grietas en los pezones, dificultades en el acople, preocupaciones sobre la cantidad de leche o interpretaciones erróneas acerca del crecimiento del bebé. Muchas de estas situaciones pueden resolverse con una consulta oportuna, pero cuando no existe acompañamiento adecuado terminan favoreciendo un destete precoz que, en muchos casos, podría haberse evitado.


«Con frecuencia se piensa que para mejorar los indicadores hacen falta grandes innovaciones. Sin embargo, sabemos exactamente qué medidas favorecen que una madre pueda sostener la lactancia. El desafío consiste en que esas acciones estén disponibles para todas las familias y no dependan del lugar donde nació el bebé o de las posibilidades económicas de cada hogar», señaló el Dr. Luis Alfredo Azula, médico pediatra y secretario de la Junta Ejecutiva del Comité Nacional de Lactancia de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).


«Una gran parte de las consultas que recibimos no responden a problemas médicos complejos sino a situaciones habituales del aprendizaje de la lactancia. Cuando las familias cuentan con profesionales capacitados que pueden acompañarlas desde el nacimiento y durante las primeras semanas, la mayoría de esas dificultades encuentra solución y la lactancia continúa. El apoyo temprano hace una enorme diferencia», explicó el Dr. Antonio Morilla, médico pediatra y prosecretario de la Junta Ejecutiva del Comité Nacional de Lactancia de la SAP. 


Otro de los momentos críticos para sostener la lactancia -detalla el documento- suele producirse cuando las madres deben reincorporarse a sus actividades laborales. En ese punto, las posibilidades reales de continuar amamantando están estrechamente relacionadas con las condiciones de trabajo. Licencias adecuadas por maternidad y paternidad, pausas para la extracción de leche y espacios amigables para la lactancia representan herramientas concretas que permiten compatibilizar el empleo con el cuidado de los hijos.


«Cuando hablamos de proteger la lactancia no estamos hablando solamente de una elección personal. Estamos hablando de políticas públicas, de organizaciones de salud, de empleadores y de comunidades que comprendan que criar también requiere redes de apoyo. Ninguna madre debería sentirse sola frente a las dificultades de la lactancia», afirmó la Dra. Alejandra Buiarevich, médica pediatra y secretaria consultora de la Junta Ejecutiva del Comité Nacional de Lactancia de la SAP.


«La lactancia no necesita madres perfectas, sino entornos que comprendan, escuchen y acompañen. Muchas veces una palabra de apoyo, una consulta a tiempo o una red que sostenga emocionalmente a esa familia permiten superar dificultades que parecían insalvables. Cuidar la salud mental de quien amamanta también forma parte de proteger la lactancia», sostuvo la Lic. Mónica Tesone , psicóloga y coordinadora del Grupo de Trabajo de Educación Continua del Comité Nacional de Lactancia de la SAP. 

La protección también alcanza otro aspecto menos visible para la población general, pero de enorme importancia sanitaria: la regulación de la comercialización de sucedáneos de la leche materna. La industria mundial de fórmulas infantiles mueve decenas de miles de millones de dólares al año y despliega estrategias de marketing cada vez más sofisticadas. 


Los organismos internacionales advierten que la publicidad puede generar expectativas irreales, sembrar dudas innecesarias sobre la capacidad de amamantar e influir en decisiones familiares que deberían estar basadas exclusivamente en información científica y asesoramiento profesional.


La necesidad de proteger la lactancia también se expresa en otra estrategia que muchas veces permanece fuera del conocimiento del público, pero que resulta decisiva para los bebés más vulnerables: los Bancos de Leche Humana y las redes de donación. 


Para los recién nacidos prematuros o con muy bajo peso que, por distintas razones, no puedan recibir inicialmente la leche de su propia madre, la leche humana donada y pasteurizada constituye mucho más que un alimento. Representa un verdadero recurso terapéutico capaz de disminuir complicaciones graves, entre ellas la enterocolitis necrotizante, una enfermedad intestinal de alta mortalidad en recién nacidos prematuros. Cada mujer que dona leche puede contribuir a mejorar las posibilidades de recuperación de varios bebés internados en unidades de cuidados intensivos neonatales.


La propuesta de «fortalecer las acciones que funcionan» de la SAP también incorpora una mirada más amplia y pone en relación la salud infantil con la sostenibilidad ambiental y la resiliencia frente a las crisis sociales y climáticas. 


La leche materna constituye el primer sistema alimentario sostenible de la humanidad: es un alimento natural, renovable, producido y consumido localmente, que no requiere envases, procesos industriales, transporte de larga distancia ni consumo de agua para su preparación. Tampoco genera residuos plásticos ni emisiones asociadas a la fabricación y distribución de otros productos destinados a la alimentación infantil. 


Desde esta perspectiva, la responsabilidad de sostener la lactancia deja de recaer exclusivamente sobre la mujer para transformarse en una construcción colectiva: padres, parejas, abuelos, empleadores, equipos de salud, instituciones educativas, gobiernos, medios de comunicación y la comunidad en su conjunto pueden contribuir a crear condiciones que favorezcan una experiencia más saludable y menos solitaria.