Fines del año pasado. Eufóricos y todavía con el pecho inflado por la zafra de langostino en aguas nacionales que supieron conseguir, los integrantes de la mesa chica de la pesca tangonera congeladora se animaron a redactar un manual de instrucciones para no repetir los errores del pasado y que habían llevado a las empresas a promover un lock out patronal ante la suba de costos y el desmoronamiento de los precios internacionales.
“Pescar menos para no desaparecer” se titulaba esa hoja de ruta escrita entre desafíos al pádel y charlas de sobremesa con vistas al Golfo Nuevo en Puerto Madryn. El documento resumía las lecciones más importantes que había dejado la efímera zafra de pesca para la flota congeladora, tras superar la temporada de poda de los convenios colectivos de sus tripulaciones.
“A veces, pescar menos es la única forma de no desaparecer”, subrayaron. “Después de meses de conflicto, aprietes y bloqueos gremiales, las empresas del sector tangonero tomaron una decisión drástica pero necesaria: limitar voluntariamente la temporada de pesca”, remarcaron.
Los números les dieron la razón. El balance del año marcó una caída drástica en las exportaciones de langostino entero, el principal producto que genera la flota. España, el principal cliente pasó de comprar 45.950 toneladas en el 2024 a 29.152 toneladas el año pasado.

Ante la menor oferta el precio del langostino subió. De 5517 dólares por tonelada que declararon pagar en promedio en el 2024, aumentó 20,3% y el precio de venta saltó a 6639 dólares por tonelada.
“La ecuación fue clara”, reportaron en el resumen. “Mejor precio, menor esfuerzo pesquero, menor gasto en reparaciones, viáticos y rotación de personal”. Eso arrojó como resultado que la rentabilidad por kilo mejorara sustancialmente. “Se pescó menos pero no se perdió plata”, destacaron.
Volvemos al presente. A este domingo de nervios y ansiedad, en vísperas de la final de la Copa del Mundo. Al revisar los números que marcan la evolución de capturas / desembarques de la flota tangonera congeladora en la zafra 2026 parece que ese Manual de Instrucciones se eliminó más fácil que lo que le costó a la Scaloneta Cabo Verde, Egipto, Suiza e Inglaterra.
En los 45 días que lleva la temporada abierta en aguas nacionales la flota tangonera congeladora declaró descargas por 44.733 toneladas. No sirve la comparación interanual con el 2025 porque a esta altura se llevaban 410 toneladas porque había un solo barco pescando. Pero en los casi dos meses que duró la zafra 2024, desembarcaron 48.368 toneladas.
Este año se modificó el ciclo de faena. Elevaron al 50% la producción de cola a bordo, con lo cual bajó el nivel de clasificación y empaque de langostino entero. De todas formas, son números muy elevados si pensamos que a la temporada le faltan dos meses más.
La capacidad para sincronizar la velocidad de cosecha, de pesca, con los tiempos comerciales del negocio, se perdió en el primer temporal. Hoy la flota opera al máximo nivel de productividad cuando ya no hay demanda en pleno verano europeo. Lo que no compraron hasta ahora lo harán en la previa de las fiestas. Faltan más de 100 días.
En zona de pesca todos se pelean por maximizar las capturas y cuando los rindes en algunas de las subáreas decaen, las propias empresas comienzan a presionar a la autoridad de aplicación para que habilite otras áreas nuevas. No eliminaron el Manual; lo prendieron fuego.
Los datos biológicos que muestra el recurso en plena zafra son muy buenos. Hay concentraciones en la mayoría de las subáreas y cuando se abren ventanas de buen tiempo hasta la flota fresquera de altura logra completar bodega en tiempos lógicos. Y falta que se abra la subárea 7 para sumar a los costeros de Rawson, hoy al margen todavía, para sumar más volumen.
En la comparación con las últimas temporadas “normales”, 2023 o 2024, la actual suma más del 10% de volumen declarado como capturado. Que sabemos, plan de recaudación “Idoyaga-Sciuto-Dodero” mediante, no es la que realmente se descarga. Ese incremento en la oferta de entero y cola indefectiblemente redundará en precios más bajos que los actuales.
Por lo pronto, tal vez anticipando ese período de desembarques en verde y precios en rojo, las empresas adheridas a CEPA volvieron a tomar la tijera de podar derechos laborales de sus tripulantes y liquidaron el medio aguinaldo por la Ley de Navegación y no por el convenio colectivo 580, todavía vigente.
El ahorro de pagarlo a promedio y no al mejor mes del semestre, que en el caso de la flota tangonera fue el mes de zafra de junio, se diluirá ni bien entre el primer barco a descargar y quede parado por los gremios afectados. Algunos van a tardar en volver… el “Xeitosiño” y “Maria Alejandra” trabajan a reglamento.
Cuesta entender el apuro patronal por flexibilizar cuando al convenio vence con el brindis del Año Nuevo. Los gremios no llegarán con la mejor voluntad a redactar uno nuevo cuando no respetaron el acta firmada hace 60 días. “No vamos a ir de rodillas”, anticipó Pablo Trueba, referente del SIMAPE.
Que mal envejeció aquella certeza que Oscar Geréz emitió en Revista Puerto el pasado 26 de febrero. “La reforma laboral no cambia nada para el personal embarcado”, vaticinó el ideólogo junto con Mariano Pérez de los incumplimientos del convenio.
La nueva ley de contrato de trabajo excluyó al personal embarcado y la patronal de CEPA se refugió en la Ley de Navegación, la cual no solo contempla aguinaldo a promedio sino que reduce días de vacaciones y no reconoce más de 10 días a enfermedades inculpables. No cambia nada, no…
Buen domingo
Foto: Parte de Pesca
