Por Hernán Cuevas Gómez – militante de la Federación Rural Mar del Plata y presidente del Consejo Asesor Local de Inta Mar del Plata
Ya en la “Memoria sobre la agricultura, la industria y el comercio” Manuel Belgrano decía: “toda prosperidad que no esté fundada en la agricultura es precaria; toda riqueza que no tiene su
origen en el suelo es incierta…También se debe explicar al labrador el modo de beneficiar sus tierras y cuales son los mejores estiércoles como abono”.
¿Qué reflexiones merece el uso y la nutrición que le damos a nuestros suelos? ¿Podría su defensa y la producción de biofertilizantes convertirse en una causa nacional? ¿Cómo construir nuevas industrias que integren pequeños productores, empresarios y la gestión de residuos
En el gigante asiático, el uso del suelo y la producción de biofertilizantes son una causa nacional. Lo entendí en el marco del Curso Internacional de gestión sostenible y tecnologías
de compostaje de residuos orgánicos del cual participé durante el mes de junio de este año, organizado por BAOBAB – Asociación Internacional para la Cooperación Popular, junto con la Universidad Agrícola de China y la empresa de tecnología agropecuaria Voto Biotech.
El curso, que se desarrolló en la ciudad de Suzhou, provincia de Jiangsu, tuvo como objetivo dotar a varios países del sur global de conocimientos avanzados y habilidades prácticas en tecnología moderna de compostaje. Este tipo de compostaje permite la conversión rápida, eficiente y sostenible de residuos orgánicos en abono orgánico de alta calidad y energías renovables. Además, el curso promovió los marcos de cooperación del sur global, incluidos los relacionados con la iniciativa “La Franja y la Ruta” (BRI), principal política exterior de China, y la
Iniciativa Global para el Desarrollo.
Cuando hablo de suelos me refiero a las grandes extensiones de tierras cultivables que atraviesan de Oeste al Este las riberas del Río Yangtsé y Río Amarillo, pero también las veredas urbanas, patios comunes de condominios y bordes industriales sembrados. El paisaje periurbano residencial y rural pareciera expresar el aprovechamiento de toda superficie para la agricultura. Se trata de un pueblo de 1.405.000.000 (Mil cuatrocientos cinco millones) de
personas que buscan, permanentemente, garantizar el derecho más elemental para la
reproducción de la vida: el alimento.
A la vista está que China es un país con una fuerte identidad campesina. Desde su fundación, con la reforma agraria de 1950, la República Popular arraigó a más de 300 millones de productores. Esta política le dió una ventaja estructural en la defensa de los suelos agrícolas y su territorio en general. Los campesinos y las campesinas, como hemos aprendido de docentes
de la Universidad Agrícola, tienen, desde la antigüedad, el hábito de nutrir sus suelos mediante la técnica del compost de residuos orgánicos.

Sin embargo, no han quedado exentos de las consecuencias de la mal llamada “Revolución Verde”. Al igual que en Argentina, esto produjo una dependencia y un uso excesivo de fertilizantes químicos, los cuales alteran la microbiota del suelo, aumentan su salinidad y provocan su degradación física y química. En pos de
recuperarlos, en los últimos diez años, China ha impulsado una serie de políticas de promoción del reciclado de los residuos orgánicos que genera la actividad agroindustrial, el turismo, la
gastronomía y los domicilios urbanos.
Esta política tiene un doble beneficio, la gestión sostenible de residuos y la sustitución de insumos químicos provenientes del mercado
internacional. En China se cree que los países del “Sur Global” deben transicionar de la industrialización a la ecología para resolver los problemas de dependencia agrícola.
En Argentina, como en el modelo convencional de producción agrícola de países exportadores de materia prima, los productos transportados llevan en ellos la fertilidad de la tierra, pero los nutrientes no tienen forma de regresar.
La estrategía agropecuaria china en cambio, se basa en el desarrollo de empresas de capitales públicos y privados, que gestionan los residuos locales y los convierten en toneladas de abonos sólidos disponibles para las pequeñas explotaciones familiares que conforman las clásicas aldeas rurales chinas. Además, algunas de estas
empresas también desarrollan maquinaria para la agricultura a pequeña escala, inoculantes
microbianos que descontaminan y nutren suelos y acuíferos, entre otras tecnologías.
Se trata de un país que ha confiado en la ciencia y obtuvo resultados concretos en la política agropecuaria. El Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales, mediante el «Plan de Acción
para Reducir el Uso de Fertilizantes hacia 2025″, tuvo como objetivo aumentar la cantidad de fertilizantes orgánicos devueltos a los campos y garantizar su utilización. Actualmente en China se aplica el 30% de orgánicos y es el único país que ha disminuído la importación de nitrógeno, fósforo y potasio (NPK).
En Argentina pagamos las consecuencias de no ejercer la soberanía sobre nuestros suelos: las
agendas políticas no discuten el problema de la tenencia de la tierra y la concentración aumenta progresivamente con el pasar del tiempo. Esto se ve reflejado en el último Censo Nacional Agropecuario de 2018, que registró la pérdida de 83.000 explotaciones agropecuarias,
posiblemente convertidas en pool de siembra. También se refleja en la falta de políticas públicas de protección a la agricultura familiar, periurbanos y valles productivos, en la reciente
derogación de la Ley de Extranjerización de la Tierra o en el intento de derogación de la Ley de
Glaciares que pone en riesgo entre otros, el Rio Colorado, principal acuífero de riego en la producción de cebolla (Rio Negro/Buenos Aires).
La alianza entre la promoción de gestión sostenible de residuos orgánicos, agricultores familiares, cooperativas de servicios, energías y empresas agroalimentarias, puede representar una oportunidad para la generación de una nueva industria en Argentina.
Con un criterio fundante, las y los agricultores pueden ser beneficiados nutriendo suelos, bajando costos de producción y mejorando la sanidad vegetal de los alimentos. Para esto, en Argentina contamos con más de 670 millones de toneladas anuales de estiércol animal, 300 millones de toneladas de residuos provenientes de la agroindustria y 50.000 toneladas diarias de residuos urbanos domiciliarios. (INTA – Asociación Argentina de Compostaje)
La Federación Rural trabaja en esta agenda con el desarrollo de biofábricas cooperativas de insumos agroecológicos situadas en la ciudad de La Plata, Córdoba, Villalonga y Mar del Plata.
También la Escuela Nacional de Agroecología (ENA) forma técnicos, productores y productoras en compostaje acelerado y producción de bioinsumos. La 6ta edición de la ENA se llevará a cabo del 21 al 31 de julio en la localidad de Dean Funes, Córdoba.
