Por: Roberto Garrone
Por estos días, la liberación del peso de los cajones de langostino que desembarca la flota fresquera en los puertos de Chubut, principalmente en Puerto Madryn, está generando graves perjuicios a las empresas que compran esa materia prima. Un descontrol promovido por la propia autoridad de aplicación.
Juan Pablo Sciuto es el director de Control y Fiscalización, el área responsable de cumplir con la legislación vigente, que los cajones de langostino no pesen más de 18 kilos de acuerdo a lo que establece la Resolucion 7/2018.
Este año el Consejo Federal Pesquero flexibilizó la operatoria de la flota. Dejó de lado las 72 horas como plazo máximo por marea, la velocidad y el tiempo de arrastre. No modificó el peso de los cajones. Ahora sabemos por qué.
La semana pasada contamos desde este espacio que luego de la visita de Sciuto junto con Nicolás Dodero, el jefe del Distrito en Mar del Plata, se fijó un tarifario por ingreso de buque a puerto. Ambos no tienen autonomía. Responden a Idoyaga Molina, director Nacional, y al propio López Cazorla.
Los armadores pagan entre 400 y 500 mil pesos para liberarse de la fiscalización. El resultado, mayoritario, son cajones pesadísimos. El pago es en efectivo y dos terceras partes viaja hacia Buenos Aires.

Por estos días contacté a otros armadores que aseguraron desconocer esa tarifa y por lo tanto, no lo pagaban. ¿Puede que se le cobre a algunos y a otros no?. ¿Sólo se la cobran a los marplatenses o también a los de Chubut? ¿Qué pasará con los costeros de Rawson cuando se sumen a la zafra? ¿Pagarán o quedarán exentos, todo sea por no generar cortocircuitos de cara a la cuotificación que viene?
“La calidad es horrible; el peso promedio en planta que nos da a nosotros es de 22 kilos por cajón”, confesó un industrial mientras completaba el acta de decomiso de buena parte de la mercadería, manchada y sin hielo.
Tal vez no toda la carga llegue en esas condiciones –hubo armadores que reconocieron haber pagado y llegar con cajones bajo el reglamento- pero el mal humor en los frigoríficos es generalizado.
Aseguran que buena parte de los barcos vienen con cajones muy pasados de peso, con el langostino hecho casi puré. En ESPA, Mirabella, Red Chamber, Iberconsa, Achernar y Cabo Vírgenes el mensaje es medianamente parecido.
“Es un desastre la calidad; no podemos pagar más de 20 kilos por cajón”, cuentan que les dijeron esta semana a los pescadores. A varios les mandaron las fotos que ilustran esta columna de domingo como testimonio.
“Pero yo pago para traer los kilos que quiero”, aseguran que les responden los proveedores de la materia prima. A confesión de parte…
El problema de las plantas es que con lo que se salva del decomiso no pueden hacer magia. Una parte se comercializa como cola rota pero los números de ese negocio son de neutros a negativos. También puede pelarse pero muchas fábricas no tienen capacidad operativa para procesar tanto volumen.
La pérdida también termina pagándola el armador que entrega un langostino que vale mucho menos de 1,90 dólares por kilo, el valor donde la operatoria, si tenía regularidad, podía mostrar niveles de rentabilidad.
No parece poder perdurar por mucho más tiempo este esquema de pesca descontrolada que a los únicos que beneficia es a los inspectores de muelle, a Sciuto, Dodero e Idoyaga. No olvidemos que al festival descontrolado de los fresqueros se suma esta temporada el descontrol de la cola a bordo en los congeladores. Lindo escenario previo a la cuotificación.
Tan bien hace su trabajo Sciuto que su cuota de nepotismo quedó al margen de la motosierra libertaria que cortó con más de 50 contratos en la Subsecretaría. “Juampi” sumó a su hermana, Carolina, de secundario completo, y a su primo, Juan Federico. La voracidad avanza.
Buen domingo
