Por: Roberto Garrone
La aprobación del Consejo Federal Pesquero al proyecto que habilita la generación de nuevos permisos de pesca exclusivos para la especie calamar, dejó en evidencia la precariedad con que el INIDEP avaló el incremento del esfuerzo pesquero sobre el recurso. La ciencia al servicio de los intereses de la autoridad de aplicación como muy pocas veces visto.
Tal vez son 18 permisos -ese dato fue revelado entre los argumentos con que Buenos Aires se opuso a la iniciativa- y no 16 o 19, porque pudieron conseguir esa cantidad de barcos o son todos los que se mostraron dispuestos en pagarlos. Cualquiera sea el motivo, anteponerlo a la sustentabilidad del calamar marca un antes y un después en la política pesquera.
No podemos pensar que este gobierno busque activar el empleo con la medida. Si bien todos los nuevos permisos tienen el compromiso de reprocesar en tierra el 20% de lo capturado, esta administración no aplicó sanciones a quienes fraguaron esos compromisos y luego las flexibilizó al punto de que nadie se sorprendería si entregan un ticket de peaje como prueba del cumplimiento.
El proyecto oficial exhibe también contradicciones geopolíticas. Pensemos que esos barcos que ingresarán al país, usados, en su gran mayoría provendrán de empresas chinas que operan sobre la milla 201 realizando pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. Una actividad que le preocupa al gobierno de Estados Unidos y que busca controlar a partir de la entrada en vigencia del “Tratado de Alta Mar”, que entró en vigencia en enero pasado.
En estos días, la orden ejecutiva de la administración Trump busca recuperar la competitividad de los productores del mar estadounidenses y examinará las prácticas comerciales pertinentes de las principales naciones productoras de productos del mar, pesca INDIR incluida. Buscará respuestas apropiadas y aplicará medidas correctivas.
Muchas de las empresas pesqueras que sumen nuevas licencias para pescar calamar serán de capitales chinos. Ya están “Arbumasa Pesca Austral”, “Pesquera Latina”, “Fenix” y “Rich Marine Fishery”. Entre ellas suman más de un tercio de los 84 permisos actuales.
Rich Marine es de capitales taiwaneses y si ya no cerraron la compra del frigorífico “Giorno”, la emblemática planta que perteneció al Grupo Valastro en Mar del Plata, están a punto de hacerlo. Es probable que alguna o todas se anoten para incrementar su flota.
Qué dirá la administración Trump, faro ideológico y sostén del modelo populista para ricos que aplica el gobierno libertario, ante el avance de la flota china por estas latitudes. ¿Habrá una caída masiva de visas en los próximos meses?
El plan de la Subsecretaría también evidencia contradicciones científicas. Los argumentos emitidos por Otto Wöhler contradicen lo que ha venido sosteniendo el Programa Pesquerías de Cefalópodos del propio INIDEP.
El Director Nacional de Investigación, en una nota de carilla y media, asegura que la incorporación de entre 15 y 20 buques poteros adicionales «podría constituir una oportunidad para incrementar la tasa de captura del calamar argentino dentro de la jurisdicción nacional», y que dicha incorporación «no representaría un incremento significativo del esfuerzo pesquero total sobre el recurso».
Los Informes Técnicos Oficiales firmados por Marcela Ivanovic y su equipo, documentan de forma sistemática y continuada la extrema variabilidad interanual de la biomasa del calamar argentino, así como la necesidad de preservar los niveles de esfuerzo pesquero y garantizar el escape reproductivo.
En declaraciones periodísticas formuladas el año pasado Ivanovic dio a conocer su opinión personal sobre la posibilidad de incrementar el esfuerzo. “Yo no aumentaría el número de poteros, porque es un número que ha estado históricamente en la pesquería argentina y creo que deberíamos mantener esta situación porque es lo que vemos que está manteniendo el recurso. Y considerando que afuera hay 300 barcos, trataría de que esto se mantenga así”, dijo a Revista Puerto.
Seguramente el DNI sabía de la opinión de la científica y por eso no preguntó oficialmente. El dictamen del Wöhler fue clave para sostener la puerta abierta a la flota china. El representante de la Provincia de Buenos Aires en el CFP fue lapidario con el texto de Otto. “Está lejos de ser un informe de asesoramiento científico”, expuso.
Es que las aseveraciones del jefe científico de los investigadores del INIDEP contradicen de manera frontal y directa la posición expresada apenas ocho meses antes por la máxima autoridad científica del propio instituto en materia de cefalópodos. Ivanovic dijo explícitamente «yo no aumentaría el número de poteros» y fijó el límite en «no más de 80». Cerrada la puerta avalada por Otto ya serán 102 embarcaciones.
El titular de la DNI seguramente no leyó los informes técnicos elaborado por Ivanovic y su equipo de investigadores. Los documentos revelan un patrón inequívoco: el recurso exhibe variabilidad interanual extrema, las temporadas récord no son proyectables hacia el futuro, y el mecanismo de manejo que ha dado resultados positivos es precisamente la contención del esfuerzo pesquero dentro de la ZEE. Ninguno de los ITO del Programa Cefalópodos recomienda, sugiere o avala el incremento de la flota potera.
En su nota Wöhler relativiza el poder de pesca ya instalado en el caladero nacional, el cual nada tiene que ver con el de años 90 cuando la flota sumaba hasta 150 buques. Hoy los 84 que pescaron calamar este año tienen una capacidad de pesca promedio de más de 600 toneladas, muy superior a aquellos de hace tres décadas atrás. Los que van a entrar tienen hasta 1300 m3 de bodega.
Lo más endeble del argumento del DNI es cuando señala que “la incorporación de las nuevas unidades “redundarían en un mayor aprovechamiento del recurso por parte de Argentina y una menor disponibilidad del mismo para las flotas extranjeras que operan en el área adyacente”.
Es cierto que el sistema de escape diseñado para garantizar la reproducción pierde eficacia si el calamar liberado es capturado en el área adyacente. Pero la solución a ese problema de gobernanza internacional no puede ser la eliminación del sistema de escape nacional.
Llevado a su consecuencia lógica, el argumento de Wöhler justificaría pescar hasta el agotamiento completo del recurso, ya que siempre existirá alguna fracción que capture la flota extranjera. Esa lógica es incompatible con cualquier esquema de manejo sostenible. Acá el que paga el permiso puede pescar hasta el último calamar. VLLC
La propia Ivanovic confirmó que la reducción de las capturas de calamar en la ZEE argentina —de 500 mil toneladas en los años noventa a menos de 200 mil en los últimos ciclos— se debe a la presión pesquera acumulada.
Este dato histórico es de enorme relevancia: la flota argentina llegó a operar con hasta 150 poteros y las capturas se redujeron ostensiblemente en los 30 años siguientes. Proponer hoy el regreso a una flota de 102 unidades, en un contexto de bajo reclutamiento verificado en 2026, supone ignorar deliberadamente la evidencia histórica documentada por el propio INIDEP.
El botón de muestra de lo que podría ocurrir quedó en evidencia apenas semanas atrás. La zafra de calamar 2026 cerró de manera anticipada en la tercera semana de abril por la recomendación del propio INIDEP ante bajos rendimientos, bajo reclutamiento de la cohorte 2026 del stock bonaerense norpatagónico al norte del 44ºS, y ausencia de actividad en el sur de dicho paralelo desde una semana antes.
Esta medida de manejo, este cierre ocurrió 36 días antes de que Wöhler firmara la nota que avaló la ampliación de la flota. Y le dejó una mancha difícil de borrar al INIDEP.
Buen domingo
