La Peatonal San Martín, uno de los símbolos más tradicionales del centro marplatense, atraviesa una de sus etapas más complejas. En los últimos meses, el cierre de locales comerciales se volvió una postal repetida entre persianas bajas, carteles de alquiler y vidrieras vacías que reflejan el deterioro de una zona que durante décadas fue el principal punto de encuentro comercial y social de la ciudad.
Comerciantes de la zona advierten que la caída del consumo impactó de lleno en las ventas y en la sostenibilidad de muchos negocios. La combinación de inflación, pérdida del poder adquisitivo y costos cada vez más altos provocó que numerosos locales no pudieran continuar funcionando. Algunos rubros, especialmente indumentaria y pequeños comercios familiares, fueron de los más afectados.

A ese panorama económico se suma otro factor que aparece con frecuencia en los reclamos: la inseguridad. Tanto trabajadores como propietarios aseguran que aumentaron los hechos delictivos, la presencia de personas en situación de calle y los episodios de violencia o vandalismo, especialmente durante la noche. La falta de movimiento fuera del horario comercial profundiza la sensación de abandono en varios tramos de la peatonal.
Sin embargo, la crisis de la San Martín también responde a un cambio más profundo en los hábitos urbanos de los marplatenses. El auge de los centros comerciales a cielo abierto en distintos barrios, el crecimiento de los shoppings y polos gastronómicos, y el avance de las compras online modificaron la dinámica del consumo y del paseo tradicional por el centro.

Zonas como Güemes, Constitución o los corredores comerciales barriales comenzaron a captar gran parte del movimiento que históricamente concentraba la peatonal. Allí, la oferta gastronómica, el estacionamiento más accesible y una experiencia considerada más segura o moderna terminaron desplazando al microcentro como opción recreativa.
La situación también impacta en la identidad turística de Mar del Plata. Durante años, la Peatonal San Martín fue una parada obligada para visitantes y residentes, con artistas callejeros, galerías, cafés y comercios que le daban vida al corazón de la ciudad. Hoy, muchos coinciden en que perdió parte de ese atractivo y reclaman políticas de recuperación urbana y comercial para evitar un deterioro aún mayor.
Mientras tanto, el histórico paseo intenta resistir entre el recuerdo de sus mejores épocas y una realidad marcada por menos gente, menos ventas y cada vez más locales vacíos.
