Por: Magalí Marazzo*
Hay una frase que empezó a repetirse alrededor del Parador Ariston: “¿Dónde estaban todos antes, cuando esto era un basural?”
La pregunta parece razonable. El problema es que históricamente es incorrecta.
El abandono del Ariston existió y fue gravísimo. Nadie necesita negarlo. Lo que no puede confundirse es abandono físico con ausencia de defensa patrimonial. Porque los documentos muestran otra historia.
Mucho antes de que aparecieran los actuales propietarios hubo vecinos, estudiantes, especialistas, instituciones, concejales y proyectos tratando de evitar que esta obra desapareciera.
En 2007, casi veinte años antes de la compra actual, una presentación particular derivó en la Comunicación 3223 del Concejo Deliberante, que ya le pedía al Municipio estudiar la incorporación del Ariston al patrimonio marplatense.
En 2010, Página/12 registraba el reclamo de estudiantes de arquitectura y vecinos de Playa Serena, una presentación de la Sociedad de Fomento ante el Concejo y una campaña que tenía un nombre bastante explícito: “Recuperemos el Ariston”.
En 2015, el Concejo volvió a intervenir y aprobó otra comunicación para que el Ejecutivo gestionara con los propietarios su restauración y refuncionalización.
En 2017, la defensa ya había adquirido otra dimensión. Miles de personas firmaban para salvarlo. En septiembre eran casi 8.000 y se presentó formalmente un proyecto para declararlo patrimonio municipal y promover su reconocimiento nacional.
Ese expediente no llegó a convertir al Ariston en patrimonio municipal. Fue archivado en agosto de 2019. Y ese dato merece ser estudiado con mucha atención, porque el propio Código de Preservación Patrimonial exigía la intervención técnica municipal para completar el procedimiento.

Pero la sociedad no dejó de reclamar.
Para julio de 2019, el petitorio por el Ariston había llegado a unas 20.000 firmas. Especialistas habían estudiado su estructura y sostenían que restaurarlo era posible. Incluso antes de terminar ese año hubo una iniciativa privada que firmó una reserva para intentar comprarlo mediante una fundación y recuperar la obra.
Finalmente ocurrió algo que modifica jurídicamente toda la historia posterior: el 20 de noviembre de 2019 el Congreso de la Nación sancionó la Ley 27.538 y declaró al Parador Ariston Monumento Histórico Nacional.
Esa declaración tampoco cayó del cielo. Fue el resultado de una construcción previa de reconocimiento y defensa.
Y la historia siguió.
En 2023, Nación y Municipalidad trabajaron públicamente sobre una alternativa para adquirir el inmueble, restaurarlo y convertirlo en un Centro de Interpretación del Movimiento Moderno. Se hicieron relevamientos, estudios y tomas de muestras del hormigón para conocer exactamente el estado estructural del edificio.
Es decir: tres años antes del actual proyecto ya existía otro proceso concreto de recuperación del Ariston.
Por eso resulta demasiado simple presentar el debate actual como una elección entre dos alternativas: “o estos privados lo recuperan o vuelve a quedar abandonado”.
No. Esa no es la discusión.
La discusión seria es otra: qué intervención corresponde hacer sobre un Monumento Histórico Nacional, qué parte de su configuración histórica debe recuperarse, qué ocurre con su entorno y qué nuevas construcciones son compatibles con los valores por los cuales fue protegido.
Porque el proyecto conocido en 2026 no comprende solamente la restauración de la estructura de Breuer. Los propios impulsores han informado públicamente que incorpora un hotel, gastronomía y nuevos volúmenes; La Nación precisó que el hotel previsto tendría 36 habitaciones. El proyecto fue presentado ante la Comisión Nacional de Monumentos para su evaluación.
Y ahí cambia completamente el enfoque.
Defender el Ariston no significa oponerse a que un privado invierta. Tampoco significa querer que permanezca como una ruina.
Significa exigir que la restauración del monumento no sea utilizada como una suerte de cheque en blanco para justificar cualquier desarrollo inmobiliario en su entorno.
También significa preservar algo más complejo que la conocida silueta de trébol. El valor del Ariston está en la arquitectura de Breuer, Catalano y Coire, pero también en su implantación, su espacialidad, sus componentes históricos y en esa relación deliberada entre edificio, horizonte, dunas y mar que la propia ficha oficial de Monumentos Nacionales reconoce como parte de la concepción de la obra.
Entonces, frente a la pregunta “¿dónde estaban antes?”, la respuesta está en los archivos:
Estaban.
Estaban los vecinos.
Estaban las sociedades de fomento.
Estaban los estudiantes y profesionales.
Estaban las campañas.
Estaban las miles de firmas.
Estaban los proyectos legislativos.
Estaban los estudios estructurales.
Estuvieron quienes intentaron comprarlo para restaurarlo.
Hubo un proyecto público para recuperarlo.
Y hubo un Congreso Nacional que terminó protegiéndolo por ley.
El Ariston no empezó a tener valor cuando alguien descubrió que podía convertirse en una oportunidad económica.
Precisamente porque mucha gente defendió durante años su valor cultural, arquitectónico y social, el edificio sobrevivió hasta llegar a ser Monumento Histórico Nacional.
Ahora hay que discutir la próxima etapa con la misma seriedad.
Restaurarlo, sí. Pero restaurar un monumento y desarrollar un negocio inmobiliario alrededor de él son dos decisiones diferentes. Y cada una tiene que ser evaluada, explicada y autorizada como corresponde.
Ese es el debate que Mar del Plata merece tener.
*Lic. Magalí Marazzo
Fundadora del espacio ciudadano Mar del Plata Ciudad de Todos
Presidente de la Asociación Argentina de Gestores Culturales Universitarios
Vocal Comisión Nacional de Monumentos, Bienes y Lugares Históricos
Ex Directora Museo Casa sobre el Arroyo
