Por: Roberto Garrone

Las peripecias que en estas horas previas debieron hacer armadores fresqueros para acertar la mejor ecuación a la hora de descargar langostino fuera de Madryn o Camarones es exclusiva responsabilidad de Chubut y sus actores.

No sé si al punto de que “la ruina de la pesca fue Rawson”, como dijo esta semana Cesar Cicciotti, para resumir que la fiebre del marisco y la sed porque fluya el negocio llevó a las empresas a pagar o reconocer cualquier cosa, pero escapa al sentido común que se pague 7500 pesos la descarga de un cajón de langostino en Madryn o Rawson cuando en Caleta Paula vale 5 mil o en Mar del Plata 2900 pesos.

Esta semana los barcos que estaban pescando langostino fuera del área de veda, al este de la subárea 14, se debatían entre navegar más de 40 horas hasta Mar del Plata o 24 horas hasta Caleta o Madryn. En el puerto de Santa Cruz uno de los que levanta marisco es el empresario Gustavo González, con “Log Service Austral SRL”, la empresa de estiba de Luis Santander.

Los estibadores en Caleta no tienen un buen recuerdo de Santander. En abril del 2025 dejó de operar en el puerto para no reconocer el aumento que había logrado FEPA y que llevaba el cajón de 680 pesos a 850. Ahora vuelve porque no acepta el reajuste que firmó su empleado, jura que sin querer, con el SUPA en Comodoro y que lleva el cajón para el estibador a 2781 pesos. En Caleta paga 1500.

Si al menos parte de esa diferencia entre lo que pagan y lo que cobran a los frigoríficos la usaran para abordar la emergencia que representa el alto nivel de casos de consumos problemáticos entre los trabajadores portuarios, la anarquía que impera en Caleta no sería un motivo que desaliente a los armadores amarrar en su muellle.

“Cesarino” se queja pero es de los pocos que descarga en Puerto Madryn, como contamos la semana pasada. Entrega langostino a Red Chamber, la única que firmó lo que pedía Gutiérrez. Lo pagarían 1.95 dólares por kilo y son bastante celosos de la calidad. Mismo precio que ofrece González en Caleta. Ahí ya descargaron el “Desafio”, “Raffaela” y “Huafeng 820”, aunque la captura de este fresquero fue a “Archermar”.

Mirabella ofrece 1,9 pero por ahora operará con sus propios barcos, “Skipper” y “Ribazón Inés”, que descargará Vepez, la empresa de estiba del Gringo Jones. Cobra un poco menos, 4 mil por cajón. Las cuentas dicen que le cierran. La descarga de un barco de 4 mil cajas les cuesta 16 millones de estiba y 8,8 millones de flete hasta Madryn.

Solo la descarga en el puerto chubutense le saldría 30 millones de pesos. El flete del puerto de Madryn a su planta industrial le cuesta 707 mil pesos, a razón de 35.372,44 pesos por km. Ni que fueran buscando pen drives por el camino.

Desde Red Chamber, flamante adjudicataria de tres nuevos permisos provinciales para pescar langostino y dos para pescar (fresco o congelado) 600 toneladas de centolla, tras conocerse el acuerdo conciliatorio firmado con Nacho Torres, se negaron a revelar el precio que pagan el langostino y rechazaron que la tarifa por cajón que haya pagado Cicciotti hayan sido 6 mil pesos.

Uno de los sorprendidos esta semana luego de leer la cláusula cuarta del Acuerdo fue Vitalli Bakulin, el presidente de Bentónicos de Argentina. La empresa de capitales rusos tiene activa presencia en la pesquería de Centolla. “No hay 600 ni 300 toneladas. La Provincia solo disponía de 245 el año pasado”, confió un allegado al cierre de esta columna.

Algún día alguien deberá ponerse a calcular el costo económico que tuvo para los chubutenses las oscilaciones de Nacho Torres en torno a “Red Chamber”, “Pesquera Deseado”, “Red Chamber” en aquellos frenéticos día de septiembre pasado, como arrendatarias de los bienes de la ex Alpesca. El costo político lo veremos en las próximas elecciones.

Esta semana se conoció el “Acuerdo Transaccional y Plan de Negocios” que rubricó la administración provincial con la empresa controlada por la española “Profand”, para evitar el juicio por el desalojo repentino de la ex Alpesca, tras comprobar el poder de la lapicera de Mou aquel 3 de abril del año pasado en el hotel de Puerto Madero, en que Andrés Meiszner le pidiera un retorno de 6,5 millones de dólares para renovarle el contrato.

Evitan el juicio que podría demorarse años y a cambio reciben 5 mil toneladas de cuota social de merluza por 14 años, le condonan la deuda de 500 mil dólares por uno de los permisos de pesca provinciales que le habían entregado y un terreno en Madryn para la construcción de una nueva planta.

“Si nos pedían el lucro cesante por los 20 años que duraba el contrato, era una suma incalculable”, defendió el acuerdo Andrés Arbeletche. Ex secretario de Pesca, ahora Coordinador de gabinete, el saber todos los entretelones de la historia lo mantiene en el Consejo Federal Pesquero.

Lo que no mostró esta semana fue paciencia. No habían pasado muchos minutos de la reunión con un grupo de representantes de los eslabones de la pesca fresquera que Andrés se levantó y se fue de la sesión, enojado por, a su juicio, la falta de educación y respeto de los empresarios.

La emergencia del sector y los pedidos de un buzo para que lo rescate de las profundidades del mar porque ya un salvavidas no alcanza, pasaron a un segundo plano cuando la comitiva puso sobre la mesa la futura cuotificación del langostino, la cual, aseguraron, “se discute y se sacan cuentas en oficinas que no forman parte de la Subsecretaría”.

“No queremos recibir la estocada final”, confesó Domingo Contessi este jueves al aire en “Desde el Muelle”. El industrial hizo un paralelismo con el proceso que desencadenó la convocatoria para los 18 nuevos permisos de pesca de poteros. La iniciativa no se presentó en la reunión taller y la Resolución 6/2026 se oficializó a minutos del cierre de la sesión del 28 de mayo.

Muy enojado, Santander acusó a los consejeros que la cuotificación estaba pensada para la flota tangonera congeladora, para que la cuota capitalice el valor de las empresas y dejó en claro su oposición a que se diluyan los permisos irrestrictos con una porción mínima de cuota de langostino.

Esa es la estocada que teme el sector fresquero. Con menos historia y accesos alternativos a la pesquería, temen que el reparto los deje mal parados ante la única opción que les permite pescar con cierta rentabilidad.
En el comunicado posterior a la reunión que emitió la Asociación que agrupa a los costeros, apelaron a la necesidad de abrir una discusión inclusiva con todos los actores involucrados.

En el PDF que entregaron a los consejeros exhibieron un racimo de gestos opacos ya consumados que les preocupan. “En la renovación de cuotas de merluza supuestamente se aplicó el Art. 27. ¿Se pidió información de inversiones y procesamiento de merluza? ¿Por qué quien invirtió y quien no invirtió recibieron la misma cuota que tenían antes? ¿Qué pasó allí?” se pregunta el sector fresquero en el documento entregado. Todo el mundo sabe qué pasó ahí.

El director Nacional, Idoyaga Molina, ponderó que la cuotificación ocurre en el pico de productividad de la pesquería, con posibilidades de corregir alguna situación puntual desfavorable. Y rechazó que la cuotificación se discutiera fuera del ámbito de la Subsecretaría.

Pero cuando tuvo oportunidad, Carlos Liberman (representante de Buenos Aires), le preguntó a cada armador si ya sabía cuántas toneladas le tocaban en el reparto proyectado. Todos respondieron de manera afirmativa.

Por momentos la reunión pasó de tensa a caótica. Con gritos y golpes de puño sobre la mesa. Algunos pudieron ordenar sus ideas y solicitaron la apertura de una discusión clara, transparente y equitativa.

Otros en cambio se enredaron, tal vez dominados por la indignación, y hasta el propio Santander fue un poco más allá. “Sepan que van a terminar todos en Comodoro Py”, anticipó el “Mono” la judicialización del proceso de reparto.
Para ese entonces ya nadie recordaba que Juan Antonio se había adjudicado la rebaja del 5% en el litro del gas oil naval.

Buen domingo.