La Catedral de los Santos Pedro y Cecilia fue escenario este domingo de la celebración diocesana por el Día del Migrante y del Refugiado, organizada por la Comisión Diocesana de Migrantes e Itinerantes.

La Santa Misa fue presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo Cano, y concelebrada por el obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando sj. y por el obispo emérito de Chascomús, monseñor Carlos Malfa, entre varios sacerdotes.

La celebración reunió a integrantes de distintas colectividades, agentes de pastoral, representantes de instituciones y miembros de la comunidad diocesana. La presencia del cardenal Cobo tuvo además un significado especial por los vínculos históricos y pastorales entre las Iglesias de Madrid y Mar del Plata.

Una Iglesia marcada por la historia de las migraciones

Al recibir al arzobispo de Madrid, monseñor Ernesto Giobando destacó los vínculos que unen a ambas Iglesias y recordó que la identidad de la Diócesis de Mar del Plata está profundamente atravesada por la llegada de migrantes. “Su presencia nos llena de alegría y nos ofrece una hermosa oportunidad para estrechar aún más los lazos entre dos Iglesias hermanas, unidas por una misma fe, por una historia compartida y por tantos vínculos humanos y espirituales que atraviesan el tiempo y las distancias”, expresó.

El obispo recordó las primeras experiencias evangelizadoras en estas tierras y señaló que “Somos herederos de una fe que llegó a nuestras costas, en aquellas primeras ‘Misiones del Sur’ cruzando el río Salado, emprendida por los misioneros jesuitas en el siglo XVIII en la Misión del Pilar en la Laguna de los Padres”.

También destacó la llegada posterior de miles de inmigrantes, principalmente de España e Italia, cuya presencia fue dejando una profunda huella en la vida de las comunidades. “Esa fe se incrementó con la llegada, en el siglo XIX y XX, de miles de inmigrantes de España e Italia principalmente, y se fue arraigando en nuestros hogares, dio vida a nuestras comunidades y se expresó en templos, escuelas, obras de caridad y tantas iniciativas que hoy forman parte de nuestra identidad”.

Por eso, al referirse a la visita del cardenal Cobo, monseñor Giobando afirmó que “es recibir a un hermano y a un amigo que viene de una Iglesia con la que compartimos raíces profundas”. Y expresó el deseo de que el encuentro permitiera “fortalecer nuestros vínculos, compartir nuestras experiencias pastorales y descubrir nuevos caminos de evangelización y de servicio”.

“La palabra es hermano”

Durante la homilía, el cardenal José Cobo invitó a mirar la realidad migratoria desde el Evangelio. Recordó que las migraciones forman parte de la historia de las sociedades y explicó que la Iglesia no está llamada solamente a realizar un análisis económico, político o cultural de este fenómeno. “Para nosotros no se nos pide un análisis económico ni un análisis político de las migraciones, tampoco un análisis cultural. Se nos pide mirarlo desde el Evangelio”, destacó.

Desde esa perspectiva, señaló una palabra que atraviesa las lecturas proclamadas y que consideró especialmente significativa para la Jornada. “Hay una palabra que atraviesa hoy todas las lecturas que hemos escuchado y que necesitamos hoy especialmente nosotros escuchar con calma. Es la palabra hermano. No habla de adversarios, no de extraños, no de problemas, no de expedientes. La palabra es hermano”.

El cardenal Cobo explicó que esa mirada transforma la manera de relacionarse con quien llega. “El otro, el que tenemos al lado, con el que compartimos el banco de la Eucaristía, el otro con el que nos encontramos, el que llega, es el hermano”. Por eso, continuó, “hemos de acercarnos, de hablar con él, de escucharle, de buscar caminos, de implicar a la comunidad y no dar a nadie por perdido”.

Para el arzobispo de Madrid, la fraternidad no es simplemente una actitud de buena voluntad, sino parte del proyecto que Jesús propone a su Iglesia. “La corrección fraterna no nace del deseo de vencer ni de creernos superiores los unos de los otros; nace de un proyecto que Jesús tiene: el proyecto de fraternidad”. Y añadió que se trata de “un proyecto que se niega a abandonar a nadie”.

Cada migrante tiene un nombre y una historia

El cardenal Cobo puso particular énfasis en uno de los riesgos que enfrenta la sociedad contemporánea: reducir a las personas a categorías, números o etiquetas. “En esta Jornada del Migrante, esta palabra, la fraternidad, el hermano, adquiere una fuerza especial porque sabemos que uno de los grandes riesgos de nuestro tiempo consiste en invisibilizar a las personas, el llamar número o etiqueta al que viene de otro lugar”.

Frente a esa tendencia, afirmó que “cada migrante, cada persona tiene un nombre, una historia, una familia, una tierra que recuerda y una esperanza que lo ha puesto en camino”. Y remarcó que quienes llegan a una nueva comunidad no deben ser vistos únicamente desde aquello que necesitan, sino también desde aquello que pueden aportar. “Quienes llegan ahora no vienen con las manos vacías; traen una vida que pretende enriquecer la vida común de cada comunidad”.

El arzobispo de Madrid vinculó esta realidad con la experiencia de su propia diócesis, donde numerosas comunidades parroquiales están integradas por personas provenientes de distintos países de América Latina. “Muchas de nuestras comunidades, muchas de nuestras parroquias las forman gente que ha venido en estos últimos años de muchos países de América Latina, y han dado vida y enriquecen la vida de nuestra comunidad”.

También destacó la particular importancia de la memoria migratoria en la Argentina. “La historia de este país está tejida por muchas migraciones, por eso la memoria puede ayudarnos ahora a mirar el presente con más verdad y sin miedo”.