Por: Roberto Garrone

Cuando el sábado pasado desde el escenario montado a metros del casco del pesquero “Huafeng 881” el subsecretario de Pesca, Carlos Liberman, ponderaba y reconocía a Arbumasa Pesca Austral, por la inversión que había hecho en todo el proceso de renovación de flota y también porque en una actividad exportadora como la pesquera, la empresa de capitales chinos la transformaba en una actividad industrial, generadora de trabajo, producción e inversiones, se cumplía una extraordinaria paradoja.

La misma Arbumasa, a través de una de las empresas del grupo, Ardapez, con su planta de reproceso y frigorífico sobre Vertiz en Mar del Plata, el año pasado inició una prueba piloto para producir cola de langostino que llegaba entero de su flota en aguas nacionales.

Ese proyecto demandó la generación de 65 nuevos puestos de trabajo entre descabezadores, peones y las mujeres del envasado que ponían la producción en cajas de dos kilos, la forma que adoptó la industria para pagar menos derechos de exportación. El estímulo fomentado desde el gobierno para el mismo producto, pero con distinto envase.

En Ardapez hoy están decididos a no repetir la experiencia por no poder competir con procesos parecidos pero que se desarrollan por canales informales.

La indiferencia absoluta que ha mostrado el mismo gobierno al que Liberman pertenece, para menguar las asimetrías, avanzar en un proceso de registración laboral, en un marco básico exclusivo para el langostino, quedan a la vista.

Esos 65 obreros no tendrán sueños por cumplir, como auguró Liberman a la capacidad de la industria pesquera generadora de riqueza y valor agregado.

Hoy la pesca sigue exportando mayormente productos enteros. Premium, como el langostino, pero sin más valor que congelarlo y empacarlo en cajas de dos kilos.

Tampoco lo cumplirán los 27 despedidos y arreglados en Giorno, ni los 16 obreros que acampan en las puertas de Ostramar. En lo que va del año los desembarques de merluza hubbsi se redujeron más del 15% en Mar del Plata.

El sueño de muchos trabajadores de la pesca mañana será conseguir una changa para seguir colgados del pincel. Bastante modestos los que tocan por padrón.

Cuesta creer que a una empresa china hoy le den los costos para competir con la informalidad que riega la industria del procesamiento en Mar del Plata, pero no deja de exponer la complejidad de un negocio que deja de ser tal con semejantes disparidades.

En un tablero de pesquerías sustentables y ordenadas, gran mérito de la gestión, hoy la principal ocupación de las autoridades debería pasar por mejorar las condiciones laborales, particularmente en Mar del Plata, cuna de oro del trabajo en negro.

Como respuesta hay que tolerar el mamarracho que dibujó el Subsecretario de Fiscalización laboral del Ministerio de Trabajo de Nación que como “bajada al territorio” entró al puerto para inspeccionar barcos pesqueros.

Sirve para alimentar el relato. Todos sabemos que es más fácil subir a un barco que enfilar por Pescadores, Ayolas u Ortiz de Zárate, para relevar la cantidad de plantas clandestinas que pululan en la zona.

Hoy el empleo que puede generar la industria es precario e informal. Las empresas que cuentan con trabajadores registrados bajo convenio colectivo quedan marginadas a cada vez más exiguos nichos de mercado para sobrevivir.

La “inclusión” de la que habla el Subsecretario no existe, al menos en Mar del Plata con miles de trabajadores explotados y otros condenados a un garantizado que los hunde en la pobreza.

Y más allá de sus políticas activas para mejorar el nivel de actividad en tierra con el aumento del by catch de langostino para la flota merlucera y el mayor compromiso de reproceso de calamar en tierra para parte de la flota potera, queda a la vista que es insuficiente.

Si los chinos no pueden que queda para el resto, conviviendo con costos laborales que suben por ascensor y el tipo de cambio oficial que lo hace por la escalera.

Cerca de cumplir los 100 días desde que Massa recibió a la Intercámara de la Pesca para evaluar el “dólar langostino”, pocos mantienen el optimismo de que llegue un salvadidas.

Habrá que atravesar el desierto hasta diciembre. Más que sueños, varios tendrán pesadillas.


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