Apenas terminó la final en la que Argentina cayó ante España, Mar del Plata volvió a mirar hacia el Monumento a San Martín. No fue una celebración como las anteriores, sino un encuentro distinto, cargado de emociones.
Cientos de personas llegaron con las camisetas puestas y las banderas al hombro para agradecer el esfuerzo de una Selección que volvió a poner al país entre los mejores del mundo.
Los abrazos ya no eran de euforia, sino de consuelo. Algunos tenían los ojos húmedos por la frustración de haber estado tan cerca del bicampeonato. Sin embargo, nadie hablaba de fracaso. Al contrario, los aplausos se impusieron sobre el silencio y los cánticos de aliento reemplazaron a los lamentos.
«Argentina, Argentina», volvió a escucharse una y otra vez en el centro marplatense, como una forma de decir gracias. Gracias por ilusionar durante un mes. Gracias por hacer vibrar al país con cada partido. Gracias por volver a llevar a la Selección a una final del mundo.
Las bocinas sonaron otra vez, aunque con un tono diferente. No hubo desahogo, sino orgullo. En los barrios también hubo muestras de cariño hacia el equipo de Lionel Scaloni. Muchos vecinos salieron igualmente a las veredas y esquinas para compartir el final de un Mundial que volvió a unir a los argentinos. No faltaron los aplausos espontáneos ni los mensajes de agradecimiento para un plantel que dejó el alma en cada encuentro.
Durante todo el torneo, Mar del Plata se transformó en una fiesta permanente. Desde la sufrida victoria ante Cabo Verde, pasando por los triunfos frente a Egipto, Suiza e Inglaterra, hasta llegar a la final, el Monumento a San Martín fue el escenario donde miles de personas celebraron cada paso de la Albiceleste.
Esta vez la historia no terminó con la Copa del Mundo en las manos. Pero sí con una certeza: esta Selección volvió a enamorar a los argentinos. Y eso quedó reflejado en las calles de Mar del Plata, donde el último aplauso fue, quizás, el más grande de todos.
