La imagen es tan gráfica como incómoda. Mientras la ciudad enfrenta problemas estructurales que demandan una participación activa de sus representantes, el debate público sobre el Concejo Deliberante de General Pueyrredon reapareció por un episodio que poco tiene que ver con la calidad institucional y mucho con el deterioro de la política.

La sensación que persiste entre amplios sectores de la comunidad es que el Concejo ha ido perdiendo peso específico en la toma de decisiones relevantes para Mar del Plata y Batán.

Un ejemplo claro es la discusión sobre la tarifa del transporte público. Lejos de asumir plenamente una responsabilidad que impacta directamente en el bolsillo de miles de usuarios, el cuerpo terminó delegando facultades que históricamente formaban parte de sus atribuciones. Una decisión que redujo uno de los principales espacios de debate político sobre un servicio esencial.

La misma falta de protagonismo puede observarse frente a las crisis que atraviesan sectores históricos de la economía local. La industria pesquera, la textil y el turismo forman parte del ADN productivo de Mar del Plata. Son actividades generadoras de empleo, identidad y desarrollo. Sin embargo, resulta difícil encontrar una agenda sostenida de trabajo legislativo orientada a analizar en profundidad sus problemas, convocar a todos los actores involucrados y promover soluciones concretas.

A la vez, gran parte de las veces que el Concejo Deliberante logró ocupar espacio en la agenda pública durante los últimos años no fue precisamente por impulsar debates estratégicos sobre el desarrollo de General Pueyrredon.

Con el voto mayoritario del oficialismo y sus aliados circunstanciales, el cuerpo legislativo terminó siendo noticia por convalidar aumentos o la creación de nuevas tasas municipales, habilitar desarrollos inmobiliarios mediante excepciones a las normativas vigentes o aprobar licitaciones que despertaron fuertes cuestionamientos, como las vinculadas al Estadio Mundialista José María Minella y al Polideportivo Islas Malvinas.

Decisiones de alto impacto para la ciudad que, en muchos casos, dejaron la sensación de que el debate público llegó tarde o fue insuficiente frente a la magnitud de los temas tratados.

Mientras tanto, buena parte de la actividad institucional parece concentrarse en declaraciones, reconocimientos, menciones de interés y pedidos de informes que, si bien forman parte de las herramientas legislativas, no pueden constituir el núcleo de la tarea de un cuerpo deliberativo. La acumulación de expedientes simbólicos contrasta con la escasez de discusiones de fondo sobre los grandes desafíos de la ciudad.

La pobreza del debate también encuentra una manifestación cada vez más frecuente: concejales que eligen visibilizar los problemas de los vecinos mediante publicaciones en redes sociales ante las carencias que encuentran para encontrar explicaciones en funcionarios o alcanzar discusiones en las comisiones. Las redes cumplen un rol importante en la comunicación política, pero difícilmente puedan reemplazar el trabajo legislativo. Un posteo puede generar repercusión; una política pública requiere debate, acuerdos y decisiones.

Las comisiones, que deberían ser el corazón técnico y político del Concejo, muchas veces terminan funcionando lejos del interés ciudadano. Las sesiones, por su parte, suelen desarrollarse ante escaso público y con repercusiones limitadas. El resultado es un ámbito cada vez más desconocido para las nuevas generaciones, que difícilmente identifiquen qué concejales los representan, qué temas se discuten o cómo impactan esas decisiones en su vida cotidiana.

La crisis de representación no es exclusiva del Concejo Deliberante. Pero en una ciudad con la complejidad económica, social y productiva de General Pueyrredon, la pérdida de relevancia de su principal órgano legislativo local debería ser motivo de preocupación.

El episodio que volvió a poner al Concejo en los titulares no debería ser una anécdota más. Tal vez sirva para abrir una discusión más profunda sobre cuál es el rol que debe cumplir la institución y qué esperan los vecinos de quienes fueron elegidos para representarlos. Porque si el Concejo sólo logra hacerse visible a través del escándalo, el problema no es el escándalo en sí mismo. El problema es todo lo que dejó de discutirse antes de que ocurriera.



Gonzalo Patrone es un periodista marplatense con más de tres décadas de trayectoria en medios radiales y digitales. Se ha consolidado como una referencia del periodismo especializado en la región, destacándose...