Por la Redacción de Punto Noticias

En una escena que oscila entre el golpe de efecto publicitario y el mimetismo político con la era nacional, el intendente de San Carlos de Bariloche, Walter Cortés, decidió calzarse el mameluco, encender él mismo una motosierra y abrir la jornada del 25 de mayo talando los históricos pinos de la Avenida Costanera 12 de Octubre.

Más allá de la postal del jefe comunal obrando de leñador para las cámaras, el trasfondo de la decisión abre interrogantes institucionales que la gestión prefiere tapar con la promesa de «despejar la vista». ¿Urgencia de seguridad pública o un capricho ejecutado por la fuerza de los hechos tras un revés judicial?

El atajo después del freno legal

Para comprender el ruido de las máquinas hoy en la costanera, hay que retroceder al año pasado. El retiro de estos ejemplares —plantados por vecinos en la década de 1946— no es una urgencia meteorológica nueva, sino una obsesión de gestión.

Cortés intentó plebiscitar su eliminación incluyéndola como el décimo punto de una mega-consulta popular. Sin embargo, nueve días antes de la votación, el Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Río Negro anuló el llamado por un amparo de concejales opositores. El máximo tribunal fue categórico: determinó que el intendente incurría en un “exceso de competencia, invadiendo facultades propias del Concejo Municipal”.

A este traspié se sumó otro candado legislativo: el Concejo aprobó por mayoría una ordenanza de «Árboles Singulares» diseñada, entre otras cosas, para proteger el patrimonio arbóreo de la costanera. ¿La respuesta del Ejecutivo? El veto total. Sin plebiscito y con el Concejo en contra, Cortés optó por la vía administrativa directa y la acción física.

El discurso oficial vs. el balance ambiental

El Ejecutivo local justifica el arrasamiento de más de sesenta años de historia bajo un triple argumento:

  1. La seguridad ciudadana: Árboles viejos, con raíces que destruyen veredas y ramas frágiles ante los temporales de viento y las nevadas por venir. (“No queremos que los árboles se le caigan a alguien en la cabeza”, ilustró Cortés).
  2. El factor estético-inmobiliario: La premisa de que Bariloche le «daba la espalda» al Nahuel Huapi y la necesidad de abrir la postal visual del lago al tránsito peatonal y vehicular.
  3. La ecología selectiva: El recordatorio de que el pino es una especie exótica e invasora en la Patagonia, prometiendo su reemplazo por rosales y flora autóctona de menor porte.

No obstante, desde la oposición y sectores ambientalistas señalan el punto ciego de este razonamiento. Los pinos de la costanera no cumplían una función meramente decorativa: actuaban como una barrera eólica artificial. Al suprimirlos de raíz, el corredor de la Avenida 12 de Octubre —y los frentes de los edificios residenciales y comerciales— quedan absolutamente desprotegidos ante las ráfagas del oeste que golpean directo desde el espejo de agua.

El «Modelo Sindical» aplicado a la ciudad

La imagen del intendente cortando troncos condensa el estilo de conducción que Cortés forjó durante más de tres décadas al frente de la Asociación de Empleados de Comercio (AEC): verticalismo, acción directa y desdén por la burocracia deliberativa.

La concejal Julieta Wallace (Incluyendo Bariloche) fue la voz más dura del arco opositor, calificando el acto como un atropello institucional: “El intendente arrasó con 100 años de historia barilochense… Quiere pasar a todos por arriba”.

Cortés jura tener los dictámenes legales en regla para respaldar el talado masivo, que continuará en las próximas jornadas hasta limpiar el horizonte del Centro Cívico. El debate de fondo, sin embargo, ya no es botánico. La tala de la costanera deja planteado un precedente crítico sobre cómo se administra San Carlos de Bariloche: un modelo donde si la Justicia frena una idea y el Parlamento local la legisla en contra, la respuesta del sillón principal es encender el motor y hacerlo igual.