Mientras el gobierno del intendente Agustín Neme multiplica en redes sociales publicaciones sobre operativos contra los denominados “delincuentes del espacio público”, crece entre muchos marplatenses la sensación de que existen problemas mucho más urgentes que no reciben la misma velocidad de respuesta ni el mismo despliegue comunicacional.

Cada operativo contra trapitos o personas en situación de calle es presentado como una muestra de orden y autoridad. El mensaje oficial insiste en que estas acciones responden a denuncias vecinales. Sin embargo, la pregunta empieza a repetirse en distintos barrios: ¿qué ocurre con las otras denuncias que realizan los vecinos todos los días

Porque también hay reclamos permanentes por calles destruidas, luminarias que nunca llegan, esquinas peligrosas, falta de señalización, basurales a cielo abierto, inseguridad y comercios que bajan sus persianas en medio de una crisis económica que golpea con fuerza a la ciudad. A eso se suma el deterioro del transporte público, con frecuencias cada vez más deficientes, largas esperas y un servicio que genera malestar cotidiano entre miles de usuarios. Y frente a todos esos problemas, el nivel de reacción del Municipio parece mucho más lento, mucho más burocrático o directamente inexistente.

Resulta difícil comprender por qué un expediente para llegar con mejoras a una cuadra puede demorar meses, mientras un operativo de control urbano aparece casi de inmediato acompañado de cámaras, fotos y comunicados oficiales. O por qué barrios enteros conviven con pozos y basurales históricos sin respuestas concretas mientras la gestión destina buena parte de su agenda pública a mostrar procedimientos menores como si fueran grandes conquistas de gestión.

La inseguridad vial también se transformó en una de las principales preocupaciones cotidianas. Siniestros frecuentes, motos circulando sin control y maniobras peligrosas forman parte de una realidad que los vecinos denuncian constantemente. Lo mismo sucede con los motochorros y con los puntos de venta de droga diseminados en distintos barrios de la ciudad, una problemática que crece ante la mirada preocupada de muchos vecinos que sienten que el Estado llega tarde o directamente no llega.

La sensación que empieza a consolidarse es que el gobierno municipal elige cuidadosamente cuáles reclamos vecinales amplificar y cuáles invisibilizar. Aquellos vinculados al “orden” o al control del espacio público ocupan el centro de la escena. Los relacionados con infraestructura, seguridad, transporte o deterioro urbano quedan relegados a un segundo plano.

El problema no es que el Municipio actúe frente a situaciones conflictivas en la vía pública. El problema aparece cuando esa decisión se convierte prácticamente en el eje excluyente de la gestión, mientras los problemas estructurales de la ciudad siguen acumulándose sin soluciones visibles.

Mar del Plata y Batán necesitan un gobierno municipal que escuche todas las preocupaciones vecinales con la misma intensidad. No solamente las que generan impacto en redes sociales o permiten construir un relato de mano dura. Porque para miles de vecinos, el verdadero desorden cotidiano no pasa únicamente por un trapito o una persona durmiendo en una plaza, sino por vivir entre calles rotas, oscuridad, basura, miedo, transporte deficiente e incertidumbre económica.



Gonzalo Patrone es un periodista marplatense con más de tres décadas de trayectoria en medios radiales y digitales. Se ha consolidado como una referencia del periodismo especializado en la región, destacándose...