Desde su creación en agosto de 2022, la Incubadora de Empresas de la Universidad FASTA se consolidó como un espacio destinado a acompañar a estudiantes, graduados, docentes e integrantes de la comunidad universitaria en el desarrollo de proyectos emprendedores. Nacida como una evolución natural del Colaboratorio de Innovación Tecnológica, la iniciativa busca transformar ideas en empresas basadas en el conocimiento, promoviendo la innovación y el espíritu emprendedor como herramientas para generar impacto económico, social y ambiental.
En sus comienzos, el Colaboratorio trabajaba principalmente en el fortalecimiento de competencias emprendedoras dentro de la comunidad universitaria. Sin embargo, con el tiempo surgió la necesidad de acompañar esas iniciativas más allá de la formación, brindándoles herramientas para convertirse en emprendimientos sostenibles. Así nació la Incubadora de Empresas, con la misión de acompañar el recorrido de cada proyecto desde sus primeras etapas hasta su consolidación en el mercado.
Actualmente, el ingreso a la Incubadora se realiza mediante convocatorias periódicas. Los interesados presentan su iniciativa a través de un formulario disponible en la página web y, a partir de allí, el equipo de gestión analiza el grado de desarrollo de cada propuesta para determinar si requiere una etapa de preincubación o si ya está en condiciones de incorporarse directamente al proceso de incubación.
Posteriormente interviene una red de mentores y evaluadores externos, integrada por empresarios y especialistas con experiencia en negocios, quienes analizan la viabilidad técnica, comercial y estratégica de cada proyecto. Con esa evaluación, el gerente de la Incubadora define el ingreso al programa.
Una vez aceptada la propuesta, se firma un convenio que establece los derechos y obligaciones de ambas partes, además de los aspectos vinculados con la confidencialidad y la propiedad intelectual. Cada emprendimiento cuenta con un tutor que acompaña su evolución durante un proceso que se extiende entre uno y dos años e incluye instancias periódicas de seguimiento, evaluación y cumplimiento de objetivos.
La incubación concluye cuando el emprendimiento alcanza el grado de desarrollo necesario para operar de manera autónoma: se encuentra legalmente constituido, dispone de un producto validado comercialmente y cuenta con las condiciones necesarias para continuar su crecimiento de forma independiente.
BorrArt: un caso que representa el espíritu de la Incubadora

Entre los proyectos que surgieron en este ecosistema emprendedor, BorrArt se convirtió en el caso emblemático de la Incubadora de Empresas.
La iniciativa nació a partir de una idea de Agustín Comelli, estudiante de Ingeniería Ambiental de la Universidad FASTA, quien buscaba transformar los residuos de café en productos ecológicos. En ese momento atravesaba un período de incertidumbre respecto a la continuidad de su carrera, pero el acompañamiento del Colaboratorio de Innovación Tecnológica le permitió desarrollar el proyecto, convocar a estudiantes de distintas disciplinas, conformar un equipo interdisciplinario y convertir esa idea en un emprendimiento con potencial de mercado.
Para la Universidad, este recorrido demuestra que la innovación puede surgir de problemas cotidianos cuando existen espacios que acompañan el desarrollo de las ideas. También refleja el valor de conectar el conocimiento académico con desafíos reales, impulsando a los estudiantes a convertirse en protagonistas del cambio desde sus propias profesiones.
Otro ejemplo es Lexi, un proyecto nacido del encuentro entre una psicopedagoga y una programadora dentro del Colaboratorio de Innovación Tecnológica. Actualmente, la iniciativa continúa su desarrollo como proyecto de investigación junto a la Facultad de Ciencias de la Educación, evidenciando que algunas ideas trascienden el ámbito emprendedor para convertirse también en espacios de generación de conocimiento.
