Cada cuatro años, el intercambio de figuritas regresa para instalarse como una práctica importante en la vida de los chicos y chicas. En un contexto donde las infancias están atravesadas por la tecnología, el álbum recuperó espacios de encuentro presenciales, conversación y juego compartido. Además, se convirtieron en una herramienta para fortalecer vínculos familiares y generar sentido de pertenencia.

Para profundizar sobre este fenómeno, Portal Universidad dialogó con la psicóloga y especialista en Psicología Clínica, Marisol Sponer, psicóloga y especialista en Psicología Clínica, quien analizó los efectos emocionales y sociales que genera el furor de las figuritas.

Las figuritas como espacio de encuentro

En una época donde los chicos están muy atravesados por la inmediatez y la tecnología, el intercambio de figuritas recupera el encuentro cara a cara. “Para completar un álbum hay que reunirse, conversar e intercambiar, y eso favorece la construcción de vínculos. Hay algo muy importante en buscar la figurita que interesa y compartir ese momento con otros, algo que ninguna pantalla puede reemplazar completamente”.

El boom de las figuritas demostró que el interés infantil no está limitado a la virtualidad. En esa línea, la psicóloga explicó: “No tiene sentido pensar la tecnología como algo bueno o malo. La pregunta es al servicio de qué está y qué lugar ocupa en la vida de cada niño. Puede ser muy positiva si permite ver los partidos, compartir intereses o conectarse con otros, pero aparecen dificultades cuando reemplaza el contacto humano, la palabra y los vínculos presenciales”.

Asimismo, dijo que “hoy las formas de acceso al Mundial y a la información se han modernizado muchísimo. Los chicos pueden seguir los partidos por streaming, usar el álbum virtual o participar de grupos de WhatsApp para intercambios. La comunidad también puede construirse desde lo digital, por eso no se trata de eliminar la tecnología”.

De todos modos, frente al formato digital, lo físico sigue teniendo un valor propio. “No es lo mismo tener todo en una computadora que completar un álbum de figuritas, del mismo modo que no es igual leer un libro digital que uno en papel. Las figuritas permiten correr por un momento el brillo de la pantalla y poner el foco en la selección, la bandera y todo lo que representa el Mundial para los chicos”.

El álbum como herramienta en tiempos de inmediatez

Hoy muchas experiencias son inmediatas, pero la búsqueda de figuritas resulta enriquecedor para las infancias. “El recorrido hasta completar el álbum tiene un valor psíquico muy importante porque obliga a esperar, buscar, intercambiar y sostener una expectativa en el tiempo. En una época marcada por la inmediatez, las figuritas proponen una experiencia diferente que ayuda a los chicos a relacionarse con los tiempos de espera y a comprometerse con un proyecto a largo plazo”.

En esa línea, Sponer observó: “Lo verdaderamente importante no es llegar a la última figurita, sino todo el camino que se recorre para intentar conseguirla. En ese proceso aparecen el intercambio con otros, el juego compartido y la posibilidad de sostener el interés aun cuando las cosas no salen de la manera esperada”.

Este fenómeno permite a la infancia encontrar herramientas para afrontar diversas situaciones. “Las figuritas también enseñan a tolerar la frustración. No siempre toca la que uno quiere y muchas veces hay que aceptar que algunas serán más difíciles de conseguir. Sin embargo, los chicos suelen encontrar alternativas para seguir adelante, porque mantienen la ilusión de completar el álbum tarde o temprano”.

Además, la profesional agregó que “a veces el álbum no se termina durante el Mundial y se completa meses después, y si alguna figurita falta tampoco representa un problema grave. Lo valioso es que este juego les permite encontrarse con otros, respetar reglas, desarrollar paciencia y construir recursos para enfrentar situaciones en las que no todo se resuelve de manera inmediata”.

Contención social y el rol del adulto e instituciones

Sobre todo en las infancias más vulneradas, el álbum aparece como canalizador de malestares. “No vamos a decir que coleccionar figuritas resuelve los problemas que un niño puede atravesar en su casa o en la escuela, pero sí puede ayudar a que parte de ese malestar encuentre una vía de expresión. Al ser una actividad compartida con otros, permite generar encuentros, conversaciones y momentos de disfrute que resultan muy valiosos”.

En esa línea, agregó: “La infancia es una de las etapas más golpeadas en la actualidad y, además, se perdieron muchos espacios de contención, especialmente para los chicos que viven en contextos más vulnerables. En ese escenario, el Mundial aparece como un acontecimiento que los reúne alrededor de un interés común y les permite transitar mejor algunas dificultades”.

Este intercambio permite a los chicos evadirse de situaciones difíciles y generar un sentido de pertenencia a través de la comunicación. “Durante el Mundial se genera una especie de pausa en las preocupaciones cotidianas. Los chicos hablan de los jugadores, intercambian figuritas y sienten que forman parte de algo más grande que ellos mismos. No hay ningún chico que llegue a la sala de espera sin hablar de este tema, muchas veces eso funciona como un amortiguador frente a situaciones difíciles”.

Los adultos tienen un rol central en la construcción de estas experiencias, ya sea acompañando el proceso de completar el álbum o generando espacios de encuentro. La psicóloga explicó que “en el momento en el que los adultos logramos construir escenas atractivas para la infancia, los chicos se suman con entusiasmo. No es cierto que solamente les interese la tecnología. Muchas veces somos los propios adultos quienes resolvemos ofreciéndoles una pantalla, cuando también podemos proponer espacios de juego, intercambio y encuentro que resultan igual o más significativos. Además, las figuritas tienen un enorme valor intergeneracional. Cuando un chico le pregunta a su abuelo o a sus padres cómo coleccionaban en su época o cómo vivieron otros Mundiales, fortalecen los lazos entre distintas generaciones”.

Las escuelas aparecen como uno de los espacios más importantes para acompañar este tipo de experiencias colectivas. “La familia, la escuela y las distintas instituciones tienen un papel central porque ofrecen espacios donde los chicos pueden ser escuchados. Hablar sobre el Mundial, las figuritas o lo que sienten frente a estos acontecimientos les da un lugar a la palabra. La escuela encuentra formas de participación colectiva”.

En ese marco, Sponer concluyó: “El Mundial y las figuritas tienen una relación muy directa con el deseo del niño. Le permiten entusiasmarse con algo, imaginarse como un jugador, proyectar metas y sostener intereses compartidos. Que esa fantasía tenga lugar en la infancia es muy importante porque forma parte de su desarrollo subjetivo. Por eso también es fundamental que la familia, la escuela y otras instituciones les den lugar para hablar de lo que les interesa. Muchas veces los chicos invisten aquellos espacios donde son escuchados y tenidos en cuenta, y el Mundial o las figuritas pueden convertirse en una puerta de entrada para esas conversaciones”. (Portal Universidad)