Por: Roberto Garrone

Semanas atrás el sindicato de conductores y maquinistas paralizaron la operatoria de la flota fresquera de altura en Mar del Plata por dos semanas hasta que lograron ponerse de acuerdo en el reajuste salarial del primer tramo de la paritaria 2022. La medida de fuerza casi que pasó desapercibida para quien no estaba empapado en el microclima que impera en el mundo pesquero y portuario. 

El paro afectó al resto de los trabajadores marítimos, también a estibadores, transportistas y sobre todos a los obreros del pescado que estuvieron muchos días sin procesar merluza fresca. Pese al amplio universo de involucrados, no hubo manifestaciones de ningún tipo, en las pesqueras ni en el acceso a las terminales. Y eso que la brecha entre lo que pretendía el gremio y lo que ofrecían las cámaras patronales era bien amplia. 

Este jueves los obreros navales nucleados en el SAON regalaron una imagen completamente opuesta y que lleva a pensar que hubo otros motivos adicionales al mero reclamo salarial. La medida de fuerza se extendió por 24 horas porque el Ministerio de Trabajo dictó sobre el final del día la conciliación obligatoria que abre una mesa de negociaciones bajo la bandera blanca de la paz social por 15 días. 

Pero fue un día de alta tensión, raro en una actividad más acostumbrada a ser noticia por nuevas construcciones navales, ampliación de su capacidad productiva, incorporación de mano de obra y la proyección de inversiones para fortalecer el círculo virtuoso que se apoya en políticas públicas como la ley de renovación de la flota pesquera, la imposibilidad de importación de barcos usados y algunas tibias líneas de financiamiento de la banca pública. 

Conflicto navales: Un jueves de tensión en una carrera de extremos

El paro se había anunciado una semana antes y se concretó pese a que en los días previos hubo avances en las negociaciones y nunca se había cortado el canal de diálogo.  Pese a que ABIN aceptaba pagar lo que había acordado el SAON por el convenio colectivo nacional, un bono de 20 mil pesos y el 50% de reajuste en cuatro cuotas entre mayo y agosto. 

Pese a que la CIN había mejorado la última oferta y aceptaba pagar un 55% en seis cuotas entre abril y agosto, el jueves el acceso a la principal terminal portuaria estuvo bloqueada al igual que los accesos a los tres principales astilleros del puerto con un cordón de cubiertas encendidas. 

Más allá que desde el gremio aseguraban garantizar la libertad de trabajo, no fue lo que sucedió en realidad. Hubo aprietes, amenazas y hasta autos vandalizados en inmediaciones de Astillero Contessi.

Ahí se produjo el pico de tensión de la jornada. No pareció buena idea utilizar las instalaciones del Club Náutico como acceso alternativo al astillero porque alimentó el mal humor en el grupo de manifestantes. Minutos después terminaron bloqueando los propios accesos del club para obturar el salvoconducto. El escribano que convocó el astillero para certificar que se garantizaba la libertad de trabajo debería haber llegado en el horario de ingreso y, tal vez, la situación no pasaba a mayores.

El SAON basa su reclamo en la desigualdad existente en los distintos convenios colectivos del sector. “En una misma actividad con los mismos oficios coexisten escalas salariales con diferentes valores”, dicen en el gremio desde donde no quieren que haya trabajadores de primera y de segunda. 

Pero resulta curioso que la mayor vehemencia sindical la exhiban contra los astilleros, que más allá de la diferencia de convenios liquidan con números parecidos y no se centren en los talleres navales de las pesqueras, donde sí la brecha es amplísima. 

Hoy CaIPA y Armadores, signatarias del convenio 239 específico para estos obreros navales, ofrecen el mismo 45% en dos cuotas que arreglaron para los conductores navales del paro del mes pasado, los marineros, patrones y capitanes. 

El gremio quiere la unificación de todos los convenios pero los obreros navales de las pesqueras son cada vez más de segunda categoría. El año pasado, cuando cobró impulso este objetivo de que no haya trabajadores de primera y de segunda, este grupo actualizó un 45% sus salarios cuando los de astilleros y talleres navales superaron el 53% y hubo muchos “Ayudantes” que fueron recategorizados para abandonar la categoría más baja del escalafón. 

“Nosotros pescamos, nuestro negocio no es construir barcos”, se atajan los armadores. Pero no todos los obreros navales construyen barcos sino que reparan los que salen a pescar. Más allá de las miradas y los paros, esa brecha entre navales parece inalterable.

El año que viene el SAON tiene elecciones y Mar del Plata no es una plaza más en la vida política del gremio. Más allá que tiene los afiliados suficientes para ser designada Seccional, la cúpula nacional que lidera Juan Speroni, nunca avaló la autonomía porque implicaba un riesgo. 

El riesgo de perder una caja poderosa. Es acá donde el oficialismo de la lista Rosa tiene oposición. La Agrupación Azul y Blanca le ha disputado la hegemonía en las dos últimas elecciones. Sin éxito por ahora en el plano nacional pero sí con preponderancia en este puerto. De ahí que Speroni necesite mostrar fortaleza ante propios y rivales.

El dirigente sindical tiene una historia de contradicciones. Dice ahora defender el trabajo de los contratistas pero por años fomentó el trabajo de cooperativas en la industria. Incluso la obra social del gremio fue prestadora de salud de una que presidía uno de sus allegados en la comisión Directiva. Quien quiera más datos puede googlear “Velmet 20 de Abril – Ramón Angel Gomez – SPI”

A Speroni no parece que le interese la unificación de los convenios colectivos. Sino no hubiese firmado un convenio colectivo para los prácticos de muelle con la flota costera distinto, por valores inferiores, al vigente que tiene Armadores y CaIPA para los serenos de sus barcos. Eso no pasó hace 20 años años sino el 29 de abril del año pasado. 

“Ha sido un error, lo reconozco”, confesó uno de los referentes de la Agrupación Azul y Blanca. Ahí también parecen correr la carrera que propone Speroni y ser más duros que los duros; más extremos que los extremos. 

El jueves pareció ser una muestra de esa competencia. 


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