Por: Rodrigo Hernandez – Secretario General de Libres del Sur

En agosto de 2025, mientras pedía el voto de los vecinos y vecinas para convertirse en senador provincial, Guillermo Montenegro fue terminante: “El día que asumo como senador, dejó la ciudad de Mar del Plata. Esto lo tengo clarísimo”. Y fue todavía más lejos. Al referirse a quienes utilizaban una candidatura para luego no cumplir con lo anunciado, sostuvo: “Para mí eso es hacer trampa. No se puede boludear con este tipo de cosas”.

Montenegro fue electo, asumió como senador y dejó transitoriamente la conducción del Municipio. Pero no renunció al cargo de intendente: pidió licencia. Diez meses después, acaba de conocerse su decisión de abandonar el Senado bonaerense y regresar al
Ejecutivo municipal. Cabe entonces preguntarnos si, tomando sus palabras, ¿nuestro Intendente nos boludea?

La comparación entre aquellas declaraciones y la decisión conocida hoy merece, como mínimo, una explicación pública. No se trata de una interpretación sobre lo que quiso decir: Montenegro presentó su salida de la Intendencia como una decisión clara y definitiva y cuestionó expresamente a quienes actuaban de otra manera.

Y el regreso se produce en un momento particularmente complejo para General Pueyrredon. La desocupación alcanzó durante el segundo trimestre de este año al 9,9% de la población económicamente activa, unas 34.000 personas. El comercio, la industria, la pesca, la construcción, el turismo y buena parte de la actividad económica local atraviesan serias dificultades, en un escenario nacional de retracción de la actividad y del consumo.

También la inseguridad ocupa nuevamente el centro de las preocupaciones de marplatenses y batanenses. Los propios datos oficiales mostraron durante 2025 un crecimiento de los delitos registrados y los hechos violentos de las últimas semanas volvieron a instalar con fuerza el reclamo por respuestas concretas.

Este escenario exige discutir mucho más que los movimientos personales de un dirigente de un cargo a otro. Montenegro acompañó políticamente la alianza del PRO con La Libertad Avanza y durante la campaña sostuvo, buzo violeta mediante, que el resultado
electoral debía servir para “fortalecer la gestión nacional”. Hoy corresponde también discutir las consecuencias que ese rumbo económico está teniendo sobre una ciudad especialmente dependiente del trabajo, el consumo, el comercio, la industria y el turismo.

Y hay otra pregunta inevitable. Si la decisión de regresar se produce en medio de una crisis de seguridad y de diferencias sobre la marcha de la administración municipal, ¿Montenegro considera que la gestión de Agustín Neme fracasó? Si no es así, debería explicar por qué abandona una banca que había pedido expresamente a los vecinos que le confiaran para volver anticipadamente a la Intendencia.

Mientras tanto, la cotidianeidad de la ciudad también acumuló reclamos por el estado de las calles, baches, basura y microbasurales.

General Pueyrredon necesita que quienes tienen responsabilidades de gobierno concentren sus esfuerzos en resolver esos problemas. Necesita explicaciones sobre las decisiones tomadas, continuidad en las políticas públicas y respuestas concretas frente al desempleo, la caída de la actividad, la inseguridad y el deterioro de los servicios municipales.

Y necesita, además, transparencia respecto de las decisiones urbanísticas y patrimoniales que se adopten durante el tramo final del mandato.

Durante estos años avanzaron excepciones y grandes emprendimientos inmobiliarios que terminaron judicializados. Una ordenanza que habilitó una torre de 35 pisos en Stella Maris, en un sector de fuerte valor patrimonial, llegó a ser suspendida cautelarmente por un juez. Más reciente todavía han habido conflictos judicializados después de que los trabajos avanzaran sin contar con la Declaración de Impacto Ambiental correspondiente en distintos desarrollos inmobiliarios.

Por eso hay otra pregunta que Montenegro debería responder al volver: ¿cuáles son sus prioridades para el año que le queda de mandato? ¿Resolver la inseguridad, el desempleo, el deterioro de calles y espacios públicos y los problemas cotidianos de los barrios, o acelerar los expedientes urbanísticos y grandes desarrollos inmobiliarios que vienen caracterizando a su administración?

Los y las marplatenses y batanenses merecen dirigentes que expliquen sus
decisiones y cumplan los compromisos que asumen públicamente. Sobre todo cuando esos compromisos fueron formulados con tanta contundencia por quien hoy decide hacer
exactamente aquello que había asegurado que no haría.