Por: Roberto Garrone

Tal como lo había anticipado en un par de columnas atrás –no era muy difícil de pifiar- la pesca nacional superó los 2 mil millones de dólares generados en exportaciones el año pasado. La cifra exacta fue de 2.066.330 dólares, 3,9% más que lo ingresado en el 2024, por la venta de 525.706 toneladas de productos de origen marino. El año pasado habían sido 502.956 toneladas, según el reporte anual de CaPeCA.

Se podría decir que pese a todos los obstáculos que siembra el gobierno al sector, con suba de impuestos como el DUE, marginación del tablero donde quitó o rebajó derechos de exportación que le hubiesen permitido ganar márgenes de rentabilidad y exclusión de cualquier ámbito de diálogo para fijar una agenda común, la pesca nacional muestra su poder de resiliencia y se transforma en un oasis en el desierto que transita la mayoría del polo industrial.

Pero casi todo tiene que ver con el azar y la bondad de la naturaleza que maquilló los cortocircuitos que generó el intento de la flota congeladora tangonera por lograr una rebaja del 30% en el salario de sus trabajadores marítimos.

Las 53 mil toneladas más de calamar exportadas de un año al otro disimularon las 30 mil toneladas menos de langostino entero que aportó la flota tangonera congeladora con su mini temporada en aguas nacionales.

La abundancia del calamar, sobre todo del stock bonaerense norpatagónico que tuvo las mejores capturas de los últimos 17 años, permitieron que casi 1 de cada 4 dólares que el año pasado generaron las exportaciones pesqueras lo haya aportado el illex.

Fueron 550 millones de dólares por 193 mil toneladas exportadas. La falta de materia prima por el fracaso de zafras en otros mares del mundo elevó el precio. El valor de la tonelada pasó de 2553 dólares a 2846. Al menos la declarada ante Aduana.

Esa primavera prolongada que atraviesa la pesca del calamar, además de incentivar al gobierno para habilitar nuevas licencias, animó a CEPA a pedirle al Consejo Federal Pesquero esta semana autorización para pescar el molusco como especie objetivo con los congeladores arrastreros.

La primavera y voracidad de Antonio Solimeno, digamos todo. “Tony”, que ya aclaró que si queda un último pez en el mar lo quiere pescar él, busca pescar en una zona prohibida para esa flota, con argumentos fácilmente rebatibles.

El stock de merluza del norte, donde las redes de los congeladores de CEPA prometen el milagro de distinguir al calamar y desechar a la hubbsi a cientos de metros de profundidad (chiste, chiste) todavía no se recuperó de los años de pesca olímpica donde estos barcos factoría diezmaron la población.

Es cierto que hay diferencias entre la captura máxima asignada a dicho stock por el Consejo Federal, unas 30 mil toneladas anuales, y lo que declara pescar la flota (12.792 toneladas el promedio de los últimos 4 años), como plantea CEPA para respaldar su pedido, pero no hay que perder de vista que los desembarques decrecen y la captura se compone en un alto porcentaje por juveniles.

En una administración pesquera lógica el pedido de Solimeno debería ser rechazado porque va a contramano de cualquier medida de manejo precautoria. Que quien deba decidir sobre la solicitud, sea el Jefe Científico del INIDEP, Otto Whöler, padre del presidente de CEPA, Otto (Ottito) Whôler, es apenas un detalle.

Los socios de CEPA no están solos en esto de querer entrar a pescar calamar por la ventana de la ilegalidad. Esta semana el CFP terminó de anudar el moño al último negociado con que cerró el 2025.

Como por arte de magia los consejeros decidieron revivir el permiso del potero “San Lucas I” luego de 11 años de no habérsele justificado la inactividad comercial. Sí, once años… En ese entonces era propiedad de FruMar Frutos Marinos y había quedado interdicto por una medida judicial de su concurso y quiebra.

“Se evalúan las presentaciones y la documentación aportadas, de las que surge que FRUMAR FRUTOS MARINOS S.A. no había sido responsable, en sede judicial, por la deuda reclamada en el proceso en que se trabó la medida, que impidió la operación comercial del buque, y que fue el motivo por el cual se decidió no justificar la inactividad comercial del buque SAN LUCAS I (M.N. 076)”, descubrieron 11 años después los miembros del Consejo.

“Ese párrafo costó mucho mucho dinero. No tengo pruebas, pero tampoco dudas”, confió esta semana un viejo lobbysta conocedor de todos los mecanismos que hay que aceitar para que la música fluya en las actas.
¿Algún fiscal en sala que quiera investigar la sorprendente resurrección?. Licencio a los de Chubut… ya deben estar ocupados investigando lo que dijo Marcelo Mou sobre que le pidió Andrés Meiszner en su denuncia a Profand a instancias de la justicia californiana. Banquemos.

Luego de revivirlo a partir de la intervención de la empresa “Pesquera Virgen de Itatí” que compró la quiebra de FruMar y saldaron la deuda con los acreedores, esta semana en la primera reunión del año los consejeros aprobaron la transferencia a favor de la empresa “Nuevo Golfo del Sur”, que lo va a reemplazar por el “Navegantes II”, un casco que Arbumasa ya había mandado a desguace en Quequén.

Los nombres de fantasía de las empresas que intervinieron en el expediente pueden no llamarle a nadie la atención. Pero quienes están detrás de la maniobra son caras muy conocidas en la industria pesquera. Especialmente en Chubut.

“Virgen de Itatí” es una sociedad con la que Raúl Cereseto y Gustavo González operan el costero “Siempre Don Vicente”. La que le puso el broche, “Nuevo Golfo…”, es la razón social del “Tehuelche”, el costero que ahora migró a San Antonio, propiedad de Pesquera San Isidro, cuyo CEO es Damián Santos.

Todavía no hay otro nombre de fantasía que hilvane a los tres empresarios en el manejo del “Navegantes II” pero, como dijo Jelinek… “se los dejo a su criterio”. El nombre de la próxima docuserie no puede salir de “Resurrección Salvaje” o “San Lucas I”, el renacido.

Buen domingo

Foto: Revista Puerto


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