La baja en la utilización de la tarjeta SUBE durante el inicio de 2026 se consolidó como uno de los indicadores más claros de la crisis estructural que atraviesa el sistema de transporte público en Mar del Plata, en línea con una tendencia similar observada en el AMBA.
Según datos del Banco Central de la República Argentina, el uso de la SUBE se desplomó cerca de un 20% en enero, registrando la caída más pronunciada desde que existen mediciones oficiales. Este retroceso refleja un cambio profundo en los hábitos de pago de los usuarios, atravesado por la compleja situación económica.
En paralelo, comenzaron a proliferar promociones impulsadas por bancos y billeteras virtuales, que son cada vez más aprovechadas por los pasajeros para reducir el costo de viajar. En la actualidad, el gasto mensual en transporte supera los 100.000 pesos, lo que representa un peso significativo en el presupuesto de los hogares.
Un informe elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires junto al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas señala que, hacia fines de 2025, el pago mediante códigos QR se consolidó como la alternativa más utilizada entre los medios electrónicos en el transporte público.
A este escenario se suma el fuerte impacto del último aumento tarifario: el boleto plano de colectivos en Mar del Plata se elevó a 1.550 pesos en diciembre de 2025. Este incremento ya se siente con fuerza en la economía cotidiana de los usuarios y podría no ser el último, ya que empresarios del transporte anticipan un nuevo pedido de actualización de tarifas en el corto plazo.
Por caso, un usuario que deba realizar al menos cuatro viajes diarios necesita alrededor de 6.200 pesos por día solo para movilizarse. El impacto también se refleja en sectores específicos: un empleado de comercio con horario cortado debe destinar cerca de 173.600 pesos mensuales al transporte público, lo que representa una porción considerable de su salario.
En este contexto, la creciente penetración de aplicaciones que ofrecen viajes también comienza a reconfigurar el mapa de la movilidad urbana. Su expansión ha derivado en una caída interanual en la cantidad de pasajeros transportados por colectivos, profundizando la crisis del sistema.
Esta fuga de usuarios —en su mayoría aquellos que abonan la tarifa plena y que sostienen gran parte de los costos operativos— se orienta hacia opciones percibidas como más económicas y flexibles.
La caída en el uso de la SUBE responde así a una combinación de factores económicos y tecnológicos: el aumento sostenido de tarifas, la reducción de subsidios, la pérdida del poder adquisitivo, la irrupción de nuevas modalidades de pago y el avance de alternativas privadas.
Este escenario no solo modifica las dinámicas de consumo, sino que también plantea interrogantes sobre la sustentabilidad del sistema y el acceso al transporte como un servicio básico esencial.
