Con la excusa del trabajo, una invitación al suicidio
Este proyecto de ley es muy importante, dado que busca proteger este ecosistema fundamental, el principal corredor biológico del Mar Argentino. La ley no sólo le pondría un freno a las flotas pesqueras de arrastre que arrasan el fondo marino, sino que también contribuiría en la conservación de la estructura ecológica oceánica y a la mitigación del cambio climático, siendo que el Agujero Azul está ubicado sobre el Talud Continental del Mar Argentino, uno de los principales frentes oceánicos del mundo y un foco productivo de servicios ecosistémicos, tanto tangibles como intangibles

Por: Roberto Garrone

Hace unos días la organización ambientalista Greenpeace presentó los resultados de las horas efectivas de pesca que realizó parte de la flota extranjera que opera en aguas adyacentes a las 200 millas.

Mediante el uso del Global Fishing Watch determinaron que las horas de esfuerzo pesquero aparente para los barcos poteros (pescan exclusivamente calamar) fueron 354.367, un número que casi triplica lo visto hace 5 años (130.789 horas).

Para los buques que realizan arrastre de fondo se calcularon 120.302 horas, algo que también es más del doble lo observado en el año 2017 cuando habían sido 58.408.

Aparente porque no se sabe exactamente cuántos son los barcos extranjeros que operan en la zona durante el pico de la temporada de calamar dentro del caladero nacional (enero-junio) y porque se sabe que hay barcos que apagan sus sistemas de posicionamiento satelital para no ser reconocidos. Principalmente los chinos, que componen la mayoría de los buques que integran la flota.

Greempeace divulgó los resultados del crecimiento del esfuerzo pesquero ponderando que se realizaban sobre millas náuticas comprendidas dentro del AMP Bentónica Agujero Azul aunque no tenga impacto para frenar la actividad pesquera porque la medida protege la plataforma, el suelo marino. Y los intereses de las petroleras, bueno.

Desde la organización ambiental igual son optimistas. El mes próximo, en las Naciones Unidas, se dará tratamiento a Tratado Global de los Océanos, el cual permitiría también proteger la columna de agua del Agujero Azul, y de esa manera conservar a los ecosistemas que lo conforman y la fauna que lo habita y transita. Veremos…

Por ahora no solo la futura área protegida no frenará la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, como vimos en la columna de la semana pasada, sino que esta semana como si fuera poco, desde Santa Cruz se reiteró la invitación para que dicha flota pueda operar desde los puertos provinciales y de ese modo reactivar el trabajo y generar inversiones en la región.

No es la primera vez que con la excusa de la falta de trabajo desde la Patagonia se muestran interesados en convertirse en Montevideo y darle apoyo logístico a la flota china. La traición a los intereses nacionales y a la flota potera nacional ya no llegaría de nuestros hermanos de orilla del Río de la Plata, sino de los propios, hermanos hermanos.

Con la excusa del trabajo, una invitación al suicidio

Más allá de lo que dice Prefectura, que esa flota extranjera no hace pesca ilegal, al menos cuando no ingresa dentro de nuestra zona económica exclusiva, porque opera en aguas internacionales, hay que decir que esta flota existe a partir de directivas que bajan del mismo gobierno chino.

La potencia subsidia el combustible para las compañías del rubro pesquero e, incluso, se ha constatado participación accionaria del Estado en algunas de las empresas propietarias de los buques. El combustible es clave en la ecuación económica pero eso no es lo peor.

Desnutrición, escaso acceso al agua potable, pagas inexistentes e, incluso, torturas físicas, forman parte del combo que distingue a una armada que duplica con comodidad los números de Corea del Sur, Taiwán, España y Japón, otras naciones con fuerte protagonismo en el saqueo de espacios marítimos, particularmente los argentinos.

Nada de esto parecen advertir estibadores de Santa Cruz que se reunieron con el diputado Claudio Vidal, a quien le pidieron que avance en un proyecto que autorice la llegada de los barcos extranjeros a puertos como Deseado, San Julián, Caleta Paula y Punta Quilla.

Ramón Videla, el referente de los estibadores santacruceños, sostuvo que serían al menos unos 350 barcos, en su mayoría de bandera china, que confirmaron su deseo de operar en los puertos de Santa Cruz y de Comodoro Rivadavia. Ahí ya habían querido quedarse con un astillero, según se lo manifestó un grupo empresario a su autoridad portuaria.

En Caleta Paula también existe un astillero: API, del grupo SPI, que desembarcó en la región en el 2004, tiempos de Sergio Acevedo gobernador. Qué pensará Horacio de atender barcos chinos en sus instalaciones. Por lo pronto analizan aumentar la capacidad instalada.

“A simple vista puede observarse el sistema de railway que le permite operar con embarcaciones de hasta 800 toneladas. El proyecto mayor prevé un elevador sincrónico (sincrolyft) con una capacidad de hasta 11 mil toneladas”, señala un artículo publicado en La Opinión Austral el año pasado.

A Videla y los suyos no le importa los graves antecedentes por violación de los derechos humanos, incluso una colección de fallecidos a bordo, que registra la flota china. Lo prioritario para los estibadores es su trabajo y bienestar, que la estadística oficial de descargas pesqueras no muestra con tonos tan oscuros. Las descargas en Puerto Deseado y Caleta Paula crecieron un 4% en el primer semestre.

Por qué habría que darle espacio y ventajas de puertos próximos a una flota que además de todo lo dicho compite con la flota potera nacional: sus capturas de calamar se vuelcan al mismo mercado que el illex que descargan los barcos con permisos nacionales en puertos argentinos.

Por qué premiar a una flota que ni siquiera cumple con las paradas biológicas que sí respeta la flota nacional. Hoy, que la temporada de pesca en aguas argentinas esta cerrada como forma de garantizar el ciclo reproductivo que generará los ejemplares de calamar que sustentarán la pesca comercial en el 2024, hay todavía unas decenas de barcos chinos que siguen pescando.

Lo hacen más allá del compromiso repetido, e incumplido como siempre, del gobierno Chino de respetar las épocas de veda y ciclos reproductivos alejando la flota de las áreas críticas. Hoy siguen pescando y son cada vez más, como lo han hecho siempre: fuera de control. Sería un suicidio invitarlos a entrar en nuestras aguas y a operar en nuestros puertos.

Foto: Greenpeace


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