En la Catedral de Mar del Plata se celebró la Misa de la Cena del Señor, presidida por el obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando SJ, en el marco del Jueves Santo, inicio del Triduo Pascual.
Durante la celebración, que conmemora la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, el obispo reflexionó sobre el gesto del lavatorio de los pies, subrayando que Jesús “lavó los pies a sus discípulos y apóstoles, a todos, también a Judas Iscariote, que ya había decidido entregarlo por veinte monedas de plata”, destacando que se trata de “una acción de profunda humildad que realizaban los esclavos”.
En este sentido, explicó que este signo “requiere despojo interior, agacharse físicamente y espiritualmente”, y que también “implica humildad para el que es lavado”, invitando a la comunidad a dejarse interpelar por este gesto que sigue resultando desafiante.
Profundizando en el Evangelio, citó el inicio del relato de Juan: “él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin”, y señaló que este amor no se agota en la cruz, sino que es “un amor colmado de luz pascual, el amor del Resucitado”.
Asimismo, puso el acento en la entrega de Jesús en la Última Cena, recordando que “son esas manos que tomarán el pan y el cáliz de vino en esta cena y les entregará a los primeros sacerdotes cristianos su Cuerpo y su Sangre”, y en el despojo con el que realiza el lavatorio: “tomó una toalla y se la ató a la cintura, una simple toalla”, manifestando que “solamente tiene la autoridad del servicio humilde”.
El obispo remarcó que este gesto tiene consecuencias concretas para la vida cristiana, ya que “una comunidad dispuesta a lavar los pies unos a otros es una comunidad que pone en práctica el mandamiento del amor: amar es servir”, retomando las palabras de Jesús: “les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes”.
En esta línea, recordó una enseñanza del Papa Francisco, quien invita a vivir la fraternidad desde el servicio: “servíos unos a otros, sed hermanos en el servicio, no en la ambición”, y afirmó que “la fraternidad es humilde, siempre: está al servicio”.
En el marco del Día del Sacerdote, monseñor Giobando también recogió la invitación del Papa León, quien “en este mes de abril, nos invita a rezar por los sacerdotes”. En ese contexto, reconoció que “no es fácil ser sacerdotes en este momento de la historia” y que muchas veces “somos ‘bichos raros’ y hay como una sospecha del trasfondo de nuestras vidas”. Sin embargo, reafirmó que “somos simples hombres que estamos llamados a vivir una vocación que representa a Cristo mismo en medio de los fieles”.
Finalmente, invitó a toda la comunidad a unirse en la oración por los sacerdotes, pidiendo que “nunca pierdan la confianza en Ti, ni el gozo de servir a tu Iglesia con corazón humilde y generoso”.
La celebración, que incluyó el tradicional lavatorio de los pies, renovó el llamado a vivir el mandamiento del amor en gestos concretos de servicio, siguiendo el ejemplo de Cristo.
