Por: Roberto Garrone

La prórroga de 45 días que le otorgó la justicia laboral a la vigencia de los mandatos de Raúl Durdos y el resto de la Comisión Directiva del SOMU tuvo un fin preciso. Acordar con las cámaras patronales de la flota tangonera congeladora para que la temporada de langostino 2026 cobre la regularidad que perdió el año pasado.

El contexto es diferente. El gremio ya sabe de la homogeneidad del bloque patronal a la hora de sentarse a negociar. Más allá de las banderas con las urgencias por salir a pescar que enarbola por estos días Fernando Álvarez Castellano con los acuerdos por empresa, sus colegas confían en que su apuro no genera grietas internas.

En el gremio aseguran que las posiciones están mucho más cerca que el año pasado. Aunque no dan pistas sobre los detalles de la concordia, se ilusionan en poder firmar en las próximas semanas como para que pueda haber temporada al norte.

En la patronal coinciden en esa mirada optimista pero advierten que todavía falta un trecho por recorrer. Lo harán con la certeza de saber que Durdos y compañía no quieren vivir la tensión del año pasado y reconocen que es necesario ajustar los valores.

Que se active la flota tangonera de manera anticipada descomprimirá la ansiedad entre las bases y permitirá con el correr de la zafra encontrar espacio para los relevos que el año pasado miraron la temporada desde afuera. Los que más trabajaron sólo estuvieron ocupados 2 meses de los últimos 20. Si la justicia determina que se vuelva a votar, al oficialismo le conviene hacerlo con los afiliados sumando mareas que parados en piquetes al lado de la ruta.

Poner en movimiento los barcos les permitirá a las empresas comenzar a cumplir pedidos que quedaron pendientes del año pasado por falta de capturas. En la feria de Boston hubo mucha demanda por el langostino patagónico. Y eso que entre medio hubo 86.644.806 kilos de marisco en el mercado

Eso fue lo que se pescó en aguas provinciales de Chubut, en blanco, durante la zafra 25/26, con precios que no perforaron los 2 dólares por kilo pero que terminó antes que Trump despertara el precio del petróleo al atacar a Irán. #Alivio es TT en Playa Unión.

Entre las empresas, salvo el CEO de Conarpesa, nadie busca firmar y salir a pescar al día siguiente. Hay dos lecturas sobre la coyuntura del negocio. Están quienes piensan que si salen ahora el precio del marisco va a bajar y por eso conviene saltearse la temporada del norte y comenzar a pescar en nación, dentro de la veda, a partir de junio.

En el SOMU se mostrarían dispuestos a firmar una rebaja formal sobre los valores de producción que aceptaron capitanes y maquinistas. A los valores actuales del marisco la rebaja sería en torno al 18%. A cambio piden recuperar lo que perdieron hace unos años: llevar a que se tome el dólar al 90% de su valor y no al 78% como ahora para pagar la producción.

Tal vez todo sea cuestión de que ambas partes cedan y encontrar un punto intermedio para zanjar la diferencia. Quizás para cuando se desarrolle la Feria de Barcelona, después del 20 de abril, quede todo encarrilado. ¿Con un dólar al 84% de su valor?

Entre los (pocos) que quieren salir a pescar cuanto antes y los que prefieren esperar a junio, mayo aparece como el punto de equilibrio. Se calmaría la ansiedad de los marineros y no se sobre alimentaría la oferta. “Sería el escenario ideal; veremos si podemos cerrarlo”, confió un industrial al cierre de esta columna.

En el SIMAPE miran con expectativas el desenlace de la novela del SOMU. Con una ínfima cantidad de afiliados en los tangoneros congeladores, conservan una ventaja comparativa que por estas horas la patronal busca eliminar.

El convenio de los marineros marplatenses con CEPA, la cámara que agrupa a la flota de Moscuzza, Solimeno, Valastro para su buque Xeitosiño, establece un valor (90%) de dólar que se toma para fijar la producción mayor al del convenio que SOMU firmó con CAPECA, y el aguinaldo se referencia al mejor mes del semestre mientras la cámara patagónica lo paga a promedio.

Esta semana Mariano Pérez, ex presidente de CEPA y lobista del sector congelador marplatense, le avisó a Pablo Trueba que pagarán el aguinaldo como lo marca la Ley de la Navegación. A promedio y en diciembre.

“Cómo era eso de que excluir al personal embarcado de la nueva ley de contrato de trabajo no traía consecuencias”, ironizaban en el sindicato en referencia a lo dicho por Oscar Gérez, letrado laboralista y a quien en ámbitos sindicales endilgan como el padre de la criatura reformista que afecta a los trabajadores marítimos.

Esa postura extrema que mostró Pérez genera divisiones internas por estos días en la patronal. En realidad, a los abogados que la patrocinan en la mesa paritaria. El Dr. Fernando Rivera, presidente de CaIPA, un calco de CEPA, que negocia en la flota fresquera, por caso, no termina de comulgar con esa idea de ir por todo contra los sindicatos.

Los reconoce como interlocutores para alcanzar la paz social. Al igual que Diego García Luchetti, referente de la cámara de armadores fresqueros, buscan posiciones más conciliadoras. Pero son las empresas las que pagan los honorarios y las que terminan decidiendo qué camino elegir.

El SIMAPE espera por el dictamen de Fiscalía Federal para conocer la suerte de la medida cautelar que metió contra la nueva ley semanas atrás. “Si no aceptan, hagan juicio. Eso es lo que vamos a pagar”, avisó Pérez.

Ante un gobierno que se muestra completamente indiferente a los reclamos del sector, desde la reducción de derechos de exportación al ajuste en los valores del derecho único de extracción, y ahora se suma la variable combustible, las empresas advierten que en las negociaciones salariales está la única alternativa de ajustar costos de producción.

Esas grietas internas no se disimulan en la negociación con la flota fresquera. Un universo con más actores pero donde tienen prevalencia las empresas integradas que conforman CEPA, acá con el sello de CaIPA.

“Igual si el gas oil aumentó 20% en el mes, cualquier número que hagamos cae en abstracto porque no hay negocio”, reconoció un armador que sigue de lejos la negociación con los gremios. “Del total facturado en una marea, 45% se va en combustible y 55% en la gente… Game over”, concluyó otro.

Hasta que se disparó el combustible, las diferencias también salpicaban a los gremios. Un distinto, como siempre, Jorge Frías, pidió casi 3 millones de pesos de básico. Los oficiales de máquinas, duplicar el salario básico y llevar el kilo de merluza a 50 centavos de dólar mientras ya crearon el Word donde comenzaron a redactar un nuevo convenio colectivo.

Las partes confían en despejar el humo y terminar de acercar posiciones después de Semana Santa. En un escenario donde el combustible puede seguir escalando ya que la petrolera oficial evaluaba el viernes al mediodía aplicar otro fuerte incremento al litro de gas oil naval, cualquier predicción que se haga es pisar el patio de la ciencia ficción.

Buen domingo.


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