Por: Roberto Garrone
La explosión y posterior incendio que ocurrió en la sala de máquinas del potero “Madre Inmaculada” y provocó quemaduras de distinto grado en el rostro, torso y extremidades superiores al oficial Raúl Castello, que derivaron en su internación en terapia intensiva en Puerto Madryn, sembró interrogantes y resquebrajó ese objetivo primario de velar por la vida y seguridad del hombre de mar.
Por qué el oficial debió aguardar/sufrir 26 horas con atención mínima para la gravedad de sus heridas, hasta que lo pudieron desembarcar en puerto es un interrogante que se despejará cuando se conozcan mayores detalles de la declaración de los involucrados y las comunicaciones entre el buque y la asistencia médica de Prefectura Comodoro Rivadavia.
“Toso las calificó como heridas superficiales y no pidió la evacuación inmediata”, sostuvieron desde el colectivo “Ningún hundimiento más”, desde donde siguieron de cerca el caso.
Toso es el capitán del buque, quien a diferencia de Di Rollo, condenado por la muerte del maquinista Manuel Quiquinte a bordo de un Xin Shi Ji 89, en septiembre del 2024 y que provenía de otra rama de la marina mercante, es afiliado al Centro de Patrones.
Quienes escucharon las explicaciones de Toso aseguran que una vez puesto en aviso del siniestro siguió los protocolos de emergencia y hasta compartió fotos con las heridas que había sufrido Castello para determinar los pasos a seguir.
“No fue un accidente, fue negligencia”, advirtieron desde el colectivo, en tanto prefirieron no compartir las fotos con las heridas por respeto al trabajador.
¿Se pidió o no la aeroevacuación?. ¿Alquien relativizó las heridas?. ¿El propio oficial quemado las minimizó en un primer momento y cuando sintió mucho más dolor, ya era tarde para enviar el rescate aéreo?

La primera alternativa fue desembarcar a Castello en puerto Camarones pero se desestimó porque era peligroso el trasbordo con la embarcación de Prefectura que acudía al rescate en medio del temporal de viento. Igual las prestaciones sanitarias del puerto chubutense son de precarias para abajo. Tachado Camarones el buque navegó a la capa hasta Madryn.
Di Rollo relativizó los síntomas de Quiquinte, quien terminó falleciendo a los pocos días. La autopsia determinó que estaba contagiado de Covid pero el buque siguió pescando con el cuerpo del oficial alojado en un freezer.
Por esa conducta fue encontrado penalmente responsable del delito de homicidio culposo en concurso real, condenado a tres años de prisión en suspenso e inhabilitado para ejercer como capitán por cinco años.
En el “Madre Inmaculada”, Toso no siguió pescando hasta completar bodega. De hecho hacía pocas horas habían iniciado marea desde el puerto de Ingeniero White, donde estuvieron varios días alistando al barco.
Por suerte la salud de Castello mejora con el transcurrir de las horas aunque hasta el viernes seguía internado en terapia intensiva. ”Si hubiera alguna cuestión que deba ser revisada en el proceder de los distintos actores, se hará cómo y ante quién corresponda”, dijo German Velasco, uno de los referentes de los conductores navales en Chubut.
El otro interrogante que aflora en esta historia es que la explosión del tablero y las lesiones que dejaron en terapia a Castello no fue el único siniestro que tuvo el “Virgen Inmaculada” en lo que va del año.
Según confiaron allegados al buque, el 9 de enero, en la misma sala de máquinas donde explotó el tablero, casi muere electrocutado otro maquinista. Jesús Jaureguialzo se desvaneció, perdió la conciencia y terminó internado, asistido con respirador artificial. Esta semana recién salió de terapia intensiva.
Que en menos de 15 días dos oficiales de máquinas hayan puesto en riesgo su vida en la sala de máquinas del “Madre Inmaculada” y terminaran internados en terapia intensiva es muy grave. Más aún que la empresa volviera a zona de pesca con un nuevo oficial a bordo como si nada hubiese pasado.
Estos hechos deberían encender todas las alarmas en Prefectura. ¿O es necesario que alguien muera para reaccionar y comenzar a investigar?. Con estos antecedentes lo mejor hubiese sido parar el buque y realizar una inspección extraordinaria que permita develar las causas que provocan los “accidentes”.
Por lo visto, antes que saber qué pasó, ganó la urgencia de la empresa por volver a zona de pesca y recuperar el tiempo perdido.
En el SICONARA aguardan a que los dos trabajadores se recuperen y quede su vida a salvo para buscar más explicaciones técnicas. Para atender la manera en que se actuó con las consecuencias, pero sobre todo para entender las causas que las provocaron.
Una idea que cobraba fuerza era la de convocar a la Junta de Seguridad en el Transporte. Creada por Ley en 2019, intervenía ante accidentes o incidentes automotores, ferroviarios, marítimos, fluviales o lacustres y cualquier otro suceso relacionado con el transporte de personas o cosas, «cuando se considere pertinente o a requerimiento de asistencia técnica debido a su magnitud, gravedad institucional, trascendencia pública, o por involucrar problemas de carácter recurrente o cuando la determinación de sus causas probables pueda contribuir a evitar eventuales peligros”.
Alguien le avisará a los dirigentes del gremio que dicho organismo cayó víctima de la motosierra libertaria, que lo refuncionalizó y limitó a la aviación. En este escenario la Prefectura vuelve a ser juez y parte, y los tripulantes marítimos condenados a la buena de dios. A los milagros de la “Madre Inmaculada”.
Buen domingo
