El inmueble ubicado en la esquina en la esquina de Mendoza y Boulevard Marítimo, obra del reconocido arquitecto Alberto Córsico Piccolini, inspirador de numerosos chalets pintoresquistas que dieron origen al estilo Mar del Plata, quedó esta semana en ruinas y causó la reacción de las entidades defensoras del patrimonio arquitectónico.

El chalet de Miguel y Roberto Mattar fue desafectado el pasado mes de diciembre por el Concejo Deliberante del Listado de Bienes de Interés Patrimonial mediante la Ordenanza N.° 26.864, lo que permitió avanzar legalmente con su demolición.

La propiedad fue adquirida por uno de los empresarios más importantes de la industria pesquera de Mar del Plata, Antonio Solimeno.

Desde la ong Mirada Ciudadana señalaron con profundo malestar que «una y otra vez la administración municipal da cuenta de no tener la más mínima atención por los bienes patrimoniales que se supone debe custodiar más que ninguna otra institución. Y lo más triste es que puede hacerlo. El Estado tiene autoridad para impedir atropellos. Sin embargo los alienta y favorece con un festival de excepciones que inevitablemente despiertan todo tipo de suspicacias».

El titular de la entidad, Dr. César Ventimiglia, afirmó que con esta demolición «estamos asistiendo a una lamentable pérdida».

«Recordemos que una de las características distintivas de nuestra ciudad, además del imponente paisaje costero, es el legado de arquitectura de alta calidad originada a lo largo del siglo XX. Construcciones de la llamada ‘Belle Epoque‘, como así también arquitectura moderna y pintoresquista forman parte de nuestro paisaje urbano», comentó.

En el caso del chalet Mattar, Ventimiglia manifestó que «dejó de existir ésta semana, y de acuerdo con los videos que circulan en redes sociales, la destrucción se hizo apresuradamente, sin siquiera rescatar los valiosos materiales utilizados para su construcción».

El ex funcionario municipal recordó que el chalet fue adquirido por el grupo empresario Solimeno, hace más de 20 años, y con una idea obvia y clara: «dejar que el tiempo lo deteriore y pedir la desafectación del listado de bienes protegidos para poder proceder a su demolición. En este caso, no se puede alegar que la falta de mantenimiento provenga de recursos insuficientes como para conservarlo, toda vez que sus propietarios conforman uno de los grupos económicos más poderosos de la ciudad».  

La Mar del Plata del sí

Ventimiglia expresó que la actual gestión municipal insiste con un slogan que el intendente interino renueva cada vez que habla. «Se trata de La Mar del Plata del SíPero sí a qué. A la destrucción del patrimonio, a la afectación de la calidad de vida de los residentes y visitantes, a la voracidad de la especulación inmobiliaria, sí a oídos sordos para no escuchar a los urbanistas e innumerables opiniones de quienes se oponen a este estropicio».

El presidente de Mirada Ciudadana aclaró que «nadie está en contra del crecimiento de la ciudad ni mucho menos de las inversiones y el sostenimiento de la mano de obra. Lo que pretendemos es acordar en un plan estratégico que instale normas que rijan las conductas de TODOS».

Más adelante, remarcó que «el Ejecutivo y Legislativo locales vienen demostrando un total desprecio por nuestra identidad. Pero también los principales grupos económicos, o por lo menos algunos de ellos, no parecen tener ningún respeto, ni cariño por la ciudad que les permitió desarrollarse económicamente».

Ventimiglia planteó que en 2008 la Comisión Honoraria recomendó que no se autorizara ninguna excepción a favor de Solimeno. «Hoy esa comisión esta disuelta, y no hay un organismo independiente que vele por la protección del patrimonio, facilitando el cambio de políticas de excepciones, y ahora demoliciones, que lleva adelante el Ejecutivo. Mirada ciudadana presentó una nota solicitando la constitución de esta comisión creada por ordenanza y no obtuvo respuesta», agregó.

¿Quién quiere ser Miami?

En otro tramo, el letrado reflexionó que ‘quienes proclaman desarrollos a costa de nuestro patrimonio suelen poner el ejemplo de otras ciudades -verbigracia Dubai, Miami, Panamá, Shanghái…- olvidándose de los indudables valores que son los que hacen única a nuestra ciudad. Quienes quieran convertirnos en otra ciudad deberían al menos iniciar una consulta popular para que los marplatenses digamos si queremos o no dejar de ser quienes somos», finalizó.


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