Abordajes e infracciones entre la abundancia y una guerra que parece haberse reanudado

El comienzo de la temporada de langostino exhibe mayor presencia de inspectores fiscalizando y multando a fresqueros por exceso en la carga. Prefectura abordó a tres barcos en plena operatoria sin descubrir irregularidades. Desde Mar del Plata ven una maniobra de Chubut para entorpecer su actividad en aguas nacionales.

Por: Roberto Garrone

El mismo día, casi a la misma hora en que los familiares de los tripulantes del pesquero Rigel participaban del homenaje a sus desaparecidos en el monumento que los recuerda, al pie de la banquina chica, en alta mar, a 40 de millas de la costa, un poco más al sur de donde se hundió el pesquero aquella madrugada del 9 de junio de 2018, el “Derbes” de la Prefectura Naval Argentina realizaba una maniobra infrecuente.

El Guardacosta abordó a barcos pesqueros con matrícula nacional mientras pescaban langostino en la zona de veda permanente de merluza, habilitada hace pocos días atrás. Los barcos abordados fueron el “Gurises”, el “Huafeng 821” y el “Anita Alvarez” y todos pudieron seguir pescando sin problemas, aunque conocido el hecho, desde Mar del Plata comenzaron a buscar explicaciones.

Julián Suárez, director Nacional de Coordinación y Fiscalización Pesquera, en los ratos que tenía señal en su celular porque estaba viajando por la Ruta Nacional 3 rumbo al sur, aseguraba desconocer lo que le estaban contando y reiteraba que era una decisión unilateral de la Prefectura.

Los armadores se preocuparon por la rotura de la burbuja con la que salieron de Mar del Plata. El ingreso de personal extraño, por más barbijo, alcohol en gel y distanciamiento, podía generar contagios.

Antes de recordar que muchos barcos que salieron con hisopados negativos de Mar del Plata debieron volver a puerto con marineros sintomáticos, en Prefectura aseguraron que los efectivos a bordo del Guardacostas también habían zarpado con el correspondiente hisopado. Los armadores eligieron creer.

“Nos revisaron todo antes de salir, de arriba abajo, hasta el mínimo detalle… me decís para qué hacen estas payasadas”, confiaba un armador el jueves por la tarde mientras el grupo de whatsapp que comparten entraba en ebullición.

“En principio porque podemos”, refutaban en Prefectura aunque en la sede Mar del Plata se encogían de hombros como lo hacía Suárez a la distancia. “No sabíamos y no lo impulsamos” era la frase que más pronunciaron por esas horas en la delegación local.

El “Derbes” no depende de Prefectura Mar del Plata sino de la Dirección de Operaciones con sede en el Edificio Guardacostas. Ahí apuntaron las miradas desde Mar del Plata. Entienden que la política se mete en el medio y que Prefectura respondió a una orden que tuvo como único objetivo incomodar la operatoria de la flota. En la fuerza lo rechazan. “Es rutina”, aseguran.

La serie de fiscalizaciones que habían comenzado desde el inicio de la zafra en Camarones no hizo más que regar la hipótesis de elucubraciones. Ubicado al sur de Rawson y al norte de Comodoro Rivadavia, Camarones es un puerto dormido gran parte del año. Se despierta con el comienzo de la zafra de langostino. No tiene la infraestructura de muelles ni la cantidad ni rapidez del servicio de estiba que dispone la flota en Mar del Plata. Apenas pueden descargar 3 barcos a la vez.

La mesa de madera dispuesta para vaciar algunos cajones es toda una síntesis de la precariedad con la que se trabaja. El acero inoxidable quedó a cientos de kilómetros. Pero Camarones es el puerto más próximo a la zona de pesca, el que demanda menos combustible para vaciar bodega y volver a pescar.

La pandemia y los controles que este año impulsó Cooprrdinación y Fiscalización, además de sospechas por su repentina aparición, también generaron algunos cortacircuitos en tierra. La norma establece que los cajones de langostino no pueden pesar más de 17 kilos limpios, es decir sin flora y fauna acompañante.

La estiba retira los cajones de la bodega al muelle. O casi siempre… al barco Floridanlanca le tiraron 4 lingadas de 6 cajones cada una al agua, unos 450 kilos, o 900 dólares, como les guste más. Pero los estibadores no se encargan de hacer el descarte en los cajones para cumplir con la fiscalización de la pesada.

Después de conversaciones infinitas, gestiones, marchas y contramarchas a miles de kilómetros a los armadores no les quedó más remedio que autorizar el descenso de dos marineros por barco para cumplir con esa tarea. Otra vez la burbuja bajo amenaza y el riesgo de generar un brote posterior.

Para colmo después de la burbuja rota llegaron las multas. Se labraron actas al “Huafeng 821”, “Luca Santino”, “Anita Alvarez” y “Don Santiago” a partir que los cajones fiscalizados excedían el límite de 18,02 kilos tolerados como sobrepeso. Luego se sumaron sanciones al “Floridablanca”, “Paola S” y “Ciudad de Huelva”.

En Puerto Madryn también hubo controles pero no se informó de nuevos sancionados. “Los barcos que le venden a González no tienen exceso de peso”, dicen en Mar del Plata. El “Mar del Chubut” y el “Don Gaetano” descargaron en Madryn y el viernes asomaban dentro de la lista de los infraccionados.

Gonzalez es Marcelo, el referente de la cámara de la flota costera de Rawson. Además de pescador tiene servicio de estiba y no solo comercializa su producción sino que compra a varios barcos para distribuir langostino fresco en varias plantas. Ayer a la mañana el armador, Francisco Romano, rechazó esas versiones. Ambos terminaron con promedios inferiores a los 18 kilos. Milagros inesperados…

En la forma que toman el exceso de peso también hay polémicas. Algunos inspectores toman dos lingadas al azar y otros promedian toda la carga. “Con cajitas, si haces el descarte no tenés como pasarte”, refieren inspectores.

Eso harán algunos armadores; ya tienen decidido cambiar por cajones más chicos para que esa diferencia de dos o tres kilos que cuesta identificar en bodega se note cuando completen las cajitas. Otros aseguran que hay que discutir un sistema con promedios mensuales para evitar estos problemas.

También están los que piden elevar la tolerancia unos cientos de gramos cuando se almacene en cajones.
Algunos, no todos, ven una maniobra de Chubut detrás de la repentina presencia de los inspectores para ponerles palos en la rueda. “Durante la zafra de Rawson fue zona liberada; traían más de 20 kilos… pedile las actas a Suárez a ver si te las da”, mascullaba bronca un armador.

El Director Nacional de Coordinación y Fiscalización Pesquera se encargó de monitorear en persona todos los controles. En Madryn no tuvo tiempo de ir a Prefectura pero quiere pedir explicaciones por el accionar del “Derbes”. “No hay ninguna intencionalidad más que controlar la operatoria y el volumen de la carga”, aseguran cerca del funcionario nacional.

Ojalá esa intencionalidad también llegue a puerto piojo donde los cajones de raya superan largamente los 35 kilos, o el coeficiente de los congeladores, ni que hablar del reproceso de calamar en tierra, cuyas actas complementarias para informar el traslado de la carga a los frigoríficos siguen brillando por su ausencia.

Toda esta bronca, contratiempos, cajones al agua, infracciones y una batalla que parece haberse reanudado entre Rawson y Mar del Plata, sin que nadie acierte qué causa la desencadenó, tiene como telón de fondo la abundancia de langostino que regala este inicio de la de la temporada. Para que tengan una idea, hay barcos de 2 mil cajones que completan en el día. 34 toneladas, 68 mil dólares bruto y volver a pescar para volver a completar.

Tal vez sea esa causa y no otra lo que motivó el reinicio de la pelea. Un comienzo que tiene a la flota marplatense operando a pleno y a la de Rawson mirando desde el muelle porque no habilitaron la subzona 10, la más próxima a su puerto y a la que podrían acceder sin problemas.

El tiempo dirá cómo evoluciona la puja por el acceso al recurso. Habrá que esperar, también, cuánta de esa abundancia termina activando el empleo en Mar del Plata, disminuido por la falta de merluza que dejó de aportar esta flota fresquera concentrada ahora en el oro rojo.

Por ahora mucho del langostino fresco no sale de la provincia de Chubut y se reprocesa en Madryn aunque una porción viaja más al sur para generar trabajo en Puerto Deseado. Ese, a fin de cuentas, era uno de los objetivos adicionales de Carlos Liberman cuando respaldó este esquema de apertura de aguas nacionales, con la flota pescando en una zona más próxima a la capacidad productiva ociosa en Santa Cruz, su pago chico.

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