Vuelta a las aulas ¿y ahora qué?

Lorena Canet Juric, investigadora del Instituto de Psicología Básica, Aplicada y Tecnología (IPSIBAT- CONICET, UNMDP) suma su aporte respecto de la situación educativa, centrada en sus protagonistas desde un abordaje psicológico.

Desde el inicio de la pandemia todas las áreas de la ciencia buscaron realizar un aporte que nos permitiera transitar y superar la situación de la mejor manera posible.

La investigadora adjunta  del CONICET Lorena Canet Juric, especializada en psicología cognitiva y educación, lidera el proyecto que analiza el impacto emocional del aislamiento social, preventivo y obligatorio,  evaluando información sobre los niveles de ansiedad, los síntomas depresivos y los niveles de afectividad provocados por este estado de aislamiento. Este proyecto además busca proveer información basada en evidencias sobre los efectos emocionales del aislamiento y su relación con aspectos socio-demográficos.

A partir de la información generada por la iniciativa que lidera la investigadora, el panorama mundial de la educación en este contexto y su experiencia profesional Canet Juric arroja un poco de luz sobre las inquietudes más frecuentes que surgen en todos los hogares argentinos respecto a la vuelta a las aulas, una vuelta que le da continuidad a la escuela virtual que tuvimos en 2020.

La especialista advierte que la imposibilidad de asistir a la escuela de forma presencial en niños y niñas durante el 2020 generó un impacto importante en la salud mental. Un estudio conducido por el grupo de investigación al que pertenece la investigadora advirtió el aumento en los niveles de ansiedad-depresión, agresividad-irritabilidad y de dependencia en los niños. Además, se observó de la aparición de alteraciones negativas en los hábitos de sueño y alimentación, así como una reducción del afecto positivo. A esto se sumó un marcado incremento en las consultas psicológicas en adultos, niños y adolescentes. 

La modificación de rutinas y actividades también impactó en el caso de docentes, que debieron adaptar dramáticamente todas sus estrategias pedagógicas a una modalidad virtual, incrementando sus horas de trabajo para poder acompañar y sostener a cada alumno/familia. “Diferentes estudios indican que aumentaron significativamente sus niveles de estrés. Ya sea mujeres-madres y docentes (o docentes-madres), el reconocimiento social y las medidas de contención y acompañamiento implementadas han ido de escasas a nulas”, agrega Canet Juric.

 “La escuela como la conocíamos antes de la pandemia tenía varias funciones, no solamente la de educar en la adquisición de contenidos académicos, sino también la función de contención social, inclusión, detección de problemáticas y lugar por excelencia de intercambio sociales del niño con sus pares”, explica la especialista. En ese mismo sentido la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE),  organismo de cooperación internacional, informó que las ramificaciones de la pandemia de COVID-19 han sido más graves en grupos de niños vulnerables. La pandemia aumentó en ellos el número de riesgos preexistentes, como el acceso reducido a alimentos saludables, alto estrés familiar y ausencia de contacto con adultos que los apoyen, y redujo el número de factores de protección, que podía encontrar en asistencia a la escuela, acceso a espacios de juego y actividades extracurriculares, y sistemas sólidos de protección infantil.

En este contexto, la psicóloga explica que la vuelta a las clases presenciales es compleja y necesaria y que inicialmente habrá que centrarse en las medidas de protección y cuidado, y sacar provecho de las experiencias de otros países que ya han transitado este camino. En muchos casos la vuelta al aula se realizó llevando a cabo lo que se conoce como “escuelas seguras”, una práctica que se basa en tres pilares: distancia física, uso de barbijos e higiene personal.

El distanciamiento de los pares sólo se puede aprender en presencia de otros niños y durante este tiempo muchos de ellos no han tenido ocasiones para practicar ese aprendizaje. Que el niño se agencie y se apropie de estos cambios proponiendo sus propias particularidades dentro de lo que configura la nueva norma, será fundamental y requerirá de paciencia, esfuerzo, dedicación, comprensión y moderación de expectativas. La especialista cree que es importante moderar toda decisión que se tome en el ámbito institucional teniendo en cuenta que el niño que va a volver al aula, no es el mismo que se fue.

“Aunque creamos que un año de pandemia preparo a los niños, debemos tener en cuenta que, durante los 10 meses transitados, los niños en su mayoría han vivido bajo la constante supervisión de un adulto, lo que no asegura una total apropiación de las medidas que conllevan los tres pilares de la escuela segura”, advierte Canet Juric.

Distintas investigaciones que evalúan el efecto de recesos escolares prolongados muestran que luego de estos periodos los niños sufren pérdidas en relación a los aprendizajes académicos adquiridos, más allá del contexto de crianza de cada niño y sus particularidades cognitivas y emocionales.  En este caso se le suman cambios en la alimentación, las rutinas, el sueño, el juego, el contacto con los otros y diversas situaciones contextuales complejas, sedentarismo, exceso de tecnologías, soledad, y algunas incluso traumáticas, pérdida del trabajo o teletrabajo de sus padres, perdidas de seres queridos, exposición y miedo al COVID-19. “Este es el niño que regresa a las aulas y para este complejo contexto hay que prepararse. Sigue siendo educación en un contexto de emergencia”, agrega Lorena.

El nuevo formato “sin contacto” para niños y niñas implica nuevos aprendizajes tanto para los educadores como para los estudiantes, advierte la especialista. Cualquier cambio de hábito, rutina, comportamiento o emoción recurrente en la vida de los niños viene con una alta demanda cognitiva y en este caso emocional. No va a ser fácil frenar el contacto intuitivo en el aula, en el juego, en los pasillos.  Cualquier aprendizaje de este estilo va a ser lento y costoso al inicio, la respuesta automática va a primar por sobre la controlada (el distanciamiento) y la comunidad educativa toda, va a tener que trabajar para que esta otra conducta -la espera, la distancia- sustituya a la vieja – el abrazo, el acercamiento. El que sea un aprendizaje gradual y no traumático dependerá, como todo aprendizaje escolar, de la calidez y paciencia del educador.

La investigadora agrega que para el docente también será un camino difícil ya que deberá aprender nuevas modalidades comunicativas que lejos estarán de prácticas que hasta hace un año eran cotidianas como levantarlos en el patio cuando se caen, limpiarles la nariz, consolar el llanto a través del abrazo o simplemente la palmada en el hombro. 

Canet Juric explica que la emoción que más se percibe en estos momentos en los y las docentes es la de incertidumbre. Incertidumbre en relación a los protocolos de actuación y protección, a la adhesión a éstos por parte de las familias, en relación al virus y su transmisibilidad en contextos escolares, en relación a su función como docentes en este contexto. Algunos docentes tienen dudas en cuanto al regreso a la presencialidad, otros tienen miedos, ansiedad, otras expectativas, sienten algunas de estas cosas o todas ellas juntas. Para algunos es un alivio poder despegarse un poco de las limitaciones que plantea la educación virtual, para otros implica el doble de trabajo plantear un aula en donde coexisten ambas modalidades. Algunos tienen dudas en relación a los desniveles que pueden generar en el aula posibles casos de Covid-19.

La nueva situación plantea un abanico de realidades: carencias edilicias, nutricionales, desigualdades sociales, dificultades particulares del desarrollo de cada niño. “Las autoridades de las instituciones escolares tienen y deben preparar herramientas para la contención del docente. El entorno institucional de cada docente, la forma en que se maneja la comunicación escuela-familia y la seguridad que le genere al educador la institución en donde trabaja funcionaran como contención no solo del niño y su familia sino también de sus maestros”, aclara la investigadora.
En definitiva la vuelta presencial a las aulas no parece ser la escuela que queremos, sino la escuela que podemos y por ello como sociedad todas las personas necesitamos ceder y estar predispuestos tanto desde los tiempos como desde la disposición mental y emocional. La investigadora concluye: “el aula no va a ser la que yo quiero, los horarios para llevar a mis hijos a la escuela no siempre van a ser de mi comodidad, los grupos con los que a mi hijo le toca estar, no son necesariamente los grupos que yo habría elegido o deseado, las horas no son lo suficiente. Sin embargo, pese a esto hay vuelta a la presencialidad, gradual, lenta, progresiva, trabada, pero vuelta en sí”.

Por Daniela Garanzini-Departamento de Comunicación CONICET Mar del Plata

El aislamiento y la convivencia

La Lic. en psicología Andrea Cecchi (MN: 46273 / MP: 61802) nos explica cuáles son las problemáticas cotidianas más habituales que degradan la convivencia y nos acerca algunos consejos para afrontarlas.

La Lic. en psicología Andrea Cecchi (MN: 46273 / MP: 61802) nos explica cuáles son las problemáticas cotidianas más habituales que degradan la convivencia y nos acerca algunos consejos para afrontarlas.

“Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Es el primer caso de una «ceguera blanca» que se expande de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse con lo que existe de más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio”. Este fragmento de “Ensayo sobre la ceguera” (1995) del novelista José Saramago (ficción acerca una pandemia), nos alerta sobre «la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron».

El texto parece estar narrando nuestro presente a pesar de haber sido escrito décadas atrás. Dice, y vuelvo a citar: lo más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. El miedo a la muerte y el terror a la posibilidad de contagio están latentes en todo el conjunto social; esta inconsciente desesperación por salvarse se expresa en diferentes niveles de egoísmo. En cada estrato social se padecen necesidades disímiles, algunas con carencias más básicas que otras; mientras algunos luchan por compartir la escasez de alimentos, otros luchan por conseguir mayor confort dentro del hogar; tantos unos como otros están mostrando las mismas miserias humanas que se exacerban durante la convivencia.

Entonces: ¿cómo superar el encierro sin devorarnos los unos a los otros en estas luchas de poder por la supervivencia (llámese adquisición de ventajas, confort, mayor estado de ocio, alimento, dinero, etc.)?
He aquí el problema crítico en la convivencia dentro de un estado de cuarentena social. El proceso de encierro, evita el contacto con el afuera y por lo tanto se reducen los temas de conversación, dado que no hay vivencias nuevas para relatar. En este contexto se evidencian: disputas de poder, peleas por jerarquías, imposiciones de ideas o tareas, invasión de los espacios personales, demandas abrumadoras de atención, y muchas más.

Son mecanismos psicológicos inconscientes que utilizamos al relacionarnos con otros, solo que ahora son más visibles por el mayor tiempo de exposición. La imposibilidad de tomar distancia hace necesario que abordemos y analicemos estos problemas para superarlos sin morir en el intento.

Es importante poner pautas de convivencia lo más igualitarias posibles tanto para los adultos como para los más pequeños. No se trata de quién tiene la razón, sino de ajustarse a reglas equitativas para todos. Ejemplo de ello es la distribución de tareas de limpieza y orden, cada integrante debe tener su rutina diaria que no puede dejar pasar ni suspender (¡sin excepción!), o la determinación de franjas horarias bien determinadas para hacer las tareas escolares o actividades laborales a distancia.

El aspecto más conflictivo lo vemos cuando la “excepción hace a la regla”, esto significa que la norma es usada por algún integrante del grupo familiar a su propio antojo pasando por encima de los deseos ajenos, provocando mucho malestar. Un ejemplo cotidiano es la regla de no usar el móvil a la hora de las comidas, y sin embargo, uno de los padres se toma la licencia de hacerlo de todas maneras porque tiene “motivos válidos”; esta actitud de superioridad produce malestar, competencias, rencores, venganzas, rivalidades, aparecen las excusas y las mentiras que afectan los vínculos dentro del hogar. Los chicos son los principales cuestionadores de las reglas, por eso es fundamental que éstas sean coherentes e inamovibles.

En los adultos aparece un fenómeno diferente, y tiene que ver con la percepción que algunas personas experimentan en esta situación: “la sensación de estar de vacaciones”, sienten que no deben realizar ninguna labor que les sea desagradable o trabajosa, delegando de esta manera los quehaceres domésticos al conviviente, abandonándose al ocio completo. Genera mucha desigualdad y malestar, haciendo sentir al compañero/a que es el único responsable de sobrellevar la vida en cuarentena.

Son frecuentes las peleas por porciones de comida, por el control remoto, por el tiempo que reciben atención, por el uso de una computadora, por el uso del baño, la música fuerte, los silencios, etc. Si trabajamos la empatía y el respeto por los sentimientos de los demás podemos lograr una convivencia equilibrada y transparente, sin buscar evadir las responsabilidades bajo argumentos aparentemente justificados.

En la reseña del texto de Saramago se concluye: “Recuperar la lucidez y rescatar el afecto son dos propuestas fundamentales de una novela que es, también, una reflexión sobre la ética del amor y la solidaridad. «Hay en nosotros una cosa que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos», declara uno de los personajes. Dicho con otras palabras: tal vez el deseo más profundo del ser humano sea poder darse a sí mismo, un día, el nombre que le falta”.

“Dejá que fluya”

La licenciada Andrea Cecchi y una nueva columna donde nos invita a psicoanalizarnos.

Por: Lic. y prof. en Psicología ANDREA CECCHI (Lic.andrea.cecchi@gmail.com)

Ante la aparente insuficiencia de la existencia humana, como narra la novela “La insoportable levedad del ser” (Milan Kundera) -un clásico de la literatura moderna- en esa experimentación de vacío del hombre frente al mundo que lo rodea, aparece la necesidad de encontrar un sentido a la vida que permita salir del hastío; esa rutina chiclosa con avatares monótonos y otros tantos indeseados, busca con cierta urgencia la manera  de experimentar algo de libertad. Algunas personas creen hallarla en el período vacacional, otras, en las eternas reproducciones de series “en serie”, y ahora en la exacerbación ficticia de una emoción.

La expresión “dejate llevar” sugiere la idea del sentimiento como concepto uniforme que estaría marcando de manera inequívoca la dirección de una acción. Parece estar basada en la teoría determinista del destino, donde los seres y las cosas tienen pre establecido una finalidad, llegar a ella solo basta con dejar de lado la razón para sumergirse en la intuición, entendida como el deseo íntimo de las cosas.

Los deseos consumados en la inmediatez brindan el aval necesario para una vida carente de criterios racionales y de cualquier otro tipo de fundamento: “si lo querés, está bien”. Este escenario existencialista (quizás retrocedimos unos casilleros hacia finales del siglo XIX), donde la subjetividad es más importante que la objetividad, pone de manifiesto la paulatina creación de una ética del individualismo. La mezcla de teorías filosóficas, de posturas políticas y la proliferación de diversas creencias espirituales logran esta mezcla inentendible donde se consolida la idea de un “verdadero fluir” de las cosas.

Sostener esta noción de que con desearlo intensamente y pensarlo con cierto ahínco el objetivo puede ser logrado sin más, significa echar por la borda la capacidad de raciocinio y coherencia, conceptos en los cuales se destaca el ser humano.

Sin embargo, es posible tener como punto de partida la realidad de los hechos, para evaluar las verdaderas posibilidades de obtener más libertad en la toma de decisiones. La reflexión sincera hace libres a las personas, evitando falsas expectativas e identificando las mentiras publicitadas; ejemplos de ello son los slogan prometedores de “adelgace ya”, “consiga lo que quiera en pocos pasos”, “realice el curso que le cambiará la vida” y de forma más rudimentaria, es el recurso simplista de “si envía este mensaje a más de 10 personas se realizarán sus deseos”, sólo para nombrar algunos. ¡Grandes beneficios al menor costo!; entonces pensemos: ¿no es el costo justamente lo que nos hace experimentar la feliz existencia por haber logrado una meta?, ¿no es este el camino por el cual hay un verdadero conocimiento de las propias capacidades que luego pondremos en práctica más de una vez para experimentar la auténtica libertad?. Si prescindimos de los costos, la vida se convierte en tedio, digno de distraer con bullicio y fluorescencias, para darle “color” a la insoportable levedad del ser.

La moda de la exaltación de las emociones pareciera venir a “rescatar” al ser humano ante tanta urgencia de satisfacer los deseos sin mayores costos;  la valoración del pensamiento mágico aparece como una especie de liberación posmoderna. Esta categoría de pensamiento (mágica) es el que se origina en el niño, permitiéndole dar sentido a un mundo desconocido aún sin haber alcanzado la madurez neuronal. Esta inmadurez propia de la edad, es la causa por la cual lo mágico viene a ocupar el lugar de las futuras deducciones cada vez más complejas acordes a su desarrollo cognitivo. La “magia” sigue actuando, pero ahora queda supeditada a una lógica que le arrebata su certeza cada vez que es puesta a prueba.

El pensamiento mágico tiene grandes beneficios, entre ellos el proceso creativo y la capacidad de desarrollar la fantasía desde donde suelen brotar ideas novedosas, divertidas y hasta revolucionarias. Pero, con esta mezcolanza disparatada de ideas y teorías se da origen a un esotérico “fluir” que logra rudimentar el pensamiento, derribar la reflexión y elevar un universo sobrenatural cuasi psicótico. Cual alquimista, solo con la espera de que fluya queremos resolver los grandes misterios humanos.

La psicología positiva, utiliza el concepto de “flujo” (derivado luego en “fluir”) desde una perspectiva totalmente diferente a la usada vulgarmente; es empleado como “sinónimo” de concentración. La teoría, especifica que tiende a ser un pensamiento de concentración máxima que permite estar en el aquí y ahora de la tarea o acción a realizarse, permitiendo a la persona ejercer su máximo potencial en algo que le apasiona, ya sea por motivaciones internas o externas. El fútbol es un caso aplicable, los motivos de un jugador pueden ser: el dinero, el gusto por jugar, por status, etc. En cualquier caso “fluye” en función de una actividad poniendo intencionalidad y concentración.

Este artículo no se desentiende de la sinergia que circula entre las personas y las cosas; ya lo dice la psicología: la suma de la unión de la fuerza de un grupo es mucho más que la suma de las partes. Una comunidad que se aboca a un bien común logra mucho más de lo que se propone porque todos “fluyen” en la misma dirección. Saber captar dicha energía y actuar en consecuencia genera un plus reconfortante que permite experimentar esa sensación tan agradable de pertenencia.

Todo está en movimiento, el Universo está en constante movimiento y cambio por lo tanto entender este fluir nos permitirá obrar de manera tal que podamos realizarnos en vistas de los propósitos que tengamos.

El enigma de la sexualidad

La licenciada Andrea Cecchi hace hincapié en l a asunción del sexo por parte de cada uno que se realiza después de atravesar por el Complejo de Edipo.

Por: Andrea V. Cecchi – Lic. y Prof. en Psicología – Lic.andrea.cecchi@gmail.com

Una vez una paciente mujer dijo: “tengo todo y no tengo nada”, y en otra oportunidad un paciente hombre dijo “lo tengo todo pero no lo siento propio”.

¿De qué se trata la búsqueda de nosotros los sujetos?. ¿Qué es lo que queremos tener pero no nos colma?.

Para el psicoanálisis se trata de la sexualidad, de la castración y del falo. Que no se desmadre la cuestión, veamos paso a paso. La asunción del sexo por parte de cada uno es una operación que se realiza después de atravesar por el Complejo de Edipo y luego de asumir el término (en tanto registro simbólico e imaginario) del “falo”. ¿Qué quiere decir esto?, que tanto las mujeres como los hombres debemos aceptar que existe el otro sexo diferente del nuestro y que desde allí hay desencuentro seguro. Se trata de que el varón descubra que existen las mujeres y que las mujeres soporten que haya varones. Ambos estamos castrados, porque el “falo” lo no tiene nadie, pero sin embargo actúa como mediador. Con lo cual se hace difícil responder a la pregunta de ¿Quién soy?, vamos manifestando de diferente manera con los objetos circulantes, soy el del celular grande, el del auto rojo, la maestra, la esposa de, el que sale con, los padres de, el nuevo de la clase, etc.

Nos cuesta nombrarnos porque no somos una unidad entera, somos partes de nosotros mismos, puedo ser una persona maravillosa y al rato la más detestable, soy humanitaria y déspota, soy todo lo que quiera ser porque en la sociedad nos manejamos con ropajes, con roles, no somos seres acabados que podemos comportarnos con todos de la misma manera. Justamente porque estamos castrados, porque nadie es poseedor del falo. Ahora bien, que pasa cuando individualmente o socialmente no toleramos la falta en ser, es ahí donde la cosa se complejiza, podemos zambullirnos en el mercado de consumo suplantando el ser por objetos o podemos caer en las formas más terribles de deshumanización intentando que otro quepa dentro nuestro y nos complete, esto es sometimiento, abuso, cuerpos que obturan seres que no soportan el vacío.

La frase “ni una menos” declama también esta dignidad de ser, de ser mujer, de ser persona denunciando la mala interpretación sobre la identificación del falo con el pene. Mientras que el primero es un ordenador simbólico de los cuerpos y los sexos, el segundo es un miembro perteneciente al órgano reproductor del hombre, que no detenta ningún poder sino que es poseedor de la capacidad reproductiva como lo es el aparato reproductor femenino.

Nadie lo tiene, todos lo buscan, ¿pero que buscamos?, completud, felicidad, imagen completa, unidad, y no hay, no la encontramos porque no existe, así como la materia se resume en átomos o moléculas las personas nos dividimos en cuerpo, mente y alma (llámese para los no creyentes los sentimientos).

He aquí la cuestión planteada desde el comienzo, ¿ser o no tener?, quizás podamos aceptar que podemos ser todo lo que querramos, de allí la frase “saca lo mejor de mí” (o lo peor), porque entre nosotros nos potenciamos, para bien o para mal, tolerando siempre la incertidumbre y la desazón, pero teniendo incorporadas las normas de la ética y la moral (el Super yo), o, podemos taponarnos de cosas banales o no tanto que permitan amurallar aquello que no soportamos ver. Le llamo la muralla imaginaria que tapa la desilusión que el que otro tampoco lo tiene, así podemos seguir culpándolo/a.

Celos

Por: Andrea Cecchi – Lic. y Prof. en Psicología – Lic.andrea.cecchi@gmail.com

La mitología griega cuenta que Hera esposa legítima de Zeus que representa al matrimonio descubre las infidelidades de su cónyuge e intenta vengarse. Pero como Zeus es el Dios del Olimpo (padre de los dioses y los hombres) logró condenarla entre el cielo y la tierra por un largo período sin tener en cuenta sus propios actos infieles y las consecuencias de ello.

En este relato mitológico lo que no se cuenta es que Hera se casó por conveniencia con Zeus, y que el amor, el matrimonio, la fidelidad, la pasión no eran entendidas como sinónimos, por el contrario eran erigidas como emociones absolutamente independientes.

Los celos siempre requieren de un tercero, real o imaginario que pueda resultar capaz de llevarse al ser amado, implica una sensación de pérdida, porque en la dinámica celosa se habla de la posesión del otro como objeto preciado y su consecuente pérdida provocada por un competidor.

En los celos se juega la dialéctica entre el ser y el tener, hablamos de pulsión de dominio. No es cierto que un sujeto sea propiedad de otro, ni siquiera los hijos son propiedad de los padres, por este motivo los celos representan una forma de posesión del objeto amado idealizado, es decir, de lo que ese ser amado se supone que representa, no de lo que él o ella puedan ser realmente.

El ideal es una imagen que se representa como completa, carente de defectos, y claramente todos queremos poseer una pedacito de magnificencia, entonces reteniendo al ser amado seríamos bendecidos con una porción de esta perfección. Aparece así la rivalidad, “o es el otro o soy yo” como modo de protección a la sensación de desvanecimiento amoroso, “si te pierdo, pierdo todo, mi vida entera”. Nada de esto va a suceder, pero sí sucede en el campo imaginario y cobra un dolor relevante para aquel que siente aproximarse a la carencia, al vacío.

La intervención de la Ley paterna en la temprana edad, ayuda a reconocer a cada uno en su propio valor y comprender la diferencia y aceptarla, colabora generando una visión del otro más real y logra mitigar  el sentimiento celoso.

Los celos no tienen que ver con hechos verdaderos ni se acota a la razón, están relacionados con la excesiva estima que cobra el objeto amado cuando es deseado por un tercero.

No estamos diferenciando ni celos patológicos ni normales como suelen llamarse, ya que es un sentimiento intrínseco del ser humano y no podemos prescindir de él. Sin embargo, y sin meternos en estructuras patológicas, entendemos la conducta celosa como miedo a la pérdida, temor a encontrarnos con ese vacío sin ser taponado por el otro “perfecto” que posee el don de la perfección y la palabra justa que mitigaba el propio encuentro con lo perecedero, al fin y al cabo ¡nadie puede salvarnos de esta vida!, pero que lindo es sentirse completos por un ratito con ese amor que todo lo puede, y aquí se confunden los tantos: ¿es el otro como persona el que me importa o lo que yo creo que representa para mí?.

La alternativa de empezar por uno mismo es siempre el recorrido más eficaz, el otro es solo el depositario y el protagonista (incluso sin saberlo) de la imagen que uno mismo le proyecta y que solo corresponde a la propia fantasía. Para poder desligarnos de ello es necesario una mirada introspectiva para saber de que carecemos y de que responsabilizamos al otro. Y si incluso fuera la infidelidad un hecho consumado, es más corto preguntarse porque se le ha proyectado esa fantasía de perfección a alguien que no puede siquiera sostenerse a sí mismo ni sostener sus propias promesas.