Por: Roberto Garrone

En Mar del Plata crecieron las descargas en el primer bimestre y una caída en la oferta hizo subir el precio de la merluza. Pero nadie soluciona el alto grado de informalidad en el circuito de reproceso de pescado en tierra.

La estadística oficial desmiente al páramo que por muchos días se parecieron los muelles del puerto marplatense y hasta los dichos de la propia Cristina Ledesma, la secretaria General del SOIP, que dijo días pasados que estaba entrando poco pescado en las mesas de corte.

Las descargas pesqueras en el primer bimestre alcanzaron las 44.700 toneladas en el puerto local, un 7,5% por encima de los desembarques del año pasado, cuando el contexto de la pesquería de calamar, el recurso preponderante en cada comienzo de año, muestra un arranque con menos capturas que la temporada pasada, 51.200 toneladas contra 45.200 del corriente año.

Y otro dato que va a contramano del crecimiento de las descargas en Mar del Plata es que los desembarques de la flota potera no tuvieron a nuestro puerto como principal puerta de descenso de las descargas sino que fueron Madryn y sobre todo Puerto Deseado las terminales que acapararon el calamar de una flota cuya zona de pesca estaba más próxima a esos puertos que a Mar del Plata.

Indudablemente hubo mayor cantidad de merluza en los muelles locales. A nivel general entre enero y febrero las descargas declaradas de hubbsi treparon de 24.100 toneladas a 29.200 toneladas este año. De esa suma total en Mar del Plata se descargaron algo más de 23 mil.

Pero la abundancia de merluza parece haber terminado las últimas semanas lo que generó una corrección en el precio, sobre todo del pescado entero que se destina a mercado interno y tocó los 150 pesos más IVA cuando había arrancado el año más cerca de los 100 más el impuesto.

Por lo general el precio de la merluza sube cuando la flota fresquera migra a fines del otoño a pescar langostino en aguas nacionales y vuelve a bajar cuando se reestablece la oferta una vez finalizada la zafra del marisco ya entrada la primavera.

Hay varios factores que explican el fenómeno. Ninguno es determinante pero contribuyen al incremento del valor del pescado. Por un lado el recorte de la oferta con el grupo de 10 barcos que participan de la prospección de abadejo desde el 1 de marzo.

Hubo mal tiempo en estos días que demoraron la llegada de la flota y provocaron incluso que algunos llegaran sin completar la bodega. El “Madre Margarita” por ejemplo entró el jueves pasado con 700 cajones de merluza, casi un tercio de su capacidad, más un poco de calamar y langostino.

Además de los problemas con el clima, el molusco y el marisco, de mejor precio que la merluza, como las rayas, achican el espacio para la hubbsi en bodega. Igual los desembarques de langostino en Mar del Plata, declarados, alcanzaron las 564,5 toneladas hasta el 9 de marzo. El calamar aportado por los fresqueros anda cerca: 524 toneladas y sin la restricción del 20% como by catch que le aplican al langostino.

Es posible que también haya habido barcos que cumplieron los 15 días de suspensión preventiva que les aplicó Pesca tras allanarse y pagar la multa por las imputaciones generadas en la zafra de langostino 2021, y no pudieron aportar su cuota de pescado fresco.

Y no descartemos unas pizcas de especulación. Por una posible corrección de los precios del combustible tras el aumento del petróleo que generó la invasión de Rusia a Ucrania y también por la paritaria 2023 que está discutiéndose por estos días y los gremios se muestran firmes en acercarse al 40% de actualización, solo para el primer semestre. Si bien el acuerdo no se abrochó, el aumento es retroactivo a marzo.

Para los armadores nunca el precio del pescado entero vale lo que creen que debería valer para que la ecuación sea más rentable. Revelan que la demanda cada vez luce más reducida y advierten que así como hay picos que elevan un poco el precio, cuando la oferta de pescado fresco se estabiliza los valores se desploman y hay que vender de manera inexorable al tratarse de un producto perecedero.

Por esta huella irregular e inestable ha transitado por años la industria pesquera marplatense donde los distintos actores han aprendido a convivir con tramos más y menos favorables, más o menos resbaladizos.

Años en que no solo nunca se ha resuelto el alto nivel de trabajo no registrado que existe en el circuito de reprocesamiento, sino que siquiera se han establecido las condiciones mínimas en que pueden/deben funcionar las cooperativas.

Y esa porción de informalidad impacta en toda la cadena productiva porque muchas veces la enorme ventaja que regala la precarización genera las condiciones de competitividad que le cuestan mucho encontrar al sector formal.

Nada de todo esto que ocurre es nuevo y sin embargo y más allá de todos los discursos y funcionarios de turno que pasaron por el área del Ministerio de Trabajo, resolverlo sigue siendo una deuda pendiente que origina tanto asimetrías groseras como una sensación de impunidad y complicidad, sobre todo en algunos eslabones encargados del control, difícil de disimular.


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