Por: lic. y profesora en Psicología Andrea Cecchi – Lic.andrea.cecchi@gmail.com

El apuro, la urgencia, lo rápido, son rasgos altamente valorados por nuestra sociedad. Cada vez son más las personas medicadas para bajar la ansiedad de la vida cotidiana. Vivir estresados se ha tornado en sinónimo de productividad y eficacia. El agotamiento mental y físico parece operar como parámetros de una buena jornada. Quedar exhaustos significa que hicimos las cosas bien.

¿De qué se trata esta “gran corrida” establecida como si viviéramos en una puja bursátil como tantas veces ha ejemplificado el cine estadounidense?. La disponibilidad del tiempo ocioso, o compartido con otros para vivir el presente no es ahora un bien valorado, sino, mas bien la fugacidad de los objetos.

El manual de psiquiatría (DSM IV: nomenclatura F41.1) dice sobre la ansiedad: “La característica esencial del trastorno de ansiedad generalizada es la ansiedad y la preocupación excesivas (expectación aprensiva) que se observan durante un período superior a 6 meses y que se centran en una amplia gama de acontecimientos y situaciones” […] “Los adultos con trastorno de ansiedad generalizada acostumbran a preocuparse por las circunstancias normales de la vida diaria, como son las posibles responsabilidades laborales, temas económicos, la salud de su familia, los pequeños fracasos de sus hijos y los problemas de carácter menor (p. ej., las faenas domésticas, la reparación del automóvil o el llegar tarde a las reuniones). Los niños con trastorno de ansiedad generalizada tienden a preocuparse por su rendimiento o la calidad de sus actuaciones” .(pag. 444)

El estrés como condición de la productividad capitalista.

La definición de estrés en el diccionario dice “Conjunto de alteraciones que se producen en el organismo como respuesta física ante determinados estímulos repetidos, como por ejemplo el frío, el miedo, la alegría, etc.”

Si el estímulo primero es llegar al “éxito” nos encontraremos permanentemente corriendo tras fantasías imposibles de ser concretadas por falta de sustento real. Es decir, el Súper Yo es el compartimento psíquico que contiene todos los “deberás ser”, es el responsable de presionar al Yo para que cumpla con los ideales paternos cualquiera fueran éstos. La célebre frase “siempre faltan 5 pal peso” tiene que ver con este inconformismo innato, que se deduce de la distancia que existe entre la vida real y la imaginada (imposible de ser concretada).

El capitalismo ha encontrado en el Súper Yo la clave del dominio psíquico de las masas. Con el solo hecho de mostrar lo que se “podría tener” para ser feliz, inventó y sigue inventando fórmulas de felicidad adquiribles con dinero y esfuerzo, en resumen, con sacrificio. El Yo, siempre queriendo agradar y satisfacer a su verdugo, “compra” la fantasía suponiendo que hay un lugar final donde llegar y descansar.

Los excesos de estrés y de ansiedad devienen de esta intensión social de asumir que el objeto deseado está en algún lugar y que puede ser alcanzado. Aparecen las carreras contra el reloj, la necesidad imperiosa de producir cada vez más, ya sea la mejor fiesta, el mejor auto, el viaje más largo, saturar a los niños en sus demandas, en arreglar las cosas más rápido. Todo lo que nos rodea, nos insta a acelerarnos para sabernos cerca de la felicidad. Término que usa el mercado para lograr sus metas comerciales sin sufrir consecuencias en su estructura.

El diccionario de psiquiatría responde a esta necesidad diagnosticando y patologizando la “vida cotidiana” que la industria farmacéutica se encarga de reproducir.

La pregunta final entonces es saber si vale la pena tener tanto y correr hacia ningún lugar para alcanzar la nada misma que se reproduce a si misma como agujeros negros, la nada traga a la nada. Lo irremplazable está allí donde no se ve, dentro de cada uno.


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