Por: Roberto Garrone

La industria pesquera marplatense se encamina a transitar el último bimestre del año sólo animada por el cambio de gobierno a partir del 10 de diciembre y expectante de a dónde puede llegar a variar el dólar mañana con los resultados más o menos puestos. Aguanta a 350 como dijo Massa o salta a 500 como dijo Melconian. O se va más lejos si Milei gana en primera vuelta. Somos todo incertidumbre.

Los números de las descargas pesqueras hasta la semana pasada no eran del todo malos en el puerto local. Hasta el 17 de octubre sumaron 295 mil toneladas, 7% menos que en la comparación interanual, pero dominando el escenario nacional, con una ventaja de casi el 150% en relación al segundo, Puerto Madryn, que contabilizó 120 mil toneladas.

La composición de las descargas en Mar del Plata distingue que la merluza hubbsi representó casi la mitad de los desembarques (130 mil toneladas entre el efectivo del sur y del norte) y el calamar casi un tercio (89 mil toneladas). Lo demás, variado costero, principalmente corvina y pescadilla, langostino, anchoíta y magrú.

Las 115 mil toneladas de merluza del efectivo sur representan una merma del 16% con respecto al 2022. Parte de las causas las expuse el domingo pasado, con Liberman, Bravo y Jones promoviendo en distintos roles el crecimiento de las descargas de merluza en Caleta Paula, animada con barcos fresqueros que antes operaban desde el puerto local o con otros que intercalan viajes al sur u operan desde allá en períodos puntuales del año.

Si la merluza ya había perdido una presencia regular durante todo el año en los muelles de Mar del Plata con la migración de buena parte de la flota fresquera de altura a pescar langostino en la temporada de aguas nacionales, la descarga en el sur de barcos con capacidad para almacenar en bodega entre 6 mil y 8 mil cajones de merluza, terminó de alterar el tablero de la industria vinculada al reproceso en tierra.

Hoy las patronal reclama por una reforma laboral que elimine los salarios garantizados que establece el convenio 161/75. Una garantía que, entienden, la pesca de hoy no puede justamente, garantizar a partir de esas fluctuaciones en las descargas a partir del movimiento de la flota hacia otras especies y puertos.

Los fileteros cuentan con una garantía de 3200 kilos por mes. Los peones y envasadoras, que cobran por hora, tienen una cobertura de 184 horas mensuales Los camaristas, por condiciones del propio trabajo, un poco menos porque cumplen turnos de 6 horas diarias. Los registrados en el Anexo Pyme tienen una garantía ligada al salario mínimo vital y móvil. En octubre, 132 mil pesos por mes.

Hoy la industria en Mar del Plata no genera empleo en blanco, entre otras cosas, por esta situación. Cada vez que se jubila un obrero no es reemplazado y si necesitan empleo temporario los frigoríficos utiizan agencias de colocaciones. Les sale más caro que sumar un obrero registrado en el SOIP pero tienen la tranquilidad de terminar la relación laboral cuando bajó el ritmo de producción.

El presidente de CaIPA, Fernando Rivera, apuntó a un esquema parecido al de la UOCRA: empleos temporarios en función de la demanda y con las empresas pagando un fondo de desempleo para los períodos de baja abundancia. Ese aporte debería copiar el de la paritaria para mantener poder adquisitivo.

Obviamente que una reforma laboral debería terminar con la precarización laboral en las decenas de plantas clandestinas que brotan en las calles del puerto. Si gana Milei asomará el interrogante de quién se encargará de controlar y fiscalizar en un estado absolutamente desmantelado. Mucho tampoco hizo para combatir el trabajo en negro el estado omnipresente actual, digamos todo.

En el gremio ni quieren escuchar de una reforma laboral pero no dejan de perder afiliados. Se nota en cada padrón oficial con el que convocan a elecciones. Se van evaporando cual lanchas en la banquina chica.

Dos de los tres candidatos con mayor intención de voto, anunciaron públicamente su intención de aplicar una reforma laboral. Y Massa, por estrategia, seguramente no lo pueda explicitar, pero también la piensa.

Mientras los números de la merluza se mantienen en rojo, en las plantas y frigoríficos donde se reprocesa, los trabajadores efectivos bajo convenio colectivo no solo que en su mayoría son pobres a partir de la inflación que licua sus salarios, sino que deben recibir asistencia alimentaria.

La propia Cristina Ledesma ha reconocido semanas atrás que afiliados al gremio, empleados en reconocidas empresas han recibido bolsones con alimentos no perecederos como aliciente para llegar a fin de mes.

Gaveteco, Apolo Fish, Mattera, Iberconsa, Isola Verde, La Isolana, Moscuzza, Marechiare, Veraz, Mardi, Ostramar, 14 de Julio… Cuando desde Solimeno pidieron para los suyos, el stock de alimentos que se acumula en los pasillos del gremio se había agotado.

Si el desafío del nuevo gobierno es fomentar las exportaciones y alimentar las anémicas reservas del Banco Central, la industria pesquera puede aportar a la causa. Y si se dan las condiciones acoplarse al proceso de transformación de la materia prima en alimentos de excelente calidad.

Para poder cumplirlo no solo necesitan una mejor rentabilidad a partir de un tipo de cambio más competitivo sino políticas que fomenten el valor agregado de la mano de trabajadores que acompañen las ondulaciones de las empresas al acceso de la materia prima.

Buen domingo


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