El pasado viernes 18/05 tuvo lugar en nuestra facultad un panel sobre la despenalización del aborto organizado por la Facultad de Psicología y la Facultad de Ciencias de la Salud y Trabajo Social. Previo al mismo, circuló por las redes una nota en un medio local en la que nuestra Decana, Ana María Hermosilla, difunde dicha actividad y declara que “Para una mujer, abortar es una tragedia, pero se busca evitar que haya más muertes”.

Nos resulta importantísimo realizar una interpelación pública a los dichos de nuestra decana, en tanto, lejos de constituir una declaración particular, son representativos de aquello que desde nuestra institución se promulga y están investidos por la autoridad disciplinar que la Psicología ostenta de cara al conjunto de la sociedad.
Entendemos que las declaraciones de Hermosilla dan cuenta únicamente de la adopción de una intervención “políticamente correcta” en el marco de la actual coyuntura signada por el debate por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito en el Congreso.

Este conjunto de eventos sintetizan la lógica que maneja la gestión de nuestra Universidad en relación a las problemáticas de género en su totalidad y que venimos trabajando por visibilizar y deconstruir desde hace ya bastante.
Porque dar por supuesto que un aborto constituye una tragedia para una mujer, sin hacer ninguna aclaración más al respecto de tal afirmación, es desconocer absolutamente las condiciones que generan un posible malestar subjetivo en las mujeres que abortamos, y señalar como causa de tal malestar la práctica del aborto en sí misma, en vez del hecho de que el mismo se mantenga en el ámbito de la ilegalidad, la clandestinidad y la condena social que existe en torno al aborto y a la ausencia del deseo de ser madre, lo cual deriva en que esta práctica se realice en condiciones de enorme riesgo para la salud y la vida de las mujeres que decidimos atravesar dicha situación.

Es preocupante, asimismo, la generalización en la que incurre acerca de los sentires y experiencias de los cuerpos gestantes que atravesamos un aborto, desconociendo nuevamente aquello que a la luz de múltiples experiencias profesionales y de mujeres observamos: que un aborto realizado en condiciones seguras y dignas, en el que la persona decide de manera libre y autónoma, da como resultado subjetivo un alivio, y no un trauma. Aquí no se trata únicamente de evitar muertes evitables, se trata de reconocer y garantizar nuestro derecho a decidir, a gozar libremente de nuestra sexualidad y a acceder de manera equitativa e integral a la Salud.

Evidencia de ello son las muchas voces que se alzan desde nuestro campo disciplinar, por ejemplo, las expresadas recientemente por Dora Barrancos y Beatriz Janin en el debate en el Congreso, por la carta abierta que hicieron llegar al mismo órgano las psicólogas, psicoanalistas y trabajadoras de la Salud Mental, o las experiencias recuperadas en estudios respecto de la legalización del aborto en Uruguay, entre otros.
Tomamos deliberadamente las palabras de Janin para contrastarlas con los dichos de nuestra decana, señalando que “Lo terrible del aborto en la actualidad es la idea de que se está realizando algo tan prohibido que sobrevendrá como castigo la muerte o la infertilidad. Es la clandestinidad lo que torna traumático el aborto para muchas mujeres. El silencio y el ocultamiento consiguiente. Se ha confundido la pérdida de un embarazo deseado con un aborto elegido. Se ha equiparado embrión con hijo”, y continuando luego: “es central entender que cada mujer es diferente. Argumentar que todas las mujeres que abortan sufren un trauma irreparable es suponer que no somos personas diversas, con historias complejas y en las que los sucesos resuenan de diferentes modos, sino máquinas reproductoras que funcionamos (o deberíamos funcionar) todas igual. Es un tipo de lógica absolutamente autoritaria, en la que se desconoce al otro como semejante diferente y su subjetividad.”

Nos parece crucial interpelar esta clase de discursos y contraponer ante ellos la conclusión que se desprende de los argumentos que hemos esgrimido: la tragedia es la clandestinidad, la tragedia es la condena social que sobreviene porque sigue imperando una lógica patriarcal que coerciona a las mujeres a ser madres para realizarse como tales, independientemente de su deseo.

Abortar es una intervención médica que puede hacerse de manera segura e incluso ambulatoria. Una intervención que, consentida, decidida y realizada correctamente, funciona como garantía de nuestros derechos fundamentales: derecho a la salud, derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, derecho a ejercer una sexualidad plena y libre de miedos, tensiones, o culpas generadas por la posibilidad de un embarazo no deseado.
Por otro lado, no podemos dejar de insistir en el hecho de que un apoyo real, honesto y comprometido a la causa de las mujeres en general, y al derecho al aborto legal, seguro y gratuito en particular, no se agota, ni lejanamente, en los acontecimientos de los que somos testigos y en la modalidad a través de la cual nuestrxs representantes institucionales los llevan a cabo.

Porque la deconstrucción “empieza por casa”, y es necesario informarse de manera crítica y responsable al momento de estar en el lugar de hablar en nombre de nuestra institución y nuestra disciplina.
En tal sentido, exigimos la revisión colectiva de los discursos y las construcciones de sentido de manera integral: exigimos la incorporación real y urgente de la Perspectiva de Género a nuestra formación. Algo que sabemos no está ocurriendo, y que se visibiliza en situaciones diversas, por ejemplo, la falta de organización y respuesta institucional ante los múltiples casos de violencia de género en nuestra universidad, o la falta de actualización de nuestros programas, cuyo más reciente exponente, que ya hemos señalado a la cátedra solicitando su revisión, es el sostenimiento, en la bibliografía obligatoria de Deontología Psicológica (cátedra de la cual la decana es adjunta), de un material del año 2006 en el que se afirma, sin más, que “El carácter radicalmente indisponible de la vida humana se le manifiesta como un deber de conciencia a todo aquel que es todavía capaz de escucharla, y se concreta, en el caso del médico, en el deber absoluto de omitir ciertas conductas esencialmente ilícitas, como el aborto o la eutanasia, cualquiera que sea la persona, la circunstancia o el resultado de esa acción inicua. Hay ciertas acciones que son indignas, que nunca pueden ir en consonancia con el orden humano, por mucho que lleguen a ser “normales” o mejor dicho “comunes”. Resolver los dilemas bioéticos tanto en el ámbito personal como en un trabajo en equipo, es seguir afirmando que por encima de la diversidad profesional y de investigación, por encima de las carencias de cualquier índole -enfermedad, pobreza, indigencia…- se afiance la unidad de lo humano”. (Ficha 4940, “Bioética”, Material de Circulación Interna de la Cátedra, página 9).

O sea, que mientras promocionan una actividad sobre el aborto en el mes en que por séptima vez el proyecto de Ley es presentado en el Congreso, con participantes afines a su sector político, transmiten a las y los estudiantes de Psicología, en la bibliografía obligatoria de nuestras cursadas una postura contraria, en la que el aborto es una acción inicua, indigna, que ninguna persona debe practicar sin importar el motivo.
No queremos extendernos en hechos particulares, pero sí nos resulta crucial señalar que esta situación se añade a una larga lista de eventos que nos confirman que no existe un compromiso ideológico o una voluntad política honesta para deconstruirnos como institución, sino una sucesión de oportunismos y palabras políticamente correctas que sostienen unos posicionamientos lógicos e ideológicos reproductores de aquello que dicen denunciar.
Estamos asistiendo a una revolución que reclama nuestro férreo compromiso en todas las dimensiones de nuestra existencia: como ciudadanas y ciudadanos, como integrantes de la comunidad universitaria, como agentes de la Salud Mental. No podemos permitir que esta cruzada mundial por nuestros derechos, por la justicia y la equidad, se vea ensombrecida por situaciones como las aquí expuestas.

Por todo ello, llamamos a la comunidad toda a ser parte de este proceso. Porque nuestra formación no puede quedar en manos de un reducido grupo de personas que eventualmente gestionan nuestra institución.
Porque sabemos que las transformaciones que buscamos no sucederán de un momento al otro. Pero también sabemos que dependerá su concreción de nuestro esfuerzo, nuestro compromiso, y nuestras voluntades colectivas.
Aprovechamos la ocasión para invitar a todxs nuestrxs compañerxs estudiantes a la Asamblea Estudiantil que estamos convocando desde el CEPs para el próximo martes, cuya orden del día es justamente la erradicación de la violencia de género en la UNMdP, y que proponemos como un espacio de construcción y deconstrucción colectiva y horizontal.
Porque al patriarcado y a todos sus subproductos los erradicaremos entre todxs y desde las bases.

A continuación, compartimos los textos de los que hemos hecho mención en el presente documento:

TRAGEDIA ES LA CLANDESTINIDADAbortus Interruptus. Política y reforma legal del aborto en Uruguay:
http://www.mysu.org.uy/wp-content/uploads/…/11/aqu%C3%AD.pdf
TRAGEDIA ES LA CLANDESTINIDADCarta abierta de Psicólogas unidas por el grito #AbortoLegalYA
http://www.lavaca.org/…/psicologas-y-psiquiatras-unidas-po…/
TRAGEDIA ES LA CLANDESTINIDADIntervención de Beatriz Janin en el Congreso:
https://www.youtube.com/watch?v=qBjUolWrzyQ
TRAGEDIA ES LA CLANDESTINIDADIntervención de Dora Barrancos en el Congreso:
https://www.youtube.com/watch?v=EzxPgZeV9Jw&t=4s

#EducaciónSexualParaDecidir
#AnticonceptivosParaNoAbortar
#AbortoLegalParaNoMorir

MEPs – Movimiento de Estudiantes de Psicología
conducción del
CEPs – Centro de Estudiantes de Psicología.


¿Qué problema hay?

Reparación Pc Computadoras, Notebooks, Laptops. Formateo e Instalación de Windows. Configuraciones y Actualizaciones. ¡ Optimizá y acelerá tu compu !


Wi-Fi más fuerte, negocios más fuertes.

Construimos redes Wi-Fi de alto rendimiento.

Deja un comentario

¿Y vos qué opinas?