La SAP apoya la vacunación contra el coronavirus en adolescentes entre 12 y 17 años

Consideraron prioritario que «la vacunación en la población pediátrica debe comenzar por aquellos niños con comorbilidades que tienen más riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad COVID-19».

Omar Leonardo Tabacco, presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), afirmó que esta asociación médica «apoya la vacunación contra el coronavirus en adolescentes entre los 12 y 17 años empezando por los jóvenes con comorbilidades», al concluir la reunión que sostuvieron con la ministra de Salud Carla Vizzotti.

Tabacco, en diálogo con Télam, explicó que unos 60 profesionales de la SAP sostuvieron un encuentro con la ministra Vizzotti en la que validaron el camino de la vacunación en adolescentes, y emitieron -luego- «un comunicado para la prensa y un ordenador de las recomendaciones y consideraciones para aunar criterios en todas nuestras filiales y regionales».

En total, la SAP se divide en 48 filiales y 9 regiones, y todas estuvieron representadas en la reunión virtual con la ministra, además de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Pediatría, explicó Tabacco a Télam.

En el documento que la SAP emitió, consideró «importante dejar claro su posicionamiento frente al inminente inicio de la vacunación en la edad pediátrica, basándose en los datos publicados hasta el momento en la literatura internacional» acerca de la vacuna de Moderna.

Cabe recordar, al respecto, que en junio de 2021, el Comité de Medicamentos Humanos (CHMP) de la European Medicines Agency (EMA) recomendó otorgar una extensión de la indicación para la Vacuna COVID-19 mRNA (nucleósido modificado) Spikevax® (anteriormente COVID-19 Vaccine Moderna) para incluir el uso en niños y adolescentes entre los 12 y 17 años, y el 21 de julio de 2021 la aprobó para ser usada en este grupo poblacional.

Al respecto, la SAP recordó que «en un estudio clínico Fase 2/3 aleatorizado, controlado con placebo, ciego al observador en el que participaron 3.732 niños de entre 12 y 17 años, se produjo una respuesta de anticuerpos comparable a la observada en adultos jóvenes de 18 a 25 años».

Y agregaron que «no hubo ningún caso de COVID-19 sintomático en el grupo de Spikevax® y 4 casos de COVID-19 sintomático en el grupo placebo».

Por lo tanto, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) consideró que los beneficios de Spikevax en niños de 12 a 17 años superan los riesgos, en particular en aquellos con afecciones que aumentan el riesgo de COVID-19 grave.

A partir de estos resultados, la SAP emitió una batería de consideraciones que distribuyó a la prensa y a sus asociados, y recordó que «la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) deberá expedirse acerca de la seguridad, eficacia y calidad de las vacunas con las que cuenta nuestro país para ser aplicadas en niños, niñas y adolescentes».

Luego, consideraron prioritario que «la vacunación en la población pediátrica debe comenzar por aquellos niños con comorbilidades que tienen más riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad COVID-19».

«Los especialistas podrán determinar patologías infrecuentes o potencialmente graves por las cuales consideren que esos niños deban ser vacunados, individualizando cada caso con el equipo médico tratante. Todo adolescente que cuente con certificado único de discapacidad (CUD) también deberá ser vacunado», agregaron.

Por último, la SAP también explicó que «las vacunas de ARN mensajeros han sido las primeras en ser autorizadas para ser administradas en niños por la Food and Drugs Administration (FDA) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA)», y que «todas las vacunas con las que contamos actualmente contra el COVID-19 son seguras y efectivas».

Sin embargo, advirtieron que estas vacunas «deberán ser administradas -en niños y adolescentes- bajo un estricto monitoreo de seguridad», y que esta población deberá «recibir esquemas completos de vacunación (dos dosis con el intervalo correspondiente al esquema de vacunación de cada tipo de vacuna)».

Por último, la SAP ratificó que «la vacunación pediátrica resulta ser una herramienta valiosa para lograr la inmunidad de rebaño frente a nuevas variantes del virus SARS-CoV2 que presentan mayor transmisibilidad».

Aumentaron los trastornos funcionales en los niños y adolescentes en el marco de la pandemia

Los trastornos funcionales son aquellas dolencias que no tienen un origen orgánico específico, y que mayoritariamente responden a situaciones de estrés que encuentran su forma de expresión en diversos tipos de dolores (de espalda, de tórax, gastrointestinales o cefaleas, entre otros). Desde la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) manifestaron que a causa de la pandemia han aumentado notoriamente este tipo de trastornos en los niños y los adolescentes.

La Sociedad Argentina de Pediatría alertó sobre un aumento de los trastornos funcionales en los niños, niñas y adolescentes a causa del aislamiento motivado por la pandemia. Dolor abdominal recurrente, cefaleas, dolor en miembros inferiores, en la zona del tórax, son algunas de las manifestaciones que, sin tener un origen orgánico específico, aparecen y desaparecen como respuesta del organismo ante situaciones crónicas de estrés.

“Cuando las situaciones de estrés no pueden ser verbalizadas suelen expresarse con síntomas como dolor, sin una lesión orgánica demostrable. A esto se le llama ‘síntomas funcionales’. Cuando son intensos y afectan la actividad diaria (como comer, dormir, jugar o aprender) se convierten en trastornos y suelen motivar la consulta médica. Algunas familias presentan una mayor tendencia a tener síntomas funcionales”, explicó el Dr. Juan Pablo Mouesca, médico pediatra, psiquiatra infanto-juvenil, miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

“En los niños, niñas y adolescentes, se observan las llamadas quejas somáticas o síntomas funcionales, que es la forma en que el cuerpo expresa lo que se siente. Los chicos tienen inmadurez de su aparato psíquico, están en etapa de continuo desarrollo y viven cotidianamente exigencias, retos y necesidades. Ante situaciones de stress utilizan sus recursos para afrontarlas, siempre apoyados en el sostén de sus figuras de apego y es importante la contención de los padres y pediatras y que estén atentos y puedan observar esas manifestaciones y ofrecer apoyo para resolverlas”, sostuvo la Dra. Ángela Nakab, médica especialista en Pediatría y Adolescencia, miembro de la SAP.

La Guía ‘Impacto emocional en pandemia – Guía de recursos para la contención emocional de chicas y chicos de 6 a 12 años’, elaborada por la Secretaria de Niñez Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación , afirma que tanto el ‘Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio’ (ASPO) como el ‘Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio’ (DISPO), constituyen ‘una situación profundamente compleja, que afecta nuestra salud, nuestro trabajo, nuestros vínculos, nuestras rutinas y cuidados –entre muchas otras variables– y tienen un fuerte impacto en los estados emocionales de niños, niñas, adolescentes y personas adultas’.

Entre los cambios profundos en nuestra vida cotidiana, señala la pérdida de las rutinas habituales, la escolaridad desde el hogar, la restricción de los encuentros presenciales, personas adultas sobrecargadas de tareas o preocupaciones, la intensidad de la virtualidad y el encuentro cercano con los contagios por Covid-19, y les adjudica un rol protagónico en el impacto del estado emocional que sufren los niños.

“La incertidumbre, los problemas económicos, el desempleo, la enfermedad por Covid-19, el duelo por fallecidos, la falta de contacto físico con familiares y amigos y el trabajo dentro de la casa son factores que afectan a todo el grupo familiar”, sostuvo la Dra. Marta Chorny, médica pediatra, miembro del Comité de Medicina Ambulatoria de la SAP.

“Paralelamente, los cuidadores presentan menos capacidad de contención para los niños, y estos tienen menos lugares donde ser contenidos: las escuelas, los centros de primera infancia, clubes y lugares religiosos no se encuentran disponibles para el encuentro o lo hacen de manera reducida”, agregó el Dr. Mouesca.

Pero, por otra parte, la propia pandemia limita los recursos para la atención de estos cuadros: los centros de atención de la salud y los hospitales se acondicionaron y ponen el foco en la atención de los contagios por Covid-19 en detrimento de la atención general; los centros de atención de salud mental no atienden en forma presencial o lo hacen de manera espaciada y, a la vez, son pocos los lugares de atención psicológica.

Incluso, los programas de intervención en terreno -o sea los que concurren a los domicilios- y los organismos de protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes (NNyA) como las defensorías zonales o los servicios locales de protección de derechos, en contados casos mantienen una atención presencial. En conclusión: hay más factores estresantes, pero menos lugares adonde esa demanda pueda ser escuchada y atendida adecuadamente.

Los conflictos intrafamiliares y de la familia ampliada, dificultades en el aprendizaje y conflictos en las relaciones con sus pares están implicados y son los desencadenantes de los trastornos funcionales. En otros, se detecta maltrato infantil, violencia de género de la cual los niños son testigos y abuso sexual. Estas situaciones aumentaron en la pandemia y las quejas somáticas son una forma de presentación frecuente. El riesgo de no abordar cuáles pueden ser las causas que llevan a estos trastornos profundizará los malestares y padecimientos, alterando la calidad de vida, los vínculos, la escolaridad y las relaciones del niño con su familia.

Para la Dra. Rut Vanesa Mariñas, médica pediatra del Comité de Estudio Permanente del Adolescente (CEPA) de la SAP, “es necesario que estas afecciones sean tratadas. Los adolescentes que padecen dolores inespecíficos crónicos como cefaleas frecuentes, dolores en todo el cuerpo, gastrointestinales, en las articulaciones, entre otros, asociados o no a algún trastorno psicológico (como depresión, ansiedad, angustia, hipocondría) deben consultar al médico de adolescentes y ser abordados por un equipo interdisciplinario, el que tomará en cuenta la salud integral del paciente en sus aspectos biológicos, psicológicos y sociales; solo así se puede dar respuesta a este tipo de patologías”.

“Los trastornos funcionales en la infancia y adolescencia se manifiestan como una queja presentada por los pacientes para la que no se encuentra explicación orgánica y donde no hay un daño físico evidente. La presentación varía con las edades, en la primera infancia es más frecuente el dolor abdominal recurrente, algo más tarde la cefalea y en la adolescencia se agregan el insomnio y la fatiga. Son todos síntomas que vemos con mucha frecuencia en la práctica clínica diaria”, expresó la Dra. Raquel Sanguinetti, pediatra del Comité de Medicina Ambulatoria de la SAP.

Para realizar un diagnóstico de trastorno funcional se requiere de una adecuada evaluación de la historia clínica ampliada del niño, un buen examen físico, recabar datos semiológicos y búsqueda de signos de alarma. Esto orientará al pediatra en el diagnóstico de una enfermedad orgánica o un trastorno funcional o de ambas condiciones.

En lo que todos los especialistas consultados coinciden es en que, más allá de que en la mayoría de las ocasiones se desconoce la causa que origina el trastorno funcional, lo cierto es que los chicos sufren y ven alterado el desarrollo de sus rutinas diarias.

El dolor no es inventado, lo sienten. Y los dolores se presentan en un amplio espectro: desde leves, universales y transitorios, hasta graves, raros e incapacitantes. Sin embargo, aconsejan a los padres no caer en el error de atribuir cualquier tipo de dolor a estos trastornos, sino consultar al pediatra, quien determinará si es algo puramente funcional o si requiere la realización de estudios para descartar otras condiciones médicas.

Desde la Sociedad Argentina de Pediatría recomiendan a los padres y allegados, fundamentalmente, acompañar y sostener al niño, además de la visita al pediatra de confianza: dar lugar a la escucha, hablar sobre las emociones, limitar el uso de pantallas, promover el juego, las actividades físicas deportivas y recreativas. Estimular los espacios de diálogo y el tiempo compartido con el grupo familiar. Reforzar la autoestima, tener cuidado con las críticas de desvalorización y con las conductas rígidas en la crianza y evitar la sobreprotección que lleva a la dependencia, promoviendo, la autonomía progresiva del niño, niña o adolescente.

Los niños y adolescentes «no son especiales transmisores ni receptores del virus», sostiene la SAP

La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) sostuvo que «los niños, niñas y adolescentes no son especiales transmisores ni receptores del virus», en un comunicado emitido para aclarar las «verdades y enigmas» de la pandemia de coronavirus.

La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) sostuvo que «los niños, niñas y adolescentes no son especiales transmisores ni receptores del virus», en un comunicado emitido para aclarar las «verdades y enigmas» de la pandemia de coronavirus.

Entre las «verdades» que «el transcurso del tiempo y la evidencia científica nos han enseñado», la SAP mencionó que los niños, niñas y adolescentes en su gran mayoría cursan la enfermedad de una forma «benigna», siendo «muy bajo el porcentaje de formas graves, las que ocurren especialmente en pacientes con morbilidades previas».

El testeo masivo y seguimiento epidemiológico con el aislamiento de los positivos y «la menor circulación de la población general es otra medida de atenuación comunitaria efectiva», se agregó en el comunicado.

A la vez que la SAP afirmó que «la única forma de poner fin a este estado de crisis sanitaria y social es con vacunación masiva», recordó que «la menor circulación de la población general es otra medida de atenuación comunitaria efectiva».

En cuanto a la presencia de chicos y chicas en el aula, la organización afirmó que trabajando con los protocolos adecuados es un «lugar seguro, con un muy bajo índice de contagios, con cifras cercanas al 1% en todos los actores escolares».

La SAP afirmó: «No se trata de un debate binario «presencialidad Sí o presencialidad NO» al expresar que «el verdadero trabajo que compromete a las autoridades sanitarias, educativas y sociedades científicas participantes, es generar las mejores condiciones educativas, de contención, socialización y asistencia alimentaria de nuestra población escolar a todos los niveles, especialmente en los sectores sociales más vulnerables».

En esta dirección, la Sociedad Argentina de Pediatría expresó que «el aislamiento social prolongado en los niños, niñas y adolescentes tiene serias consecuencias emocionales y físicas en todas las edades escolares».

Coronavirus en la infancia: medidas de prevención para el aula

Ante el inicio del ciclo escolar y la situación creada por los casos de coronavirus en nuestro país, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) difundió medidas de prevención para manejar el tema con los niños, con el objetivo de promover conductas saludables y no transmitirle miedo a los más chiquitos.

Ante la aparición de casos de coronavirus en nuestro medio, desde la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) compartieron una serie de recomendaciones que, si bien están dirigidas especialmente a los docentes y los establecimientos educativos, aplican para cualquier ámbito de concurrencia infantil, como clubes, encuentros familiares y otros.

“Ante todo, cualquier niño con algún síntoma de enfermedad respiratoria (fiebre, tos o resfrío intenso) no debería concurrir a la escuela porque puede ser una fuente potencial de contagio de cualquier virus, no solo del coronavirus. Si el niño viajó recientemente a un país con transmisión local de casos se recomienda que espere 14 días desde su regreso a la Argentina para insertarse en el ámbito escolar y social, recomendación que es extensible a todo el personal del establecimiento”, manifestó la Dra. Gabriela Ensinck, médica infectóloga, Secretaria del Comité de Infectología de la SAP.

“Si el docente nota síntomas respiratorios en el niño, es conveniente que se comunique con sus padres o cuidadores para que lo pasen a buscar por la escuela, recomendando que lo lleven a la consulta médica al centro asistencial más cercano. Si el niño tiene antecedentes de viaje reciente a zona activa de circulación del coronavirus, en lo posible no concurrir a guardias ni centros asistenciales si el estado de salud del niño es bueno, y si reside en la Ciudad de Buenos Aires ponerse en contacto con la línea gratuita 107 dispuesta a este fin”, afirmó por su parte la Dra. Ángela Gentile, también infectóloga pediatra de la SAP y miembro del Comité de Expertos de la Ciudad de Buenos Aires y de la Nación. “Otro punto importante es tener las vacunas al día, especialmente la vacuna antigripal en temporada invernal”, agregó.

Las especialistas coincidieron en reforzar la recomendación de consejos saludables en los más chiquitos, como lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos o con alcohol en gel; cubrirse la nariz y boca con el pliegue del codo al toser o estornudar y no tocarse la boca, ojos y nariz sin previo lavado de manos; evitar contacto cercano con personas con síntomas gripales y, en línea con las recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), no compartir vasos, platos u otros artículos de uso personal y limpiar y desinfectar los objetos y las superficies que se tocan con frecuencia.

Según la información actual disponible, el período estimado de incubación de la enfermedad por coronavirus es de entre 1 y 12 días, es por ello que se recomiendan 14 días de observación luego de haber estado en contacto con un posible infectado o bien con un contacto de un caso confirmado. El contagio se produce por contacto o bien a través de las gotas que la gente expulsa al hablar, toser o estornudar; el virus puede vivir unas horas sobre una superficie, lo cual refuerza la recomendación del lavado de manos. Con respecto a los ‘barbijos’ los expertos coinciden en que su indicación es exclusiva para las personas enfermas (para evitar la propagación del virus) y para proteger al personal de salud.

La expresión clínica de la enfermedad suele incluir un espectro amplio de signos y síntomas. Hay formas leves que se presentan con fiebre, tos, malestar general y secreción nasal (moqueo); y otras formas graves con compromiso pulmonar como neumonía, caracterizadas por dificultad para respirar y aumento de la frecuencia respiratoria. El 80% de los casos son leves o moderados. Como todo virus respiratorio, podría esperarse una mayor circulación del coronavirus (COVID-19) en nuestro territorio para la época invernal: este tipo de virus replica mejor con frío y humedad. Por otra parte, las situaciones de hacinamiento facilitan la transmisión.

“Eso nos da una oportunidad para hacer docencia, sobre todo en los más chiquitos, no para crear alarma y preocupación, sino por el contrario para que estén tranquilos, preparados e informados y nos da un tiempo muy valioso para implementar acciones con el fin de evitar que el virus llegue a tener circulación local, intensificando las tareas iniciadas en esta fase de contención que estamos viviendo actualmente, afirmó por su parte la Dra. Elizabeth Bogdanowicz, médica infectóloga pediatra, también perteneciente al Comité de Infectología de la SAP.

“Hasta ahora todo indica que los niños son un grupo menos afectado (aproximadamente 3% de los casos) y que los cuadros más severos se concentran en los mayores de 60 años y en aquellos individuos con enfermedades respiratorias preexistentes, pero es recomendable esperar para tener un panorama más completo de la situación respecto del comportamiento del virus”, agregó la Dra. Ensinck.

Como es posible que este virus circule conjuntamente con el de la gripe y con las infecciones por la bacteria neumococo, para disminuir la posibilidad que los síntomas se presten a confusión se recomienda que los niños tengan al día la vacuna antigripal, en los casos que corresponda, y la antineumocócica.

Recomendaciones de vacunación antigripal en niños y embarazadas:

·         Niños de 6 a 24 meses: 2 dosis separadas por un mes

·         Niños de hasta 24 meses ya vacunados el año anterior: 1 dosis

·         Niños mayores de 24 meses con factores de riesgo: 1 dosis

·         Embarazadas: 1 dosis en cualquier mes de gestación

·         Puérperas: hasta los 10 días posteriores al nacimiento si no hubieran recibido la vacunación durante el embarazo

Mientras que para la vacuna antineumocócica, se prevén 2 dosis a los 2 y 4 meses, y una dosis de refuerzo entre los 12 y 15 meses. En todos estos casos mencionados las vacunas son gratuitas y obligatorias, dado que están incluidas en el calendario nacional de inmunizaciones.

“Es fundamental tener en cuenta todos los aspectos referidos a lo infectológico, pero también hay que considerar que la infancia es una etapa particular de la vida, siempre basada en el cuidado permanente a cargo de los adultos. Por eso es tan importante la contención que tiene que ver con lo emocional, tratando de promover hábitos saludables pero sin generar miedos, ansiedades, angustias. Hay que recordar que tanto los padres como los docentes son la base de confianza de los chicos y que hay que explicarles que esta es una situación real pero que, con medidas de prevención, de cuidados especiales, se puede afrontar sin generar estrés en la infancia. Para esto recomendamos promover modelos de hábitos saludables y tener en cuenta la cultura de la prevención y no la del miedo. Los adultos somos los responsables del cuidado de los niños y las niñas, acompañándolos, mostrándoles información acorde a la etapa evolutiva del desarrollo y la capacidad de comprensión de acuerdo a la edad en que se encuentre cada uno de los chicos, cuidándolos y sobre todo conteniendo la ansiedad que esto puede generar. Somos los adultos los que vamos a mostrar un modelo saludable para afrontar una situación que en general está estresando a toda la población”, concluyó la Dra. Ángela Nakab, médica especialista en Pediatría y Adolescencia, miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría.

Alarma la cantidad de siniestros de tránsito que afectan a niños y adolescentes

constituyen la primera causa de muerte y secuelas en niños y jóvenes. Preocupación de la Sociedad Argentina de Pediatría.

‘El principal motivo que contribuye a que los niños se lesionen o sean víctimas fatales en los accidentes de tránsito es que son trasladados de manera insegura en automóviles o motocicletas’. Es una afirmación de los especialistas de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) ante la gran cantidad de siniestros viales que afectan a niños y adolescentes.

Según cifras oficiales, en Argentina en el año 2017 se produjeron 5.420 fallecimientos por siniestros viales, de los cuales 324 (6%) correspondieron a niños menores de 14 años. Además, según estadísticas preliminares del Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV), en 2019 el 39,3% de las muertes se dio en la franja etaria de entre 16 y 30 años y el 43,5% de los siniestros correspondió a conductores de entre 17 y 30 años. En cuanto al horario de ocurrencia, 1 de cada 3 (34,5%) se originó entre las 6 am y las 12 del mediodía.

Si bien la mayoría de los eventos se da en zonas urbanas, son las áreas rurales las que se llevan el mayor porcentaje de decesos: 61,9%, mayoritariamente debido a que el exceso de velocidad en las rutas incrementa el grado de siniestralidad de los accidentes. Comparando 2019 con 2018, el propio ISEV reporta un aumento del 29,2% de los siniestros, con un 4% más de mortalidad y un 12,8% más de morbilidad (lesiones).

Las lesiones por accidentes de tránsito constituyen la primera causa de muerte y secuelas graves en niños y jóvenes. Al menos un tercio de estos niños viajaba en automóviles. Los SRI (Sistema de Retención Infantil), también conocidos como ‘sillitas’ o ‘huevitos’, son de uso obligatorio y ofrecen un elevado nivel de protección en la prevención de las muertes por tránsito. Reducen las defunciones de lactantes un 71% y las de niños pequeños un 54%. Son estructuras diseñadas especialmente para ser ancladas a los asientos del vehículo que proporcionan gran inmovilización y sujeción, representan un método confiable en términos de seguridad pasiva y son el mejor seguro de vida para un pasajero menor de edad. Estos se deben elegir según la altura, peso y edad del niño.

Todo niño cuya estatura no supere el metro y medio de altura, debe usar un sistema de retención infantil (SRI). En Argentina según la Agencia Nacional de Seguridad Vial -en promedio en todo el territorio nacional- sólo el 50 % de los niños menores de 4 años utiliza el SRI”, afirmó el Dr. Lucas Navarro, médico pediatra, miembro del Comité de Prevención de Lesiones de la SAP.

Una investigación llevada a cabo por el Observatorio de Seguridad Vial de la Agencia Nacional de Seguridad Vial encontró que las principales barreras que inhiben los comportamientos seguros en torno al traslado de niños son de diferente naturaleza. En lo que refiere al traslado de niños en vehículos de 4 ruedas, el nivel de desprotección se encuentra relacionado con a) la asimetría informativa (falta de información respecto de la existencia de los Sistemas de Retención Infantil (SRI) para los más chiquitos, b) la ausencia percibida de control sobre la forma de traslado, c) el acceso limitado a los SRI por parte de determinados sectores de la población, y d) la permisividad paterna o materna (los padres dejan que sus hijos no usen SRI porque a los niños les molesta o no les gusta viajar en la silla).

La Academia Americana de Pediatría recomienda lo siguiente: todos los menores de 13 años deben viajar en el asiento trasero; todos los niños deben viajar en un SRI mirando hacia atrás hasta la edad de 2 años o hasta alcanzar el peso y la talla máximos permitidos por el fabricante del dispositivo; todos los niños desde los 2 años o los menores de 2 años que han superado el límite de peso y altura máximo del SRI, que se usa mirando hacia atrás, deben utilizar un SRI mirando hacia adelante (con sistema de arnés) hasta alcanzar el peso o la altura máximos sugeridos por el fabricante; todos los niños que superen el límite del SRI que se utiliza mirando hacia adelante deben utilizar dispositivos elevadores hasta que el cinturón provisto por el automóvil se ajuste adecuadamente. Esto se logra mayoritariamente en los niños que alcanzan la estatura de 150 cm, o entre los 8 y los 12 años de edad.

Con relación al traslado inseguro de niños en motocicletas, el trabajo registró la presencia de las siguientes barreras: existencia de una red de transporte público deficiente que exige a los padres resolver los traslados de manera alternativa; la oferta insuficiente de cascos para niños; la baja percepción de los riesgos asociados a estos modos de traslado; y algunos sesgos cognitivos como la omnipotencia y el exceso de confianza de los padres.

“Esta última barrera refiere a la creencia de los padres en sus propias habilidades para mitigar los riesgos a través de mecanismos poco seguros como, por ejemplo, llevarlos adelante en la posición del conductor. Por otra parte, se detectaron barreras como la permisividad paterna o materna (a los niños les gusta viajar en la moto y los padres les dan el gusto) y la ausencia percibida de controles en la materia”, refirió por su parte el Dr. Osvaldo Aymo, médico pediatra, Ex Secretario del Comité de Prevención de Lesiones de la SAP.

Con respecto a los adolescentes y jóvenes, estos son más propensos a presentar comportamientos riesgosos en el tránsito que otros segmentos etarios por su inmadurez física y emocional, el proceso de formación de identidad, los estilos de vida asociados a la juventud, la presión de sus pares, el comportamiento impulsivo y la búsqueda de emociones. Los adultos tienden a tomar mejores decisiones que los jóvenes porque consideran más opciones, riesgos y consecuencias.

En opinión de la Dra. Melisa Giovanini, también pediatra del Comité de Prevenciones de la Sociedad Argentina de Pediatría, “en general, los jóvenes se encuentran particularmente dispuestos a asumir naturalmente más riesgos que el resto de la población, quizás sin siquiera ser conscientes de ello. En este contexto, las sustancias psicoactivas -entre las cuales se destaca el alcohol por su elevada prevalencia en la población- constituyen un medio que potencia los resultados negativos de esas conductas riesgosas”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica a la conducción bajo los efectos del alcohol como uno de los factores de riesgo intervinientes en la problemática de la siniestralidad vial, señalando que conducir bajo tales efectos aumenta la probabilidad de ocurrencia de un siniestro y de que éste termine en muerte o traumatismo grave.

“Además, la utilización del celular es un objeto distractor que interfiere en la atención en el tránsito, y el uso de auriculares disminuye la percepción de cualquier señal sonora y contribuye a la desconcentración”, completó el Dr. Navarro.