España se mantendrá firme, no se abrirá a hablar con la Generalitat y optará por la vía de los tribunales

Noticias de España y Cataluña

 

Lo aseguró la vicepresidente del gobierno español en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, para quien “el proceso sólo redunda en la propia melancolía”

Sólo un día después de que el Parlamento de Cataluña aprobara nuevas resoluciones para concretar la hoja de ruta prometida y la fecha del referéndum para 2017, la máquina del tren de “cercanías de La Moncloa” arrancó con fuerza ya que la abogacía del Estado comenzó a estudiar el texto para aconsejar el gobierno de Mariano Rajoy de cómo hacerle frente. La vicepresidenta del gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, considera que el proceso independentista “sólo redunda en la propia melancolía porque España se mantendrá firme, no se abrirá a hablar con la Generalitat y optará por la vía de los tribunales”.

Con el habitual tono amenazador agregó que “la legalidad es muy clara, si se siguen repitiendo los errores del señor Mas, el Estado de Derecho seguirá actuando como le corresponde. Si se continúa con la hoja de ruta, que ha quedado desacreditada y deslegitimada en múltiples ocasiones, la respuesta será la misma. Es volver una y otra vez, para mantenerse en el gobierno, repitiendo la letanía del referéndum, cuando en Cataluña hay muchos problemas que no se están gestionando “sentenció.

El gobierno español aprovechó para recordar que nunca llegarán a un acuerdo, basándose en el absurdo de que “en cuestiones de autodeterminación la soberanía es de todos los españoles y eso sería vulnerar la legalidad constitucional”. Sobre si se debían dar vías políticas al asunto y no tanto judiciales, la vicepresidenta consideró que “el Tribunal Constitucional dejó en claro qué se puede hacer y qué no se puede hacer. Las resoluciones de los tribunales se deben acatar, no están del lado de nadie, sino del lado de todos”.

Finalmente, ha tenido el descaro de decir que “el proyecto de independencia sólo es un intento de Juntos por el Sí para mantener contenta a la formación anticapitalista (por la CUP)”, dejando además entrever que la coalición no estaría de acuerdo con la independencia y que “sólo pusieron en marcha este proceso para esconder la cabeza bajo el ala y evitar ocuparse de los problemas reales que afronta Cataluña”.-

División en el Partido Popular entre intentar formar gobierno ya o ir por terceras elecciones

La duda es cómo garantizar la abstención del PSOE – Las declaraciones de Rajoy calificando de “disparate” a una nueva convocatoria electoral no aclaran el panorama

Hay un debate intenso en el seno de la dirección del Partido Popular (PP) español sobre la estrategia a seguir en medio de la crisis que ha trastornado al principal partido de la oposición. Según pudo saber Nació Digital, la cúpula se debate entre garantizar la abstención del PSOE de cara a la investidura –como todo indica que está al alcance tras la dimisión de Pedro Sánchezo forzar unas terceras elecciones. En este caso, sabiendo que el PP jugaría con ventaja y cogería a los socialistas en una situación de extrema debilidad.

La tentación es grande. Desde el 20-D, el PP no ha hecho más que mejorar su situación. Por el contrario, el PSOE fue arrastrando una grave crisis interna que tuvo su expresión en la política de pactos. La caída de Pedro Sánchez el 1º de octubre, en la última sesión del comité federal, se atribuyó al bloqueo de la política española y al empeño del secretario general en el “no es no” a Mariano Rajoy.

Dentro del PSOE, muchos consideraron que con la salida de escena de Sánchez, se había encontrado la solución y se había encarrilado el camino hacia la abstención, una abstención técnica, que facilitaría de alguna manera la investidura de Mariano Rajoy sin comprometerse a más. La sorpresa llegó por las declaraciones de algunos dirigentes del PP que, ante el derrumbe socialista, exigen más “contrapartidas”. Rafael Hernando, el portavoz del PP en el Congreso, declaró el miércoles que había que garantizar la estabilidad porque no era suficiente permitir la formación de un ejecutivo, sino que el PSOE debía comprometerse en apoyar los presupuestos y las leyes más importantes.

La derrota del PP en el pleno del martes en el Congreso en la votación de proposiciones de ley contra la cadena perpetua revisable y la LOMCE alimentó las voces que en el seno de la dirección del PP propugnan estos días no facilitar las cosas a la comisión gestora que gobierna el PSOE.

Dos caminos enfrentados

Rajoy tiene ante sí dos líneas estratégicas: Por un lado, un sector duro –el de Rafael Hernando– que cree que nunca tendrán al PSOE en una situación de debilidad como el actual. Unas terceras elecciones allanaría el camino para una mayoría clara del PP y dejaría a los socialistas desatinados y fragmentando aún más el bloque de izquierdas. ¿Qué partido dejaría pasar una oportunidad como ésta? Además, sería posible venderlo en el exterior.

El valor de la estabilidad se entiende en Europa y en los mercados, y un escenario con una investidura lograda de forma agónica y con un gobierno que va perdiendo votaciones importantes podría ser peor que ir directamente a unas terceras elecciones. ¿Cómo? Exigiendo al PSOE cosas que no podrá aceptar. Sobre todo porque la nueva dirección socialista mira de reojo los movimientos que pueda hacer el todavía presente Pedro Sánchez. Pasar del “no es no” a un acuerdo de Legislatura sería excesivo, incluso para algunos barones.

Por el contrario, un sector más institucional del PP cree que hay que evitar a toda costa unas terceras elecciones. Son los que afirman que a una convocatoria como ésta la carga el diablo, que conviene al sistema español un PSOE que resista el embate actual, que un Podemos reforzado sería un riesgo y, sobre todo, que nunca se sabe lo que podría surgir de unas urnas llamadas por tercera vez en un año. Dentro del PP también hay voces que son del todo contrarias a debilitar aún más el sistema bipartidista surgido de la transición. Las declaraciones de este jueves de Mariano Rajoy, insistiendo en que lo importante es asegurar la investidura parecen indicar que se impuso el ala prudente del PP. Pero no hay un criterio unívoco y las semanas que vienen pueden deparar sorpresas.-

Si el PP insiste en amenazar con terceras elecciones, el PSOE debería aceptarlas

Por Ramón Cotarelo

Llevamos meses atascados en una situación inverosímil. Nadie forma gobierno. Nadie puede formar gobierno. Casi parece que no lo quisieran. Diez meses sin legislar, con un gobierno en funciones que se niega a responder por sus actos (por lo demás, bien pocos y destinados a Cataluña) y una administración paralizada al extremo de que ni había provisto los fondos para el premio Cervantes. Y todo eso en medio de una crisis que ya es crónica, de una actividad judicial a causa de la corrupción sistémica abrumadora y de un conflicto institucional en Cataluña de consecuencias imprevisibles.

A la hora de regodearnos con nuestro excepcionalismo negativo, nuestra incapacidad para organizarnos, nuestro triste sino de soportar gobiernos ineptos y/o corruptos, conviene recapacitar sobre la impactante imagen de portada de El País y su información: Italia ha rescatado 11.000 migrantes en 48 horas. Esto es un desastre y el mundo está muy mal. En gran medida por culpa nuestra, de Europa y de Occidente en general y, encima, cada vez lo hacemos peor. Da un poco de vergüenza, la verdad, ocuparse de nuestros pequeños enredos cuando se ven tragedias de esta magnitud. Pero seguimos en ello, como si nada más importara. Hasta que empiece a importar.

La crisis del PSOE es descomunal. Fernández está hablando con Rajoy sobre la abstención. Es un Blitz en el que se enfrenta siempre al adversario con los hechos consumados. Cuando la militancia quiso darse cuenta, ya se había quedado sin secretario general (SG). Ahora, antes de que pueda reaccionar, se pretende que el gobierno de Rajoy sea un hecho por abstención del PSOE. Les corre prisa.

Con razón. Además de las noticias sobre bajas a montones en la militancia, está organizándose una fuerte resistencia interna. Se recogen firmas sosteniendo el NO es NO y pidiendo primarias. El alcalde de Jun, José Antonio Rodríguez, que es un as en las redes sociales, tiene miles de firmas de apoyo a Pedro Sánchez. Es un movimiento sano de la militancia que aún permanece y que merece triunfar. La “Comisión Gestora” del PSOE, cuya legitimidad está en entredicho, tiene que atender a ese estado de ánimo de las bases. No puede actuar como ejecutora de un designio tramado a espaldas del partido y mantenido por la fuerza y la ocultación. Sin duda los conjurados en favor de la abstención piensan que están salvando a la Patria por encima de banderías y partidos. Pero esa es una opinión como otra cualquiera que no debe imponerse por conspiraciones palaciegas.

Para mayor bochorno, los “gestores” (que son todo menos gestores pues no gestionan nada sino que toman decisiones de largo alcance) se encuentran en una posición ridícula a fuer de desairada desde el momento en que el PP no necesita ya la abstención de los socialistas. Al haber defenestrado al SG, el PSOE se cierra al recurso a unas terceras elecciones y ya solo le queda abrir paso al gobierno de la derecha. La abstención no es una posibilidad, sino una necesidad. Hace falta ser inútil para colocarse voluntariamente en esa situación. Y produce bastante indignación ver como ese señor Fernández, elegido por un golpe de mano, acude a La Moncloa a entregar cinco millones de votos al mismo gobierno contra el que esos votos se depositaron. Es una claudicación y una venta desvergonzadas. Es el fin de un viejo partido.

Porque el PP lo deja meridianamente claro: la abstención no basta; hay que colaborar activamente con la derecha en lo que haga falta, garantizar la estabilidad. Es una cuestión de confianza y, si no la hay, ya se sabe, vamos a terceras elecciones. Confianza, en efecto, es la palabra. Lo ha sido en los últimos años. Nadie confía en nadie. El PP pide lo que él no da. Y se lo pide al PSOE en donde acaban de tumbar al SG porque los barones y el patriarca González no se fiaban de él. En Ciudadanos, la confianza se regala sin tasa ni tino, aquí y allí, lo que demuestra lo que se la valora. En Podemos, por el contrario, la confianza no se da porque no se sabe qué es. Está supeditada al triunfo y, por lo tanto, no existe.

Ocurre lo mismo con las instituciones. El conflicto entre España y la Generalitat catalana –que es la razón del giro copernicano del PSOE en relación al PP– está alimentado por una desconfianza mutua profunda. La Generalitat no se considera parte del Estado y el Estado no está dispuesto a reconocer a la Generalitat más competencias que las que emanen del Estatuto interpretado por el Tribunal Constitucional.

Cuestión de confianza también la que empieza a apuntar en el socialismo en la fractura entre el PSOE y el PSC. Este presenta una iniciativa parlamentaria por la que se propone una reforma de la Constitución para hacer de España una federación plurinacional con reconocimiento de los derechos históricos. Es, desde luego, mucho más de lo que el PSOE puede deglutir y, además, es muy ilusorio. La reforma federal de la Constitución no tiene mayoría probable pero, aunque la tuviera, tampoco está claro que la fórmula sea compatible con la monarquía. Especialmente en Cataluña, en donde hay una aspiración a la República.

Si el PP insiste en amenazar con terceras elecciones, el PSOE debería aceptarlas. Las elecciones no son algo diabólico sino un buen procedimiento para adoptar decisiones colectivas. Lo único que tienen que hacer los socialistas para contrarrestar la amenaza es presentar a Pedro Sánchez como candidato. La cuestión es si se atreve, porque esa candidatura tendría algo de plebiscitario al dar vía libre al candidato. Este podría hacer suya la fórmula propuesta por el PSC. Algo es algo. Al menos en España porque en Cataluña, esa no funciona por anticuada. España está en una crisis constitucional y es inútil querer atajarla con maniobras de salón.-

Desayuno informativo en Madrid: Puigdemont explicó la hoja de ruta independentista

A la charla asistieron nueve embajadores – El presidente de la Generalitat invitó al Estado español a “hacer política y sentarse a pactar la fecha y la pregunta del referéndum”

                        Carles Puigdemont este lunes en Madrid (Foto ACN).

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, invitó al Gobierno español a “hacer política y acordar conjuntamente las condiciones del referéndum, en lugar de llevar las reivindicaciones catalanas a los tribunales”. El desafío fue formulado este lunes en Madrid durante un desayuno informativo organizado por la agencia de noticias Europa Press, pocos días después de que el Parlamento decidiera que se convocará un referéndum –pactado o no con el Estado– a más tardar a fines de septiembre de 2017.

En su intervención, el jefe del ejecutivo catalán aseguró que “guste o no”, la demanda política de Cataluña “es una realidad que no cambiará” hasta que no se solucione, para luego subrayar que esta solución debe ser “política y no judicial, porque hay que hacer política y la política se hace en los Parlamentos, no en los juzgados”. Criticó, además, que el Gobierno “lo fíe todo a fiscales y jueces, e incluso a policías corruptos”. En este mismo sentido, apuntó que “cuando la situación española despierte de su bloqueo inicial la propuesta catalana seguirá todavía allí porque tenemos una invitación permanente al diálogo”.

Insistió luego en que su gobierno está dispuesto a negociar el referéndum, lo mismo que si la fecha debe ser o no en septiembre de 2017. “Si nos sentamos a una mesa lo dejaremos todo para diseñar un proyecto de consulta a los catalanes donde todos debemos sentirnos cómodos”, adelantó. También respondió a una pregunta sobre los porcentajes que estimaba arrojaría la consulta, al sostener que “todo esto tiene como objetivo que se ponga de manifiesto voluntad mayoritaria de los catalanes”.

El presidente avanzó que no habría “restricciones” para negociar los términos del referéndum y que se podría pactar con el Estado “tanto la pregunta a realizar, como los resultados válidos y una posible moratoria a un nuevo referéndum”. Además, señaló que a partir de esta negociación el Ejecutivo central podría incluso someter a votación su propia propuesta, “que compita con la de la independencia”, siempre que se haya pactado también cómo interpretar y aplicar los resultados, es decir que se acuerde que el rechazo a esta fórmula implica apoyo a la independencia. “Yo lo que digo es que el Estado juegue el partido, que proponga algo y que lo votemos pero hay que preguntar a los catalanes si quieren ser independientes o no”, puntualizó.

Puigdemont puso luego como ejemplo “que el Estado diga que está de acuerdo en que el rechazo a su propuesta de reforma constitucional en clave federal o confederal es la expresión de una voluntad mayoritaria en Cataluña de ser independientes”. Se mostró partidario de una pregunta “binaria y clara” donde los ciudadanos no tengan ninguna duda de que están votando sobre la independencia de Cataluña. “Si hay un resultado claro, nadie podrá mirar para otro lado y esto abre un nuevo escenario internacional para que Cataluña se convierta en un nuevo elemento internacional”.

Finalmente, una prueba del interés que despertó la presentación del presidente de la Generalitat de Cataluña en Madrid, lo demuestra el hecho de que nueve embajadores, ocho de ellos de países de la UE, asistieron a la charla, mientras que esa apertura contrastó con el hecho de que no haya habido ningún representante del PP o del gobierno español.-

Madrid (INCAT-Per Catalunya-Nació Digital -Palinuro-Europa Press).-

Las traiciones dentro del PSOE cerraron la última posibilidad de un entendimiento civilizado entre España y Cataluña

Noticias de Cataluña y España

 

Por Ramón Cotarelo

Recuérdese que, preguntados Luis Buñuel y Salvador Dalí por qué su película se llamaba El perro andaluz, contestaron que no tenía nada que ver con perros ni con Andalucía. Lo mismo este comentario sobre el golpe de mano de los socialistas “peperos” en contra de Pedro Sánchez no tiene nada que ver con Andalucía. Que Susana Díaz y Felipe González, los dos instigadores de esta maniobra de sombras y puñales por la espalda, sean andaluces, no es aquí relevante. Podrían ser marcianos. En realidad, lo son.

Mientras se ha cocido esta conjura dirigida por Alfredo Pérez Rubalcaba desde el diario El País, el Partido Popular estuvo muy callado. Lógico. Informado al detalle por sus espías en el PSOE, empezando por sus antiguos militantes, estilo Fernández Vara en Extremadura, comprendió que lo mejor era no hacerse notar para que la gente no sospechara que esta conspiración de los 17 venía movido por el afán de que el Sobresueldos vuelva al gobierno.

Que vuelva el Sobresueldos y el PP, el partido con cinco causas judiciales abiertas. Que vuelvan sin responsabilidad alguna, exonerados de sus fechorías pasadas y dispuestos a cometerlas más gruesas porque, gracias a estos individuos, no hay modo de librar al país de ellos. Esas 17 personas no tendrán que padecer personalmente las consecuencias de las políticas antipopulares e injustas del PP. Y se llaman socialistas cuando son meros vividores de lo público en un clima de corrupción consentida que quieren prolongar porque los favorece.

Supongo que los de Podemos estarán celebrando la quiebra del PSOE, convencidos de que, por fin, ya que ellos no fueron capaces de conseguirlo, los mismos socialistas les facilitaron el sorpasso. Pero eso ya se verá porque, aunque no lo crean, la razón de que la gente no los prefiera no reside en que los socialistas les “robaran” votos, sino en que, simplemente, no los prefieren y cada vez los preferirán menos por razones de su discurso, tanto en el fondo como en la forma. Pero esto es asunto de menor interés.

Cataluña

El mayor interés reside en ver cómo repercute esta fractura socialista en el único problema real, verdadero, que hay en España: Cataluña. Desde la perspectiva catalana, la situación del PSOE que prácticamente garantiza ya un gobierno del PP con Rajoy a la cabeza, en principio, no tiene consecuencias. La Generalitat proseguirá con su hoja de ruta y, referéndum mediante o no, proclamará la independencia unilateralmente en el último tercio de 2017.

¿Vemos a los neofranquistas, con su retórica imperial y nacionalcatólica, aceptando sin más la separación de la República Catalana? Francamente, no. ¿Los vemos recurriendo a su típico argumentario de la provocación, el matonismo, el porrazo, el pistolerismo y, si es necesario, los tanques? Lo primero (la represión de “baja intensidad”) es muy probable; lo segundo (recurso a la fuerza militar), no. ¿Entonces? Entonces, el Sobresueldos descubrirá que la política es algo más que cuidar a tu padre con cargo al Estado, enchufar a tus parientes, ver partidos de fútbol y decir necedades sentenciosas.

Descubrirá que ya no basta con robar a mansalva para callar bocas porque hay bocas que no se callan. Descubrirá que hay que tener ideas, extraños entes de imposible comprensión que jamás han visitado su magín. Y, como no las tiene y tampoco tiene fuerza para imponerse, tendrá que tolerar la mediación internacional y tragarse el referéndum que nunca quiso.

Esa es la verdadera razón de la fractura del PSOE y de la inexistencia de gobierno en España: Cataluña rebelde. Lo que une a González y Rajoy es la convicción de que hay que sojuzgar a los catalanes. Lo que los 17 traidores en el PSOE no toleran a Sánchez es que haya intentado entenderse con los independentistas. Algún día, relativamente pronto, descubrirán que en su aterrorizado rechazo a la perspectiva de que los catalanes decidan y toda la tramoya de la Restauración salte por los aires, se han cargado el país. Dicho claramente: las ambiciones desmesuradas de Susana Díaz, las complicidades de Felipe González, el reaccionarismo de Alfredo Pérez Rubalcaba, el derechismo de muchos de ellos y el clientelismo de los más, que deben votar lo que les dicen sus jefes de filas, cerraron la última posibilidad de un entendimiento civilizado entre España y Cataluña.

Son tan cobardes, lerdos y serviles que no solo se han quedado sin partido. Se han quedado sin país.-

La renuncia de Pedro Sánchez y las peleas alejarían al PSOE del poder por muchos años

 

El Partido Socialista Obrero Español ha vivido un sábado de vergüenza. Propia y ajena. Lógicamente, sus dirigentes –comenzando por el renunciante Pedro Sánchez, que ahora debe decidir si marcha del todo o intenta recuperar la silla en el próximo congreso– deben explicar que todo ello es fruto de un debate vivo y enriquecedor. Pero no lo es. Pasarse todo el día discutiendo sobre si el comité federal es legítimo o no, si la ejecutiva debe marcharse y si los que han intentado un golpe de estado ahora deben poder votar no es edificante. Y mucho menos lo son los manotazos y empellones. Espectáculos como éste castigan a los partidos.

Ahora, en contra de lo que prometió en las elecciones de junio y de la opinión de sus militantes, el PSOE constituye una gestora que, sin la participación directa de los protagonistas de la decapitación de Pedro Sánchez, pero alineada con Susana Díaz, decidirá seguramente abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy en pro de la estabilidad, la unidad de España y algo más, y enterrando para siempre la alternativa con la que fabulaba Sánchez. Una decisión que –de rebote– abrirá un incierto frente con el Partido Socialista Catalán hasta ahora más oficialista de su historia y que, en bloque, apoyó a Sánchez.

Las terceras elecciones quedarán, en todo caso, un poco más lejos sin Sánchez. Seguramente permitir que Rajoy vuelva a ser presidente es un desastre y una mancha en el expediente de los socialistas, pero el 26-J y el 25-S en Euskadi y Galicia dieron algo más que pistas de hasta qué punto volver a las urnas aún podía empeorar sus guarismos de representación.

Los matices ideológicos, razonables en cualquier organización, se agudizan cuando van mal. Y eso es lo que ha pasado en el PSOE. Ni Pedro Sánchez es –si se me permite copiarle la cita a Artur Mas“el hiperrevolucionario de las superizquierdas” partidario de pactar con Podemos y quizás con los soberanistas, ni Susana Díaz es la criada del Ibex 35 y Felipe González y un submarino de Rajoy.

En el PSOE hace años que hay una lucha por el poder. El partido está roto desde 2010. Los dos mandatos de Zapatero, marcados por el debate del Estatuto y por el sitio de la derecha política y mediática en temas muy simbólicos como el matrimonio gay, la memoria o las víctimas de ETA, tensaron mucho las cuerdas. La división afloró durante su segunda legislatura y Zapatero, estos días callado, no quiso (él dice que no pudo) afrontar con valentía el debate territorial y la gestión de la crisis. Los dos asuntos han carcomido la estructura del partido, mientras sus dirigentes empollaban la trifulca y protagonizaban peleas bochornosas, degradación que este sábado se hizo evidente y que puede alejarlos por muchos años del poder.-

Por Ferran Casas

 

La dimisión de Pedro Sánchez allanó el camino a una nueva investidura de Mariano Rajoy

La pérdida de la votación ante los críticos forzó la dimisión del secretario general del PSOE, que tenía apoyo del Partido Socialista Catalán – Habrá abstención en el Congreso

       

Pedro Sánchez anuncia su dimisión.

 

Pedro Sánchez tiró la toalla. Mantuvo el pulso hasta el final, pero no pudo resistir el embate de los críticos y de la mayoría de varones que se habían alineado contra él tras los malos resultados electorales y ante la falta de verosimilitud de sus intentos para ser presidente. Que el PSOE quede en manos de una comisión gestora que planteará una abstención para que Mariano Rajoy siga en la Moncloa ha sido la opción ganadora y Sánchez promete ser “fiel” a este órgano de impasse. Este sábado por la noche quedó confeccionada una comisión controlada por los barones, con el asturiano Javier Fernández al frente, pero bajo la tutela de la andaluza Susana Díaz.

“Desgraciadamente, el resultado fue adverso”, aseguró Sánchez en una breve comparecencia sin preguntas ante la prensa en el que hizo esfuerzos para mantenerse inmutable. Argumentó que él ya esbozó las dos cuestiones que debían dirimir: el liderazgo, puesto en cuestión por las diecisiete personas que el pasado miércoles dimitieron de su dirección, y el posicionamiento ante la investidura, que él defendía que quedara en manos de la militancia con la convocatoria de un congreso extraordinario. Su plan, fracasó por completo.

Fue una despedida poco épica, pero Sánchez no apeló, una vez más, al “orgullo” socialista para que no salga con la cabeza baja de la cruenta batalla que este sábado se produjo para intentar defender un gobierno alternativo al de Rajoy con Podemos y Ciudadanos o los independentistas y que no cuajó en marzo y que tampoco tenía posibilidad de hacerlo ahora. “Hoy más que nunca hay que estar orgulloso de militar en el PSOE”, dijo, sin mucha convicción.

La dimisión ante el comité federal

Fuentes socialistas explicaron que el hasta ahora secretario general compareció con la voz quebrada anunciando que para él ha sido todo un “orgullo” haber sido líder del PSOE y que luchó para que el partido, a pesar de su apoyo menguante, mantuviera el rol de alternativa. El viernes, en la víspera del cónclave, Sánchez había dejado claro que en ningún caso podría pilotar un partido que levante el veto a Mariano Rajoy y que no dé la voz a la militancia en un congreso. Su posicionamiento (apoyado en bloque por los socialistas catalanes, que en ningún caso quieren facilitar un gobierno de Rajoy), perdió y son las ideas de la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, y las de la vieja guardia las que ahora se apoderan del partido.

Los miembros del comité federal votaron a cara descubierta si se convocaba o no un congreso extraordinario de forma inminente, como defendía el secretario general, y la mayoría dijo que no. La votación la perdió por tan sólo 25 votos. Después de todo un día de discusiones reglamentarias, tensión, los críticos han sumado 132 apoyos mientras que los afines a Sánchez han conseguido 107.

Caos

En resumen, sólo así puede definirse la jornada de este sábado. El PSOE se exhibió como un partido mutilado y con el corazón abierto, con discusiones tensas y bizantinas en los despachos de la sede y sin que nadie fuera capaz de coger el bisturí. Susana Díaz, llorando. Reproches a gritos entre dirigentes. El retrato, fue dantesco. Finalmente, el partido aceptó que se votara a cara descubierta la conveniencia de convocar un congreso extraordinario. La votación ha sido individual y por llamamiento.-

Ante la deriva del PSOE, David Abril (MÉS), abre las puertas a los “socialistas de corazón”

El vocero parlamentario de MÉS per Mallorca (coalición ecosoberanista), David Abril, declaró hoy que “si hay socialistas de corazón que no están de acuerdo» con la «deriva» que ha tomado su partido, tienen «las puertas abiertas» de MÉS.

El joven diputado ecosoberanista consideró que, después de lo que sucedió el pasado sábado en el seno del PSOE, «el escenario más probable es que se allane el camino al PP» con la abstención de los socialistas en la investidura de Mariano Rajoy.

Además, preguntado por si esta situación afectará al Pacto de gobierno en Baleares (donde socialistas y MÉS gobiernan con el apoyo externo de Podemos), Abril manifestó que sólo afectaría si el Partido Socialista de las Islas Baleares cambiara la posición «que venía manteniendo hasta ahora, por la defensa de un Gobierno de izquierdas en Madrid».

La crisis del PSOE muestra el pésimo perfil de una democracia de baja intensidad como la española

Por Germán Capdevila (*)

En política, no hay nada más crudo que reflejarse en otros lugares con problemas similares para descubrir las miserias y carencias propias. El episodio sangriento del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) nos muestra hasta qué punto la española es una democracia de baja intensidad.

En Gran Bretaña, el líder laborista Jeremy Corbin responde a un patrón similar al de Pedro Sánchez. Elegido por la militancia, combatido por los líderes territoriales, por la prensa y por el establishment, tuvo que resistir con tenacidad los embates que por tierra, mar y aire buscaban que un líder más “homologable” lo reemplazara.

En el caso británico, Corbin sometió su liderazgo a la convalidación democrática de los militantes laboristas. Contra el parecer de los barones del partido, de los medios y de los poderes fácticos, los votantes laboristas lo confirmaron en su cargo. Una decisión que fue aceptada por todos.

En España, Pedro Sánchez fue defenestrado por los barones del PSOE mientras los militantes socialistas lo miraban estupefactos por TV. La propuesta del ahora ex secretario general de convocar a los afiliados a las urnas fue tumbada por los líderes del partido. Un ejemplo muy claro de aversión a la democracia interna.

Los catalanes ya lo tenemos muy claro. La diferencia en el tratamiento de la cuestión escocesa hace tiempo que nos dejó en blanco sobre negro que Gran Bretaña no es España. Del mismo modo, el PSOE no es el Partido Laborista ni Sánchez era Corbin.

La tragedia shakesperiana del PSOE desbroza el camino hacia la independencia. Si la propuesta de los comunes de cambiar España tenía alguna mínima posibilidad, requería la complicidad del PSOE para acercarse a las mayorías en el Estado. Esta alternativa murió en el altar de la calle Ferraz, en Madrid, el sábado pasado. Que todo el mundo tome nota.-

(*) Director del consejo editorial de Nació Digital y editor de las revistas Esguard y Sentits

 

 

Madrid (INCAT-Palinuro).-

Madrid (INCAT-Nació Digital, por Sara González, enviada especial).-

Puigdemont: “Cataluña proclamará la independencia y no será el fin de España”

Noticias de Cataluña

El presidente defiende el referéndum en una entrevista en la televisión pública portuguesa, y acusa al PSOE de levantar la bandera del federalismo, pero “no federar nada cuando gobierna”

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha defendido el proceso, la celebración de un referéndum sobre la independencia y la viabilidad de su hoja de ruta en una entrevista en la televisión pública portuguesa, RTP, que se emitirá este sábado por la noche.

Puigdemont asegura que “Cataluña proclamará la independencia” y añade que esto “no será el fin de España”, porque “es un Estado muy potente, con una historia y una cultura muy sólidas”.

“Hace más de cinco años que votamos y sacamos a la calle miles de personas, tenemos una mayoría absoluta en el Parlamento a favor de la independencia. Estamos cada vez más cerca de lograr este objetivo.”

Carles Puigdemont, que ha concedido esta entrevista aprovechando su visita a Portugal, aboga por un proceso que termine en un divorcio amigable y pacífico con España.

El presidente de la Generalitat insiste en reclamar al Estado que acepte la celebración de un referéndum. Y añade que los partidos independentistas podrían ayudar a deshacer el bloqueo institucional del Estado.

“Si hay un referéndum, las fuerzas políticas catalanas en el Congreso estamos dispuestas a dar soporte y estabilidad al gobierno español. Es evidente que con un gobierno de Mariano Rajoy es imposible llegar a un acuerdo. Pero, si el PP también estuviera en condiciones de aceptar un referéndum -algo que parece bastante extraterrestre-,¿por qué no? “

Puigdemont también descartó la viabilidad de la opción federal que proclaman los socialistas.

“El federalismo se ha propuesto muchas veces por parte del PSOE, pero cuando ha gobernado no ha federado nada.”

 

Lisboa (INCAT-TVC).

“La Diada Catalana tiene este año mucho de desenlace o, si se quiere, de comienzo de desenlace”

Noticias de Cataluña

Por Ramón Cotarelo

 

Cuando las historias se acercan a su desenlace las crisis se agudizan, las posiciones se hacen más radicales, los personajes abandonan las medias tintas, las cuestiones se aclaran y cada uno aparece en el lugar que le corresponde. La Diada tiene este año mucho de desenlace o, si se quiere, de comienzo de desenlace. Será el inicio de un curso que, según cómo se desarrollen los acontecimientos, dilucidará el destino inmediato de Cataluña: independencia o conservación del autonomismo en alguna de sus ya casi infinitas variantes.

En el campo independentista y en la rampa a la convocatoria del 11 de septiembre próximo parece hervir cierto desánimo y cansancio. Aunque se repitiera el acto simbólico año tras año y por mucho que fuera el entusiasmo de la gente, el armatoste del conjunto podría cambiar y las esperanzas de asistir al nacimiento de un Estado catalán disminuye. O tal vez no sería un ánimo (o desánimo) colectivo original, sino el resultado de una campaña de propaganda de los adversarios, interesados en que el desánimo cuajado a base de sembrarla desde sus numerosos medios. O las dos cosas.

Por eso es tan importante la reciente decisión de la CUP de aclarar posiciones y avanzar su SI a la cuestión de confianza de Puigdemont sin condicionarlo a ninguna exigencia presupuestaria o referendaria. Es lo más eficaz y rotundo que ha hecho la CUP en mucho tiempo y un aporte sustancial a la unidad y fuerza del independentismo. La ANC puede seguir adelante en la preparación de la Diada en el bien entendido que será el prefacio de la confirmación de la hoja de ruta del gobierno de la Generalitat y el preparativo a una DUI o un RUI en el orden que las circunstancias lo pidan.

Ante esta decisión las otras fuerzas políticas no independentistas también han tomado sus decisiones teniendo en cuenta sobre todo la Fiesta y su importancia movilizadora. Las organizaciones llamadas “constitucionalistas” o unionistas más o menos robustamente españolas, PP, Ciudadanos y PSC, no acompañarán la melodía de los independentistas. Esto es sabido. Lo interesante este año es la posición de las fuerzas intermedias, del “tercer género” o tercera vía, las “nuevas izquierdas”, en común-Podemos, EUiA y la señora Colau, una fuerza en sí misma. Su posición en el tablero político catalán, hasta ahora ambigua, confusa y tan llena de matices que era casi incomprensible, se aclara por momentos. Si hasta la fecha pasaban por ser la versión catalana de la izquierda española y la versión española de la izquierda catalana, han acabado revelándose como la picardía tradicional de la “verdadera” izquierda en España y en Cataluña.

El premio en el concurso para iniciados y avisados se la lleva el señor Pisarello. Para justificar que En Común Podemos haya contraprogramado una manifestación el 11 de septiembre para hacer sombra a la Diada independentista, arguye y recontra arguye las similitudes y diferencias entre el independentismo nacionalista y el internacionalismo independiente. Nada de independencia en el vacío y la soledad del corredor de fondo, sino una confluencia entre el alzado pueblo catalán y sus hermanos españoles que sólo están esperando una razón para apoyar, con su gobierno a la cabeza, el derecho a decidir los catalanes. Es incomprensible cómo la realidad se empeña en ignorar el refinamiento de las sorprendentes distinciones del concejal barcelonés nacido en Tucumán, Argentina.

Por supuesto, la señora Colau, teniendo su alma municipalmente dividida entre sus seguidores y sus críticos, ha decidido complacer a ambos, yendo a los dos actos, no al mismo tiempo –que para la ubicuidad todavía le falta algún tiempo– sino consecutivamente, como una humilde mortal. La ciudadanía entenderá la generosidad de su posición y tomará buena nota cuando lo que haya en juego sean destinos de mayor ascendencia, como la presidencia de la Generalitat.

A su vez, EUiA, fiel al espíritu bolchevique de quien templó el acero, con un discurso directo, sin ceremonias, irá a su propia celebración. De lo que se trata es de no contribuir a la habitual amalgama nacionalista que, ya se sabe, “siendo nacionalista no puede ser buena a menos que la hayamos cocinado nosotros”.

Queda así claro que la Diada de este año tiene el valor de una prueba de fuego y una importancia que supera las de los años anteriores. El avance del proceso independentista, liderado por la determinación de un presidente de la Generalitat, que nadie sospechaba hace unos meses, no sólo ha sembrado la inquietud en las filas del nacionalismo español, sino que la ha embarrado con peleas, el simple relato de las que avergüenza a un habitante del siglo XXI.

También ha suscitado temores y reservas en sus primas hermanas, las izquierdas catalanas, que han de picar piedra en un territorio muy hostil, compuesto por adversarios de clase y de nación. De ahí el ataque concentrado en las últimas fechas de esta convocatoria. Y como suele suceder en los juegos de azar, la suma de la última apuesta es la más alta de todas.-

Barcelona (INCAT-Palinuro).-

Los nacionalistas vascos ganarían en Euskadi y el PP perfila una mayoría absoluta en Galicia

Noticias de Euskadi y Galicia

Se inicia la campaña en ambas comunidades autónomas para las elecciones que se celebrarán el próximo 25 de septiembre.

El Partido Nacionalista Vasco (PNV) volvería a ganar las elecciones pero no tendría la mayoría para gobernar en el País Vasco, según la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El estudio pronostica una victoria de los jeltzales para los próximos comicios vascos con 28 diputados, pero necesitarán  10 más para obtener la mayoría absoluta que les permita gobernar.

Para poder gobernar, el candidato a lehendakari del PNV, Iñigo Urkullu, necesitaría reeditar el pacto con el PSOE y explorar más apoyos de otras formaciones políticas, ya que, según las encuestas, los socialistas obtendrían 8 diputados, insuficientes para alcanzar la mayoría absoluta.

Las dos formaciones de izquierda, EH Bildu y Podemos, prácticamente empatarían en la segunda posición, ya que los abertzales obtendrían 16 diputados y el partido liderado por Pili Zabala conseguiría  entre 15 y 16 diputados.

En Galicia, en cambio, el PP volvería a obtener mayoría absoluta según el CIS. La encuesta pronostica una victoria de los populares para los próximos comicios gallegos con 41 diputados. El triunfo del líder del PP en Galicia, Alberto Nuñez Feijóo, sería un argumento más para Mariano Rajoy de presionar al PSOE para conseguir su abstención en el Congreso de los Diputados.

El sondeo otorga la segunda posición al PSOE y En Marea, ya que ambos obtendrían un 19,9% de los sufragios. Los socialistas conseguirían 16 diputados, mientras que la coalición de izquierdas lograría entre 17 y 15 diputados.

Barcelona. (INCAT-Agencias).-