Gabriel Mestre asumió como nuevo obispo de Mar del Plata

Con 48 años, se transforma en el séptimo obispo diocesano, y primer marplatense elegido como obispo y pastor, para apacentar su misma diócesis.

Ante una Catedral colmada, se llevó a cabo este sábado la ordenación episcopal y toma de posesión del nuevo obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre.

Como era de prever, una participación multitudinaria de fieles llegados de todos los rincones de la diócesis de Mar del Plata y cientos de sacerdotes e invitados venidos de todo el país, asistieron a este acontecimiento histórico de la Iglesia de Mar del Plata.

Monseñor Antonio Marino, obispo emérito, consagraró al nuevo obispo, lo hizo con los co-consagrantes: monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz y Juan Alberto Puiggari, arzobispo de Paraná; es decir que los últimos tres obispos de la diócesis impusieron sus manos al nuevo obispo de Mar del Plata.

Monseñor Gabriel Mestre nació en Mar del Plata el 15 de septiembre de 1968. Es oriundo del barrio San Juan, hijo de Candido y Ana, comerciantes de clase media. Su núcleo familiar se completa con su hermana Mariana, casada con Sebastián, quienes tiene dos hijos: Ariel y Elías.

Monseñor Mestre fue bautizado en la parroquia San José de Mar del Plata y recibió la primera Comunión en la parroquia San Pablo. Fue confirmado en la Iglesia Catedral en octubre de 1984. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Nº 61, y la secundaria en la ENET Nº 1 obteniendo el título de técnico químico. Luego cursó un año la carrera de Trabajo Social en la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Con 20 años, en marzo de 1989, ingresó al Seminario Mayor San José de La Plata egresando con los títulos de profesor de filosofía y ciencias de la educación, y de teología y ciencias de la religión.

Recibió el orden del diaconado el 2 de agosto de 1996 y el presbiterado el 16 de mayo de 1997; ambas celebraciones se desarrollaron en la Iglesia Catedral presididas por monseñor José María Arancedo. Años después cursó y se licenció en teología con especialización en Sagrada Escritura,  por la Pontificia Universidad Católica de Buenos Aires.

Mestre ha trabajado intensamente en la diócesis, no sólo como párroco sino también asesorando o presidiendo diversas pastorales e instituciones educativas. También a nivel nacional en el departamento de animación bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina; y en América Latina, es miembro del equipo de apoyo del CEBITEPAL (Centro bíblico teológico pastoral para América Latina y el Caribe). Es autor de numerosos escritos vinculados especialmente a la  temática en la que se especializa: Sagrada Escritura.

 

El obispo ordenará a un marplatense como diácono para la Iglesia católica

El próximo viernes 26 de mayo, monseñor Antonio Marino, obispo de Mar del Plata, ordenará como diácono al seminarista Gustavo Garzón, marplatense de 34 años.

La misa será a las 19 en la Iglesia Catedral, y se espera participe todo el clero diocesano, religioso y gran cantidad de fieles de todas las comunidades.

La ordenación diaconal es el paso previo al sacerdocio. “Este diaconado es, ante todo, un don gratuito de Dios. Un regalo inmerecido. Como dice San Pablo, ‘llevamos un tesoro en vasijas de barro’. Intento vivirlo así. Es la oportunidad de seguir sirviendo a Dios y a los hermanos”, manifestó Gustavo pronto a ser ordenado diácono.

Gustavo Garzón, ingresó al seminario a los 27 años, habiendo descubierto el llamado de Dios gradualmente, “el Señor me fue regalando muchos signos. Fue muy importante el acompañamiento del padre Gabriel Mestre. Pero también hubo momentos específicos muy fuertes: un encuentro eucarístico en Córdoba, en el 2000; un encuentro de pastoral juvenil en Gualeguaychú, las invasiones de Pueblos, Marchas de la Esperanza. Luego, por supuesto, el apostolado en la parroquia: primero en la Iglesia Catedral y luego en Asunción de la Virgen”.

Siempre con una sonrisa en el rostro, el futuro nuevo diácono de la Iglesia marplatense, respondió a la pregunta, ¿cuál el desafío que enfrentan los consagrados en el mundo actual? A la cual respondió sencillamente, “quizás el desafío es seguir mostrando la verdad y belleza de la fe. Seguir anunciando la alegría que nos da saber que Jesús resucitó, que me busca, que tiene una palabra para el mundo de hoy. Ante el pesimismo que podemos ver, ante la tristeza, Dios tiene un mensaje de amor, de esperanza, de alegría. ¡Dios nos amó primero! Y eso tiene que darnos mucha fuerza para caminar en la vida”.

Por último consultado sobre la figura del papa Francisco en su camino de formación como pastor , Garzón relató, “una vez, en el seminario, me dijeron que había que cultivar en el corazón el amor a los tres amores blancos: la eucaristía, la Virgen, y el Papa.  El Papa Francisco ha marcado mucho el camino de mi seminario. Más de la mitad de mi tiempo de formación ha sido con él como sucesor de Pedro. Y, con su estilo cercano, simple, nos ha dicho lo mismo que sus predecesores: no tengan miedo, muestren la fe, muestren a Jesús. Es alentador ver su testimonio tan alegre, aún con la gran carga que lleva: ver que su mensaje de llegar a las periferias, no sólo geográficas sino también existenciales, no es un mensaje conceptual solamente, sino que lo vive realmente. Ese desafío es a lo que estamos llamados todos ¡Y vale la pena intentarlo!”.

El próximo viernes, por la “imposición de manos» del obispo, con la oración consecratoria, Gustavo dejará de ser seminarista y pasará a formar parte de los consagrados de la Iglesia de Mar del Plata, y así quedará a un solo paso de ser sacerdote de la Iglesia Católica para siempre.

Ordenarán a dos nuevos sacerdotes para la Iglesia de Mar del Plata

Este viernes 18 a partir de las 19, la Iglesia Catedral, estará colmada de fieles que acompañarán a dos jóvenes diáconos que serán ordenados sacerdotes para la diócesis de Mar del Plata.

Monseñor Antonio Marino, presidirá la celebración eucarística en la que consagrará a Gastón Buono, de 26 años, y a Juan Cruz Menilli Caldararo, de 25 años, como presbíteros. Ambos son marplatenses y su comunidad de origen es la parroquia Asunción de la Santísima Virgen, ubicada en el predio del Hospital Materno Infantil.

Consultados sobre esta decisión de consagrarse para siempre a Dios en un mundo relativista, Gastón expresó, «aunque parezca algo difícil, en realidad, la diferencia es que esta decisión la vivimos con Dios y por Dios. Y donde está Él, que nos ama para siempre, nos acompaña para siempre y nos promete ayudarnos siempre, no es tan difícil darle un sí para siempre. Es cierto que desconcierta en varios lugares en los que nos movemos, y aunque las personas con las que hablamos, a veces, no comparten nuestra fe; muchas de ellas nos manifiestan algo de admiración por este ‘para siempre’, por este jugárnosla el todo por todo por lo que creemos. Eso me da la pauta de que en el fondo todos desean conocer, amar y decirle sí a alguien para siempre. Y a ese ‘alguien’ es al que me siento llamado a anunciar».

Por su parte, Juan Cruz, manifestó ante la misma pregunta, «viendo mi historia personal, si bien ingresé al Seminario después del secundario, mi panorama era bastante bueno: iba a poder estudiar, participaba en política, hacía lo que me gustaba. Pero lo que ví de atractivo en esta vocación a la que veía que Dios me llamaba era precisamente esto de entregarse por completo y para siempre. Es que estamos hechos para amar, y nadie ama a medias. Yo por lo menos no».

Durante la celebración eucarística, el obispo realizará el rito propio de la ordenación sacerdotal, que es muy intenso y significativo: presentación de los que se van a ordenar, promesa de obediencia al obispo y sucesores, letanía de los santos y postración en el piso, imposición del manos por parte de monseñor Marino sobre la cabeza de los candidatos, gesto que también hacen los presbíteros que participan en el rito.

Luego se coloca los ornamentos propios a los nuevos sacerdotes; se ungen las manos de los ordenados con el santo crisma y después se les entrega la patena y el cáliz. Finalmente el obispo les da la paz y continúa la celebración de la eucaristía con los nuevos sacerdotes.