Moseñor Marino pidió a los turistas que no se olviden de los pobres

El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, espera a los turistas que llegarán durante esta temporada de verano con la solicitud de que realicen actos de misericordia que pueden ser gestos de ayuda a los más necesitados.

La Iglesia Católica está inmersa en el Año jubilar decretado por el papa Francisco y el prelado marplatense consideró que se pueden enmarcar los días de descanso vacacional con un sentido «más amplio» y con la idea de mirar las necesidades de los demás.

En ese sentido, el obispo los instó a «reconciliarse con Dios mediante el cuidado de la creación (el medioambiente) y con una preocupación más acentuada de los más pobres«.

«El contacto con la naturaleza, se trate del mar, las sierras o el campo, contribuye a restaurar nuestras fuerzas físicas y espirituales. Lo mismo decimos del compartir momentos recreativos en familia o con amigos», destacó en un mensaje a los visitantes.

Es conocido el descuido de los turistas de dejar basura en las playas y no proteger lo que el obispo llama la «creación» que son playas, arena y bosques, entre otros ambientes.

El sacerdote llamó a cuidar la creación como pidió el papa Francisco en su encíclica «Laudato si», al advertir que «hoy nuestro hermoso mundo, que es nuestra casa, da signos alarmantes de ruptura del orden puesto por Dios».

«El regalo principal a intercambiar en esta Navidad, es Jesús mismo»

El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, brindó su mensaje de Navidad para hacerlo llegar a todos los cristianos y hombres de buena voluntad.

«La Navidad es una fiesta entrañable nos conmueve a todos, pero no debemos olvidar la dimensión fundamentalmente religiosa de la fiesta, es el Nacimiento de Jesús, y en este Niño se unen Dios y el hombre. Este Niño nos habla de la dignidad que tenemos, Dios nos considera sus hijos, esto nos compromete a vivir como hermanos», reflexionó.

El prelado destacó que «en la Navidad, los ángeles cantan la paz a los hombres amados por Dios. Dios se vuelve solidario con el hombre, y nos muestra un camino para llenar de sentido nuestra vida, en la pobreza, en el silencio, en las orillas de la sociedad pueden acontecer cosas muy grandes, este es el misterio de la Navidad. Por eso el regalo principal que tenemos que intercambiar en esta Navidad, es Jesús mismo, que se hace pequeño, que cabe en nuestros brazos para que lo llevemos a todos. Lo que llevamos es un sentido de fraternidad, bondad, deseos de un mundo renovado por el amor y la misericordia».

«Todos nosotros anhelamos paz, relaciones más fluidas, más cordiales en el seno de la familia y también en la sociedad. El secreto de todo eso, lo trae Jesús, porque quien vive en la fe, se ve impulsado, como obligado a cambiar la visión sobre el mundo y de los demás. Si aprendemos a ver en los demás un hermano, con sus límites, con sus problemas y sus dificultades; estamos introduciendo en el tejido social un cambio muy importante, empezando por nuestra familia que después se proyecta en la sociedad», continuó.

«A todos les deseo una muy feliz Navidad, y les doy mi bendición«, expresó monseñor Marino.

MISAS DE NAVIDAD

Desde la Catedral informaron que los horarios de las misas de este 25, serán como los de domingos, a las 8, 9, 10, 11 y 12 y por la tarde, 18, 19 y 20 horas.

También en todas las parroquias y capillas se celebraran misas de Navidad, y en algunas durante los próximos días, habrá pesebres vivientes, como en Plaza Italia (12 de octubre y Don Orione) a las 20.

 

El obispo celebró a Santa Cecilia, patrona de la diócesis y de la ciudad

Con la presencia de numerosos fieles, el obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino presidió ayer la celebración en honor a Santa Cecilia, la patrona de la diócesis, de la ciudad y de la música.

Una veintena de sacerdotes religiosos y diocesanos se congregaron en la Iglesia Catedral, en la que también concelebró el arzobispo electo de Bahía Blanca, Fray Carlos Aspiroz Costa, que es hasta estos días prior del convento dominico San Martín de Porres. El coro diocesano Santa Cecilia engalanó la celebración con su presentación musical.

“Celebramos la solemnidad de la virgen y mártir Santa Cecilia, patrona de nuestra diócesis y titular de esta iglesia Catedral. En este templo consideramos su doble significado. Ante todo, es símbolo de la unidad diocesana, por ser la sede episcopal y cátedra del obispo. Pero, al mismo tiempo, es centro de una comunidad parroquial que, al celebrar sus fiestas patronales, se siente llamada a una renovación permanente en su impulso misionero y en su servicio pastoral”, inició diciendo el obispo en su homilía.

Tomando como modelo a Santa Cecilia, el obispo resaltó la virginidad y el martirio, como dos rasgos “que deben resultar suficientes para renovar la conciencia de nuestra identidad cristiana y vigorizar nuestra fidelidad a la misión recibida en las actuales circunstancias de la historia”.

Más adelante el obispo, señaló, la presencia de “un querido hermano, representante de la vida consagrada, monseñor Carlos Azpiroz Costa, prior hasta ahora del convento de San Martín de Porres de Mar del Plata, a quien debemos muchos servicios, presente en esta eucaristía, ha sido elegido por el Papa como arzobispo coadjutor de Bahía Blanca. Recibirá su ordenación episcopal el día 22 de diciembre en la catedral de Bahía Blanca”.

Finalmente, monseñor Marino, destacó la necesidad urgente de orar por las vocaciones sacerdotales, como un “compromiso de todos”.

“No debemos cansarnos de orar y confiar. Necesitamos de todas las vocaciones, pero sin sacerdotes no hay ministros de la gracia ni Eucaristía. El Pueblo de Dios necesita de estos guías y maestros. El cielo nos concederá lo que necesitamos si en nuestras parroquias, capillas y comunidades, organizamos adoraciones eucarísticas y fomentamos la conciencia de que se trata de un bien común y una responsabilidad de todos. Que podamos salir de este templo bien convencidos de esto y saquemos consecuencias”, concluyó.

Monseñor Marino celebró a Santa Teresa de Jesús

El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, presidió la celebración en honor a Santa Teresa de Jesús, en el marco del cierre del quinto centenario del nacimiento de esta santa, reconocida como “doctora de la Iglesia”.

La eucaristía, concelebrada por varios sacerdotes de la diócesis, se realizó en el monasterio de las hermanas Carmelitas Descalzas, ubicado en Marcos Sastre y Mansilla, contiguo a la Villa Marista.

Decenas de fieles se dieron cita en el bellísimo templo, un lugar de paz y silencio; y fueron recibidos por las religiosas contemplativas que allí viven.

“Al cerrar la conmemoración del Vº centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, en este Año de la Vida Consagrada, nuestra mirada hacia un pasado de gloria no nos lleva a detenernos en la arqueología, sino a reavivar nuestra fe, descubriendo que Dios nos sigue llamando a la perfección evangélica también en las circunstancias tormentosas del mundo presente”, inició diciendo en su homilía el obispo.

Luego, destacó uno de los aspectos de la “doctrina teresiana”: la perfección evangélica, y manifestó que, “es el camino que ella descubre para transformar este mundo. Ella supo unir su anhelo de perfección con su amor a la Iglesia y su misión de entregar su vida por ella”.

“En lenguaje del Papa Francisco, podríamos decir que ella es, desde su vocación específica, modelo de una ‘Iglesia en salida’. Ella es sensible no sólo ante el desgarro interno de la Iglesia, sino que es capaz de conmoverse profundamente ante el relato de los misioneros en América”, expresó monseñor Marino.

Finalmente, Marino agradeció a las monjas y las bendijo, “queridas Hermanas Carmelitas, gustaba la santa Madre llamar a las casas que fundaba ‘un palomarcico de la Virgen nuestra Señora’. Quiera el Señor que desde este rincón de la diócesis puedan ustedes imitar a la Madre de Dios y contribuir a la renovación y fecundidad de nuestra acción pastoral”.

La eucaristía dio el cierre a las actividades que se realizaron en el marco de los 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, conferencias, encuentros, entre otros. Asimismo el día anterior, se realizó una propuesta denominada “pinceladas teresianas” a cargo de la hermana Analuisa, quien destacó la figura de Santa Teresa y luego se rezaron las vísperas junto a todos los fieles presentes.

El obispo de Mar del Plata celebró a San Francisco de Asís

En el día en que la Iglesia católica en el mundo celebró a san Francisco de Asís, el obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino presidió la misa en el templo dedicado al santo, ubicado en Libres del Sud y Strobel.

Concelebraron el párroco, Fray Sergio Martín y el fraile Hugo, quien fue presentado como nuevo vicario parroquial.

Ante la presencia de numerosos fieles, el pastor de la Iglesia Católica de Mar del Plata, destacó la figura de San Francisco y llamó a toda la comunidad a «revitalizar la fe y a ser testigos de Jesús con el ejemplo de vida inspirado en el evangelio».

«Coincide este año, esta fiesta de este gran santo con el día domingo, el día del Señor. Y vengo a ustedes para compartir la alegría, de esta solemnidad y para alentarlos en la misión que la Iglesia les confía. San Francisco fue un gran don de Dios, un regalo para la Iglesia de su tiempo y de todos los tiempos, un regalo que solamente la gracia del Señor puede hacer. San Francisco es, modelo del hombre reconciliado con Dios, redimido por la gracia de Cristo y recupera las relaciones fundamentales que se vieron dañadas por el pecado original», inició diciendo el obispo en su homilía.

Más adelante, monseñor Marino, expresó «en la última encíclica Laudato Si’, en sus palabras iniciales, el papa Francisco retoma el Cántico de las Creaturas de San Francisco y nos lo presenta como un modelo de ecología integral. Esa admiración ante la armonía de la naturaleza, ese amor por todo lo creado por Dios, hay que mirarlo en toda su profundidad, ya que surge de la conciencia renovada, de una dependencia total de Dios, una consciencia de Cristo, del hombre nuevo; y de allí la fraternidad universal que alcanza también a la naturaleza».

Finalmente concluyó diciendo «debemos revitalizar la fe, y renovar la consciencia de que Jesucristo ha querido vincularnos en la redención, en la salvación del mundo, a modo de instrumentos suyos y quiere que su gracia pase también por nuestro testimonio, ejemplo de vida y por la luminosidad de nuestras buenas obras».