1714: hora cero. Catalunya.

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¿Qué pasó el 11 de septiembre de 1714? En esta crónica histórica, Marc Pons explica el contexto de ese día que significó un hito para todos los catalanes. Y se encarga, además, de derribar algunos mitos.

El mito –que no la historia- había difundido la idea de que los catalanes, en la Diada Nacional, conmemoran una gran derrota. En las Españas el mito había sido alimentado a propósito con la pretensión de probar que los catalanes somos tan extraños -en grado máximo- que, a diferencia de lo que hace el resto del mundo, celebramos nuestras derrotas más rotundas y las elevamos a la categoría de Fiesta Nacional. El punto extasiante del victimismo que históricamente nos han imputado. En cambio la historia –la de verdad- pone de relieve que no hay nada más lejos de la realidad. El 11 de Setembre conmemoramos el punto culminante de una resistencia dramática en unas condiciones de desigualdad absoluta. Francia y España –superpotencias europeas- contra Catalunya –un pequeño país que aspiraba a tener voz propia. Los franco-españoles necesitaron ocho años para conquistar Catalunya. Y cuatrocientos quince días y 30.000 bombas para doblegar Barcelona.
Antes de la guerra

Los años anteriores al conflicto Barcelona ya apuntaba su fisonomía actual. Era una ciudad de 35.000 habitantes. Del tamaño de otras ciudades portuarias importantes, como Marsella o como Róterdam. O del tamaño de otras capitales de países emergentes, como Copenhague o como Estocolmo. Con una actividad frenética. Los barrios de la Ribera y del Born estaban repletos de talleres y de obradores. El precedente de las fábricas industriales. El puerto era un mercado de comercio internacional. La salida al mar de los trapos y de los alcoholes que se producían en Barcelona, en Reus, en Mataró y en Sabadell. En dirección a los mercados ingleses, holandeses y americanos. Y a su alrededor había surgido una potente red de tiendas que importaban productos de lujo. En extramuros prosperaban los pueblos agrarios del interior, que aseguraban las necesidades de consumo de la ciudad.

El tejido social era rico y diverso. El catalán era la lengua común. Y la mayoritaria. Pero con el catalán convivían el occitano, el siciliano, el holandés, el aragonés, el francés y el castellano. Estas lenguas minoritarias eran el vehículo de comunicación de importantes comunidades de comerciantes, de tenderos, de artesanos y de jornaleros; que habían llegado a Barcelona –y al Baix Llobregat y al Maresme- los años anteriores al conflicto. Años de prosperidad y de pujanza económica. Años de proyectos y de voluntades, que ambicionaban convertir Catalunya en la Holanda del Mediterráneo. Los Borbones –enfrentados con Inglaterra y Holanda- representaban la ruina de este proyecto. Cuando estalló la guerra –y sobre todo cuando se organizó la defensa de Barcelona- todos estos colectivos cerraron filas en torno al proyecto común.
Calle a calle

El 11 de Setembre de 1714, a las cuatro y media de la mañana se inició el ataque franco-español. Hacía más de trece meses que Barcelona era asediada y sólo recibía alimentos y municiones a través del mar (de los barcos mallorquines que esquivaban el bloqueo naval y del corredor terrestre hasta Montjuïc). Durante este tiempo la ciudad había sido incesantemente bombardeada. Y la muralla y los baluartes –especialmente los de levante- estaban muy estropeados. Los franco-españoles intentaron penetrar por ahí. Y allí se produjeron los enfrentamientos más violentos. La infantería invasora que se concentró en la brecha de Jonqueres estaba compuesta por soldados navarros. Navarra, sumida en una crisis profunda desde la invasión española, había aportado muchos efectivos procedentes de las clases más humildes. El mando borbónico los puso a primera línea.

La muralla estaba defendida por compañías de tesoreros, de curtidores, de caldereros, de candeleros de cera, de cordeleros de cáñamo, de estudiantes, de carpinteros, de colchoneros, de campesinos del interior, de pintores, de sastres, de tejedores –de lino y de lana-, de taberneros, de alfareros, de veleros… Eran la Coronela. La defensa civil de la ciudad instituida –en Catalunya- desde la Edad Media. Y estaba defendida también por las Reals Guàrdies Catalanes, un cuerpo militar formado por voluntarios del país creado durante los primeros años del conflicto. Y el mando correspondía a la Junta de Braços, que era la máxima representación política del país. La defensa de Barcelona se luchó en todas las murallas. Baluarte a baluarte. Y cuando finalmente cedieron, se combatió en el interior de la ciudad. Plaza a plaza, calle a calle, casa a casa. Durante toda la jornada.
Resistencia

Hasta dos días más tarde Barcelona no capituló definitivamente. No fue hasta el 13 de septiembre de 1714. Aquella guerra ya no formaba parte del conflicto que lo había provocado. Ya hacía tiempo que el archiduque había abandonado sus aspiraciones. Y que el Borbón había ganado la Guerra de Sucesión. Las cancillerías europeas –cuándo se referían– lo mencionaban como el “caso de los catalanes”. Y los Borbones –que lo tenían muy asumido- en Madrid hablaban de la “guerra de los catalanes” y en París de la “rebelión de los catalanes”. La causa austriacista –abandonada por el propio candidato y por los actores internacionales- había muerto el año antes en Utrecht. Y los catalanes, al decidir la defensa a ultranza, proclamaban al mundo que abandonaban el proyecto confederal hispánico y se postulaban para tener voz propia. Un nuevo Estado. La Holanda del Mediterráneo.

Durante el asedio de Barcelona los franco-españoles utilizaron un ejército profesional de 20.000 hombres. Comandados por Berwick. Un carnicero que –por méritos propios- tiene un lugar relevante en los anales más siniestros de la historia universal. Infantería, caballería y artillería. Contra un contingente de 4.000 efectivos de la Coronela y 2.000 de las Reals Guàrdies. Comandados por Casanova, Basset y Villarroel. Las fuentes explican que la sed de sangre del francés era a causa de la impotencia y la humillación que sentía al no saber derrotar una defensa formada básicamente por civiles. En aquellos días murieron 22.000 personas: 15.000 atacantes y 7.000 defensores. Y las 30.000 bombas que cayeron sobre Barcelona destruyeron las 2/3 partes de la ciudad. Posteriormente, durante años, la prensa de la época habló del “caso de los catalanes”. Y lo presentaba como uno de los episodios más indecentes de la historia de Europa.

Una de las muchísimas víctimas de aquel asalto se llamaba Raimon-Joan Ponts de la Capella i Corbella de Granyena. Estaba casado y tenía seis hijos. Era natural de Vallfogona de Riucorb (Conca de Barberà) y había llegado a Barcelona con el repliegue de las compañías catalanas que habían combatido en las llanuras occidentales del país. Cayó durante el asalto. Y herido de gravedad murió en el Hospital de Sant Pau i de la Santa Creu. Como tantos millares defensores. Pero su testimonio no se quedó en el olvido. A pesar de las brutales embestidas de los franco-españoles, a pesar de las 30.000 bombas que cayeron sobre Barcelona, a pesar de la durísima represión que siguió a la ocupación, a pesar de la voluntad de destruir Catalunya para siempre, su testigo ha sido recogido 300 años más tarde. Su nieto 10º es quien firma este artículo. 10 generaciones de resistencia que tienen su punto de inicio el 11 de Setembre de 1714. La hora cero.

Barcelona. (ElNacional). Marc Pons.-

Para aprender historia: La cuestión catalana, de Carlomagno a Puigdemont

Noticias de Cataluña

Una web estadounidense especializada en mapas sobre conflictos y cambios geopolíticos, publicó los motivos históricos que exhibe Cataluña para ser reconocida como nación

La web estadounidense edmaps.com, especializada en elaborar mapas divulgativos sobre conflictos y cambios geopolíticos, publicó un artículo en el que explica qué motivos históricos tiene el independentismo para reclamar que Cataluña sea reconocida como nación. El texto, titulado “La cuestión catalana: de Carlomagno a Puigdemont”, explica resumidamente la historia del Principado y de los Países Catalanes. Lo ilustra con siete mapas para que todos aquellos que no conozcan el pasado catalán puedan obtener una visión transversal del origen de la identidad catalana.

Para empezar, el artículo pone al lector en situación y explica que las reivindicaciones de los independentistas no se ciñen únicamente al Principado, donde se hicieron las elecciones del 27-S, sino a todos los Países Catalanes. El artículo parte del emperador Carlomagno, quien a finales del siglo VIII expulsó a los musulmanes de buena parte del sur de los Pirineos y estableció una separación entre los musulmanes ibéricos y el imperio carolingio. Tras la muerte de Carlomagno, esta zona, llamada Marca Hispánica, se dividió tres: los reinos de Pamplona y Aragón, y los condados catalanes.

Hacemos un salto hasta el siglo X, cuando el conde Borrell II unificó gradualmente buena parte de los condados catalanes. En 1137, la unión matrimonial entre Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, y Petronila, hija del rey de Aragón, dio lugar a la Corona de Aragón. Sin embargo, el reino Aragón y el condado de Barcelona conservaron sus respectivas autonomías políticas.

“Pero la situación cambió radicalmente en septiembre de 1213”, continúa el artículo: en la batalla de Muret, al sur de Toulouse, Felipe II de Francia derrotó el conde occitano Raimundo VI de Tolosa, que tenía el apoyo de la Corona de Aragón. Así es como Jaume I, rey de la corona, se encontró obligado a renunciar a los territorios occitanos y extendió su conquista hacia el este. Primero ocupó las Islas Baleares y más tarde a la Comunidad Valenciana, dos territorios que tuvieron la condición de reino y posteriormente se unieron a la corona. “Este hecho explica por qué las Baleares y Valencia forman parte del imaginario nacionalista catalán”, dice el artículo.

La corona se expandió hacia otros territorios del Mediterráneo, como Sicilia, Cerdeña, Córcega y el Reino de Nápoles, y se convirtió en una auténtica potencia. Pero en 1479 todo volvió a cambiar. Esta vez a partir de la unión dinástica entre Castilla y Aragón: un punto de inflexión en la historia de Cataluña. El Principado de Cataluña y los otros dominios aragoneses vivieron una involución política tras la unión de las coronas de Aragón y Castilla, y el posterior nacimiento de España. El texto trata muy brevemente la guerra de Sucesión, a partir de la cual la Corona de Aragón dejó de existir y Cataluña quedó sometida a las leyes centralistas del reino de Castilla. Muy resumidamente, el artículo y el siguiente mapa recuerdan que en 1812, a raíz de la conquista francesa de España, los antiguos condados catalanes carolingios fueron anexionados al imperio francés. Pero sólo durante dos años.

“La pérdida de la autonomía política afectó gravemente la evolución de la sociedad catalana, lo que explica por qué la recuperación de la soberanía ha sido el principal objetivo del nacionalismo catalán”, continúa el artículo. Ya entrado el siglo XX, habla de las figuras de Macià y Companys como ejemplos de este intento de recuperar la autonomía perdida. Pero la victoria de Franco volvió a poner fin a estos objetivos.

Tras la muerte de Franco, la constitución española fue un intento de meter en el Estado español las naciones catalana, vasca y gallega, pero el objetivo fracasó: “Por desgracia, el Estado español no estaba preparado para reconocer sus principales minorías étnicas como comunidades nacionales reales. Después del 27-S, el 9 de noviembre, el Parlamento de Cataluña aprobó la declaración de inicio del proceso hacia la recuperación de la independencia para iniciar de manera sostenida y pacífica la desconexión de España, según palabras de Carles Puigdemont”. Y el artículo termina así: “La nueva administración catalana parece que ya inició el proceso de secesión de España. El invierno ha llegado… Cómo continuará?

Barcelona (INCAT-VilaWeb).-