Las traiciones dentro del PSOE cerraron la última posibilidad de un entendimiento civilizado entre España y Cataluña

Noticias de Cataluña y España

 

Por Ramón Cotarelo

Recuérdese que, preguntados Luis Buñuel y Salvador Dalí por qué su película se llamaba El perro andaluz, contestaron que no tenía nada que ver con perros ni con Andalucía. Lo mismo este comentario sobre el golpe de mano de los socialistas “peperos” en contra de Pedro Sánchez no tiene nada que ver con Andalucía. Que Susana Díaz y Felipe González, los dos instigadores de esta maniobra de sombras y puñales por la espalda, sean andaluces, no es aquí relevante. Podrían ser marcianos. En realidad, lo son.

Mientras se ha cocido esta conjura dirigida por Alfredo Pérez Rubalcaba desde el diario El País, el Partido Popular estuvo muy callado. Lógico. Informado al detalle por sus espías en el PSOE, empezando por sus antiguos militantes, estilo Fernández Vara en Extremadura, comprendió que lo mejor era no hacerse notar para que la gente no sospechara que esta conspiración de los 17 venía movido por el afán de que el Sobresueldos vuelva al gobierno.

Que vuelva el Sobresueldos y el PP, el partido con cinco causas judiciales abiertas. Que vuelvan sin responsabilidad alguna, exonerados de sus fechorías pasadas y dispuestos a cometerlas más gruesas porque, gracias a estos individuos, no hay modo de librar al país de ellos. Esas 17 personas no tendrán que padecer personalmente las consecuencias de las políticas antipopulares e injustas del PP. Y se llaman socialistas cuando son meros vividores de lo público en un clima de corrupción consentida que quieren prolongar porque los favorece.

Supongo que los de Podemos estarán celebrando la quiebra del PSOE, convencidos de que, por fin, ya que ellos no fueron capaces de conseguirlo, los mismos socialistas les facilitaron el sorpasso. Pero eso ya se verá porque, aunque no lo crean, la razón de que la gente no los prefiera no reside en que los socialistas les “robaran” votos, sino en que, simplemente, no los prefieren y cada vez los preferirán menos por razones de su discurso, tanto en el fondo como en la forma. Pero esto es asunto de menor interés.

Cataluña

El mayor interés reside en ver cómo repercute esta fractura socialista en el único problema real, verdadero, que hay en España: Cataluña. Desde la perspectiva catalana, la situación del PSOE que prácticamente garantiza ya un gobierno del PP con Rajoy a la cabeza, en principio, no tiene consecuencias. La Generalitat proseguirá con su hoja de ruta y, referéndum mediante o no, proclamará la independencia unilateralmente en el último tercio de 2017.

¿Vemos a los neofranquistas, con su retórica imperial y nacionalcatólica, aceptando sin más la separación de la República Catalana? Francamente, no. ¿Los vemos recurriendo a su típico argumentario de la provocación, el matonismo, el porrazo, el pistolerismo y, si es necesario, los tanques? Lo primero (la represión de “baja intensidad”) es muy probable; lo segundo (recurso a la fuerza militar), no. ¿Entonces? Entonces, el Sobresueldos descubrirá que la política es algo más que cuidar a tu padre con cargo al Estado, enchufar a tus parientes, ver partidos de fútbol y decir necedades sentenciosas.

Descubrirá que ya no basta con robar a mansalva para callar bocas porque hay bocas que no se callan. Descubrirá que hay que tener ideas, extraños entes de imposible comprensión que jamás han visitado su magín. Y, como no las tiene y tampoco tiene fuerza para imponerse, tendrá que tolerar la mediación internacional y tragarse el referéndum que nunca quiso.

Esa es la verdadera razón de la fractura del PSOE y de la inexistencia de gobierno en España: Cataluña rebelde. Lo que une a González y Rajoy es la convicción de que hay que sojuzgar a los catalanes. Lo que los 17 traidores en el PSOE no toleran a Sánchez es que haya intentado entenderse con los independentistas. Algún día, relativamente pronto, descubrirán que en su aterrorizado rechazo a la perspectiva de que los catalanes decidan y toda la tramoya de la Restauración salte por los aires, se han cargado el país. Dicho claramente: las ambiciones desmesuradas de Susana Díaz, las complicidades de Felipe González, el reaccionarismo de Alfredo Pérez Rubalcaba, el derechismo de muchos de ellos y el clientelismo de los más, que deben votar lo que les dicen sus jefes de filas, cerraron la última posibilidad de un entendimiento civilizado entre España y Cataluña.

Son tan cobardes, lerdos y serviles que no solo se han quedado sin partido. Se han quedado sin país.-

La renuncia de Pedro Sánchez y las peleas alejarían al PSOE del poder por muchos años

 

El Partido Socialista Obrero Español ha vivido un sábado de vergüenza. Propia y ajena. Lógicamente, sus dirigentes –comenzando por el renunciante Pedro Sánchez, que ahora debe decidir si marcha del todo o intenta recuperar la silla en el próximo congreso– deben explicar que todo ello es fruto de un debate vivo y enriquecedor. Pero no lo es. Pasarse todo el día discutiendo sobre si el comité federal es legítimo o no, si la ejecutiva debe marcharse y si los que han intentado un golpe de estado ahora deben poder votar no es edificante. Y mucho menos lo son los manotazos y empellones. Espectáculos como éste castigan a los partidos.

Ahora, en contra de lo que prometió en las elecciones de junio y de la opinión de sus militantes, el PSOE constituye una gestora que, sin la participación directa de los protagonistas de la decapitación de Pedro Sánchez, pero alineada con Susana Díaz, decidirá seguramente abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy en pro de la estabilidad, la unidad de España y algo más, y enterrando para siempre la alternativa con la que fabulaba Sánchez. Una decisión que –de rebote– abrirá un incierto frente con el Partido Socialista Catalán hasta ahora más oficialista de su historia y que, en bloque, apoyó a Sánchez.

Las terceras elecciones quedarán, en todo caso, un poco más lejos sin Sánchez. Seguramente permitir que Rajoy vuelva a ser presidente es un desastre y una mancha en el expediente de los socialistas, pero el 26-J y el 25-S en Euskadi y Galicia dieron algo más que pistas de hasta qué punto volver a las urnas aún podía empeorar sus guarismos de representación.

Los matices ideológicos, razonables en cualquier organización, se agudizan cuando van mal. Y eso es lo que ha pasado en el PSOE. Ni Pedro Sánchez es –si se me permite copiarle la cita a Artur Mas“el hiperrevolucionario de las superizquierdas” partidario de pactar con Podemos y quizás con los soberanistas, ni Susana Díaz es la criada del Ibex 35 y Felipe González y un submarino de Rajoy.

En el PSOE hace años que hay una lucha por el poder. El partido está roto desde 2010. Los dos mandatos de Zapatero, marcados por el debate del Estatuto y por el sitio de la derecha política y mediática en temas muy simbólicos como el matrimonio gay, la memoria o las víctimas de ETA, tensaron mucho las cuerdas. La división afloró durante su segunda legislatura y Zapatero, estos días callado, no quiso (él dice que no pudo) afrontar con valentía el debate territorial y la gestión de la crisis. Los dos asuntos han carcomido la estructura del partido, mientras sus dirigentes empollaban la trifulca y protagonizaban peleas bochornosas, degradación que este sábado se hizo evidente y que puede alejarlos por muchos años del poder.-

Por Ferran Casas

 

La dimisión de Pedro Sánchez allanó el camino a una nueva investidura de Mariano Rajoy

La pérdida de la votación ante los críticos forzó la dimisión del secretario general del PSOE, que tenía apoyo del Partido Socialista Catalán – Habrá abstención en el Congreso

       

Pedro Sánchez anuncia su dimisión.

 

Pedro Sánchez tiró la toalla. Mantuvo el pulso hasta el final, pero no pudo resistir el embate de los críticos y de la mayoría de varones que se habían alineado contra él tras los malos resultados electorales y ante la falta de verosimilitud de sus intentos para ser presidente. Que el PSOE quede en manos de una comisión gestora que planteará una abstención para que Mariano Rajoy siga en la Moncloa ha sido la opción ganadora y Sánchez promete ser “fiel” a este órgano de impasse. Este sábado por la noche quedó confeccionada una comisión controlada por los barones, con el asturiano Javier Fernández al frente, pero bajo la tutela de la andaluza Susana Díaz.

“Desgraciadamente, el resultado fue adverso”, aseguró Sánchez en una breve comparecencia sin preguntas ante la prensa en el que hizo esfuerzos para mantenerse inmutable. Argumentó que él ya esbozó las dos cuestiones que debían dirimir: el liderazgo, puesto en cuestión por las diecisiete personas que el pasado miércoles dimitieron de su dirección, y el posicionamiento ante la investidura, que él defendía que quedara en manos de la militancia con la convocatoria de un congreso extraordinario. Su plan, fracasó por completo.

Fue una despedida poco épica, pero Sánchez no apeló, una vez más, al “orgullo” socialista para que no salga con la cabeza baja de la cruenta batalla que este sábado se produjo para intentar defender un gobierno alternativo al de Rajoy con Podemos y Ciudadanos o los independentistas y que no cuajó en marzo y que tampoco tenía posibilidad de hacerlo ahora. “Hoy más que nunca hay que estar orgulloso de militar en el PSOE”, dijo, sin mucha convicción.

La dimisión ante el comité federal

Fuentes socialistas explicaron que el hasta ahora secretario general compareció con la voz quebrada anunciando que para él ha sido todo un “orgullo” haber sido líder del PSOE y que luchó para que el partido, a pesar de su apoyo menguante, mantuviera el rol de alternativa. El viernes, en la víspera del cónclave, Sánchez había dejado claro que en ningún caso podría pilotar un partido que levante el veto a Mariano Rajoy y que no dé la voz a la militancia en un congreso. Su posicionamiento (apoyado en bloque por los socialistas catalanes, que en ningún caso quieren facilitar un gobierno de Rajoy), perdió y son las ideas de la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, y las de la vieja guardia las que ahora se apoderan del partido.

Los miembros del comité federal votaron a cara descubierta si se convocaba o no un congreso extraordinario de forma inminente, como defendía el secretario general, y la mayoría dijo que no. La votación la perdió por tan sólo 25 votos. Después de todo un día de discusiones reglamentarias, tensión, los críticos han sumado 132 apoyos mientras que los afines a Sánchez han conseguido 107.

Caos

En resumen, sólo así puede definirse la jornada de este sábado. El PSOE se exhibió como un partido mutilado y con el corazón abierto, con discusiones tensas y bizantinas en los despachos de la sede y sin que nadie fuera capaz de coger el bisturí. Susana Díaz, llorando. Reproches a gritos entre dirigentes. El retrato, fue dantesco. Finalmente, el partido aceptó que se votara a cara descubierta la conveniencia de convocar un congreso extraordinario. La votación ha sido individual y por llamamiento.-

Ante la deriva del PSOE, David Abril (MÉS), abre las puertas a los “socialistas de corazón”

El vocero parlamentario de MÉS per Mallorca (coalición ecosoberanista), David Abril, declaró hoy que “si hay socialistas de corazón que no están de acuerdo» con la «deriva» que ha tomado su partido, tienen «las puertas abiertas» de MÉS.

El joven diputado ecosoberanista consideró que, después de lo que sucedió el pasado sábado en el seno del PSOE, «el escenario más probable es que se allane el camino al PP» con la abstención de los socialistas en la investidura de Mariano Rajoy.

Además, preguntado por si esta situación afectará al Pacto de gobierno en Baleares (donde socialistas y MÉS gobiernan con el apoyo externo de Podemos), Abril manifestó que sólo afectaría si el Partido Socialista de las Islas Baleares cambiara la posición «que venía manteniendo hasta ahora, por la defensa de un Gobierno de izquierdas en Madrid».

La crisis del PSOE muestra el pésimo perfil de una democracia de baja intensidad como la española

Por Germán Capdevila (*)

En política, no hay nada más crudo que reflejarse en otros lugares con problemas similares para descubrir las miserias y carencias propias. El episodio sangriento del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) nos muestra hasta qué punto la española es una democracia de baja intensidad.

En Gran Bretaña, el líder laborista Jeremy Corbin responde a un patrón similar al de Pedro Sánchez. Elegido por la militancia, combatido por los líderes territoriales, por la prensa y por el establishment, tuvo que resistir con tenacidad los embates que por tierra, mar y aire buscaban que un líder más “homologable” lo reemplazara.

En el caso británico, Corbin sometió su liderazgo a la convalidación democrática de los militantes laboristas. Contra el parecer de los barones del partido, de los medios y de los poderes fácticos, los votantes laboristas lo confirmaron en su cargo. Una decisión que fue aceptada por todos.

En España, Pedro Sánchez fue defenestrado por los barones del PSOE mientras los militantes socialistas lo miraban estupefactos por TV. La propuesta del ahora ex secretario general de convocar a los afiliados a las urnas fue tumbada por los líderes del partido. Un ejemplo muy claro de aversión a la democracia interna.

Los catalanes ya lo tenemos muy claro. La diferencia en el tratamiento de la cuestión escocesa hace tiempo que nos dejó en blanco sobre negro que Gran Bretaña no es España. Del mismo modo, el PSOE no es el Partido Laborista ni Sánchez era Corbin.

La tragedia shakesperiana del PSOE desbroza el camino hacia la independencia. Si la propuesta de los comunes de cambiar España tenía alguna mínima posibilidad, requería la complicidad del PSOE para acercarse a las mayorías en el Estado. Esta alternativa murió en el altar de la calle Ferraz, en Madrid, el sábado pasado. Que todo el mundo tome nota.-

(*) Director del consejo editorial de Nació Digital y editor de las revistas Esguard y Sentits

 

 

Madrid (INCAT-Palinuro).-

Madrid (INCAT-Nació Digital, por Sara González, enviada especial).-

Guerra total al PSOE, en España también plantean cuestiones de confianza como en Cataluña.

Noticias de España

Ya hace semanas que dije que era admirable la manera en que Pedro Sánchez, que hace un año me parecía un candidato de laboratorio, había resistido las presiones de los poderes fácticos y mediáticos tanto externos como de su propio partido, para impedir que liderara la configuración de una mayoría alternativa a la de Mariano Rajoy. Creo que mucha gente que ahora estamos en política no hubiéramos aguantado ni la mitad del pressing que ha aguantado él.

Pero todo tiene un límite, y los llamados «barones» han aprovechado los malos resultados electorales del PSOE en Euskadi y Galicia para iniciar una guerra total de cuestionamiento a Sánchez y de su intento anunciado el lunes de convocar un Congreso para que fuera la militancia que decidiera cuál debía ser la apuesta del PSOE, si un presidente socialista o un presidente del PP.

La «socialdemocracia» debería ser eso: mezcla de socialismo y democracia, o de socialismo democrático, si desea. Y justamente el bando contrario a Sánchez lo lideran gente como Felipe González, quien ya hace tres décadas dejó de ser el hombre del cambio para ser el señor ‘X’, y lleva ya muchos años defendiendo desde los think-tanks socialistas mundiales el acatamiento de las tesis del neoliberalismo, y sembrando la reacción contra los gobiernos progresistas en América Latina. De allí que ahora se llama «Pasokització» de los partidos socialistas (a raíz del hundimiento del Partido socialista griego, el PASOK), González es uno de los principales responsables. Vamos, que de socialismo, poco-poco… Y de democracia, poquita también, porque justamente lo que se quieren cargar González, Díaz y los «barones» es la posibilidad de que sea la gente, las bases socialistas, las que decidan qué se ‘debe hacer, como plantea Sánchez. Un Sánchez quien, por cierto, fue elegido directamente por la militancia, y ahora las dimisiones de algunos que fueron elegidos de forma indirecta, ponen contra la pared.

Todo esto ocurre porque hay estructuras de poder que se creen intocables, y porque Sánchez también ha entendido -y para eso deberían servir los resultados en Euskadi y Galicia desde una lectura diferente a la que hacen sus detractores- que si quiere liderar otra mayoría debe mirar hacia Podemos pero sobre todo debe entender que se debe superar el españolismo que hegemoniza las principales fuerzas políticas españolas y les impide incluso llegar a acuerdos puramente pragmáticos con partidos soberanistas catalanes o vascos, por ejemplo. Que los pueblos y las naciones están, estamos, y se nos ha de tener en cuenta y respetar, sobre todo si aspiras a ganar en España. E incluso desde una perspectiva reformista, que es la que ha defendido históricamente el PSOE, hay que revisar no sólo el contenido, sino también el continente: el modelo político, pero también el modelo de Estado.

A todo esto, si Sánchez cae (o si lo tumban), me temo que con él caerá lo que queda de socialismo democrático en el PSOE, lo que es dramático. No porque las ideas no puedan pervivir, o encontrar otro instrumento para defenderlas, sino porque tendremos a Rajoy y a la derecha españolista por cuatro años más, al menos. Y eso no es bueno para la mayoría de la gente, ni aquí ni en ningún lado.

Artículo de opinión del educador y diputado de MÉS per Mallorca, David Abril

 

Preocupación por el estancamiento de las gestiones para formar gobierno en España

Noticias de España

 

Como un último recurso, apareció el conocido lobbista y ex presidente Felipe González (PSOE), pidiendo a sus conmilitones que dejen de poner trabas a la formación de un gobierno del PP

Felipe González apareció en escena.

La encrucijada de Mariano Rajoy para formar gobierno sigue siendo la posición asumida por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), cuya junta directiva mantiene su férrea oposición a permitir que el Partido Popular (PP) forme gobierno, pese a haber ganado las recientes elecciones y conformar la primera minoría. De esta manera, se abre un panorama negro para el actual Poder Ejecutivo “en funciones” ya que se cierne la posibilidad de una nueva convocatoria a comicios generales, si tampoco en esta ocasión se logra formar gobierno.

Un lobbista reconocido como Felipe González, ex presidente español por el PSOE, salió esta mañana a sugerir que los socialistas deben dejar que el PP gobierne en minoría; es decir permitirle formar gobierno aunque sin acordar pacto alguno ni conformar la “gran coalición” con la que sueñan los españolistas más preocupados por la inacción que conllevan siete meses sin gobierno formal y con penurias económicas graves, fundamentalmente derivadas de la cuantiosa deuda (interna y externa) que mantiene España, más allá de los reiterados actos de corrupción de los miembros del PP.

Los populares son escépticos acerca del resultado de la reunión del comité federal que el PSOE celebrará el sábado próximo, no obstante, confían en que el cónclave socialista no decida cerrar las puertas a todo tipo de diálogo con el PP, como se presume que ocurrirá. La irrupción ya comentada de Felipe González en escena no garantiza tampoco que cambie el humor socialista ya que el ex líder perdió influencias en el partido y tiene mucho más peso la opinión de la andaluza Susana Díaz, por ejemplo.

La única carta en la manga que se guardan los populares podría ser que los dirigentes regionales del PSOE presionen a la junta directiva partidaria para que resuelvan el pleito a la brevedad ya que –se forme o no gobierno en agosto– las comunidades autónomas (muchas en manos socialistas) necesitan contar con sus presupuestos para 2017. Si se registran atrasos en las transferencias, la situación se les complicará ya que una parte muy sustancial del dinero del que disponen para funcionar, lo envía Madrid y se destina a sanidad y educación.

Mientras tanto, la Comunidad Europea, no recuperada aún del resultado del Brexit y afrontando los graves problemas derivados de los miles de refugiados, mira con preocupación cómo su socio más endeudado y ahora enredado en campañas sucias anticatalanas que incluyen al mismísimo ministro del Interior, siga debatiéndose en la impotencia de no lograr un acuerdo mínimo para formar gobierno.-

Madrid (INCAT, por Carlos Rubén Capdevila).-