“La Diada Catalana tiene este año mucho de desenlace o, si se quiere, de comienzo de desenlace”

Noticias de Cataluña

Por Ramón Cotarelo

 

Cuando las historias se acercan a su desenlace las crisis se agudizan, las posiciones se hacen más radicales, los personajes abandonan las medias tintas, las cuestiones se aclaran y cada uno aparece en el lugar que le corresponde. La Diada tiene este año mucho de desenlace o, si se quiere, de comienzo de desenlace. Será el inicio de un curso que, según cómo se desarrollen los acontecimientos, dilucidará el destino inmediato de Cataluña: independencia o conservación del autonomismo en alguna de sus ya casi infinitas variantes.

En el campo independentista y en la rampa a la convocatoria del 11 de septiembre próximo parece hervir cierto desánimo y cansancio. Aunque se repitiera el acto simbólico año tras año y por mucho que fuera el entusiasmo de la gente, el armatoste del conjunto podría cambiar y las esperanzas de asistir al nacimiento de un Estado catalán disminuye. O tal vez no sería un ánimo (o desánimo) colectivo original, sino el resultado de una campaña de propaganda de los adversarios, interesados en que el desánimo cuajado a base de sembrarla desde sus numerosos medios. O las dos cosas.

Por eso es tan importante la reciente decisión de la CUP de aclarar posiciones y avanzar su SI a la cuestión de confianza de Puigdemont sin condicionarlo a ninguna exigencia presupuestaria o referendaria. Es lo más eficaz y rotundo que ha hecho la CUP en mucho tiempo y un aporte sustancial a la unidad y fuerza del independentismo. La ANC puede seguir adelante en la preparación de la Diada en el bien entendido que será el prefacio de la confirmación de la hoja de ruta del gobierno de la Generalitat y el preparativo a una DUI o un RUI en el orden que las circunstancias lo pidan.

Ante esta decisión las otras fuerzas políticas no independentistas también han tomado sus decisiones teniendo en cuenta sobre todo la Fiesta y su importancia movilizadora. Las organizaciones llamadas “constitucionalistas” o unionistas más o menos robustamente españolas, PP, Ciudadanos y PSC, no acompañarán la melodía de los independentistas. Esto es sabido. Lo interesante este año es la posición de las fuerzas intermedias, del “tercer género” o tercera vía, las “nuevas izquierdas”, en común-Podemos, EUiA y la señora Colau, una fuerza en sí misma. Su posición en el tablero político catalán, hasta ahora ambigua, confusa y tan llena de matices que era casi incomprensible, se aclara por momentos. Si hasta la fecha pasaban por ser la versión catalana de la izquierda española y la versión española de la izquierda catalana, han acabado revelándose como la picardía tradicional de la “verdadera” izquierda en España y en Cataluña.

El premio en el concurso para iniciados y avisados se la lleva el señor Pisarello. Para justificar que En Común Podemos haya contraprogramado una manifestación el 11 de septiembre para hacer sombra a la Diada independentista, arguye y recontra arguye las similitudes y diferencias entre el independentismo nacionalista y el internacionalismo independiente. Nada de independencia en el vacío y la soledad del corredor de fondo, sino una confluencia entre el alzado pueblo catalán y sus hermanos españoles que sólo están esperando una razón para apoyar, con su gobierno a la cabeza, el derecho a decidir los catalanes. Es incomprensible cómo la realidad se empeña en ignorar el refinamiento de las sorprendentes distinciones del concejal barcelonés nacido en Tucumán, Argentina.

Por supuesto, la señora Colau, teniendo su alma municipalmente dividida entre sus seguidores y sus críticos, ha decidido complacer a ambos, yendo a los dos actos, no al mismo tiempo –que para la ubicuidad todavía le falta algún tiempo– sino consecutivamente, como una humilde mortal. La ciudadanía entenderá la generosidad de su posición y tomará buena nota cuando lo que haya en juego sean destinos de mayor ascendencia, como la presidencia de la Generalitat.

A su vez, EUiA, fiel al espíritu bolchevique de quien templó el acero, con un discurso directo, sin ceremonias, irá a su propia celebración. De lo que se trata es de no contribuir a la habitual amalgama nacionalista que, ya se sabe, “siendo nacionalista no puede ser buena a menos que la hayamos cocinado nosotros”.

Queda así claro que la Diada de este año tiene el valor de una prueba de fuego y una importancia que supera las de los años anteriores. El avance del proceso independentista, liderado por la determinación de un presidente de la Generalitat, que nadie sospechaba hace unos meses, no sólo ha sembrado la inquietud en las filas del nacionalismo español, sino que la ha embarrado con peleas, el simple relato de las que avergüenza a un habitante del siglo XXI.

También ha suscitado temores y reservas en sus primas hermanas, las izquierdas catalanas, que han de picar piedra en un territorio muy hostil, compuesto por adversarios de clase y de nación. De ahí el ataque concentrado en las últimas fechas de esta convocatoria. Y como suele suceder en los juegos de azar, la suma de la última apuesta es la más alta de todas.-

Barcelona (INCAT-Palinuro).-