JUICIO CNU: “Trabajar por la educación le llevó la vida a Coca Maggi”

Elena Arena militaba en el peronismo de base y trabajaba en la Universidad Católica. En septiembre de 1975 la hicieron renunciar y dos meses después fue secuestrada y desaparecida. En la cárcel de Olmos se enteró que tenía una causa y el fiscal era Gustavo Demarchi.

Días antes del 9 de mayo de 1975, cuando María del Carmen “Coca” Maggi fue secuestrada de su casa, de madrugada y por un grupo armado de civil, Elena Arena, junto a una compañera de trabajo, tomó un café con quien entonces era decana de la Facultad de Humanidades y secretaria general de la Universidad Católica. Ellas le dijeron que tenía que irse, pedir licencia. Coca se negó.

“Coca Maggi era la última resistencia que quedaba ahí por la unificación. Ya había recibido amenazas, era un peligro para ella”, relató Arena ante el Tribunal que juzga a diez civiles y un militar, que integraban la CNU, por asociación ilícita y ocho homicidios.

Pero Maggi dijo que no se iría, que ella no pertenecía a ninguna organización. Era así: no tenía militancia política, aunque sí defendía la universidad popular y la educación como base de igualdad. “Trabajar por la educación le llevó la vida”, mencionó la testigo. Cuando la mañana siguiente al secuestro de Coca, Arena llegó a la Universidad como cada mañana le aconsejaron irse. El clima de tensión y violencia había recrudecido.

Elena Arena, cuando se sentó frente a los jueces, aclaró que es víctima del terrorismo de Estado y de entrada dejó en claro: “No quisiera que los imputados me interrogaran”. Así fue.

En la oficina donde estaba relató que recibían amenazas telefónicas periódicamente, donde les decían –entre otras cosas- que incendiarían el lugar o pondrían una bomba. Ante el avance de la CNU con este tipo de amenazas, ella con sus compañeras se encargaba de preservar la documentación: tomaban los libros y salían corriendo hasta el Obispado.

Muchas veces, quienes acudían al momento de las amenazas, entraban al lugar, que funcionaba en el Pasaje Catedral. Entre ellos nombró a Piantoni, Viglizo, Demarchi, Durquet, Delgado, “bigotes” Gómez, los dos Arenaza y Piatti.

Arena recordó que tras la muerte del líder de la CNU, Ernesto Piantoni, que luego derivó en cinco asesinatos en lo que se conoció como el “5 x 1”, “las cosas se pusieron muy mal”. Ella decidió seguir trabajando en la Universidad porque necesitaba el dinero para ayudar en su casa.

Pero el trabajo, relató, debió dejarlo ante la coacción del padre Sorrentino, quien en septiembre de 1975 llegó como “encargado de facilitar la integración” de las universidades Católica y Provincial. Primero, habló con una compañera de nombre Inés: ella salió llorando de la oficina porque la obligaban a renunciar. Luego fue el turno de Elena.

Sorrentino le contó que había personas que no deberían estar ahí a partir de la unificación, y que ella era una de esas, por lo que tenía que renunciar. Elena se negó.

“Lo que yo no consigo por las buenas, otros lo consiguen por las malas”, le advirtió entonces, y le manifestó que esa información se la daría a “los servicios”. El plazo era de 24 horas y a pesar de la necesidad del trabajo, sus compañeros le recomendaron irse.

“No fui nunca más a la Universidad. Tenía mucho fastidio”, mencionó. Volvió cuando tenía que jubilarse pero no había allí ningún papel que dejara asentado su trabajo universitario.

Por casi dos meses estuvo trabajando como envasadora en el puerto de Mar del Plata, hasta que el 14 de noviembre fue secuestrada en un allanamiento realizado en su casa. Luego de permanecer un mes desaparecida fue llevada a la cárcel de Olmos, donde le comunicaron que tenía una causa por ley 20.840 y que el fiscal era Gustavo Modesto Demarchi, quien nunca fue a verla al penal. El mismo fiscal actuó ante los habeas corpus que su mamá presentó por su desaparición: allí, no sólo pidieron informes únicamente a la policía, sino que luego se los rechazaron con costas a cargo de su madre.

Antes de retirarse, fue convocada por el Tribunal para la inspección ocular que este martes se realizará a las 11.30 en el Pasaje Catedral, a pedido del Ministerio Público Fiscal.

Cuando Elena Arena señala que Coca Maggi –una mujer de apenas 28 años- era “la última resistencia” dentro del ambiente universitario en defensa de conquistas por una educación popular, dice también que tras su secuestro y asesinato “la derecha”, que ella identificó con la CNU, primero amenazó, luego ocupó lugares en la Universidad, hasta quedarse con todo, en la previa del Golpe de Estado de 1976.