Las otras cifras de la Diada Nacional de Cataluña 2016

Noticias de Cataluña

Por Soledat Balaguer

Un millón de catalanes hemos salido a la calle. Esto significa, más o menos, un 13,3% de los habitantes del país, bebés incluidos. Como ya sabemos aquello de que el 87,7% se quedaron en casa y bla, bla, bla, quisiera hacer una pequeña comparativa:

Sería como si 5,5 millones de españoles se hubieran manifestado (he retirado de la cifra el millón de catalanes).

Sería como si 42,5 millones de ciudadanos de los Estados Unidos hubieran salido a la calle a la vez.

Sería como si 68 millones de ciudadanos de la Unión Europea hubieran llenado las plazas de sus ciudades o, si lo prefiere, como si todos los ciudadanos de Francia más todos los de Estonia se hubieran manifestado juntos.

Sería como si 182 millones de chinos…..

¿Les queda clara la magnitud de lo que hemos vuelto a hacer?

Pues les propongo otra comparativa:

Si un millón de catalanes nos ponemos uno tras otro, a razón de un metro por persona, iríamos de Girona a Bruselas, en línea recta.

Los españoles irían de Madrid a Dubai.

Y a partir de ahí las cifras marean: la longitud de la línea del Ecuador de la Tierra son 40.070 kilómetros. Pero los americanos llenarían 42.500 kilómetros, los europeos 55.000 y los chinos 182.000, es decir que darían 4,5 veces la vuelta al Ecuador.

Y ya termino. Sólo quiero recordar que, en 1963, Martin Luther King proclamó su sueño ante una manifestación de 250.000 personas y esto significó que, sólo unos meses más tarde, el presidente Johnson firmara la Ley de Derechos Civiles que ponía fin a la discriminación racial. Porque supo escuchar.

Sólo quiero recordar que, en 2003, un millón y medio de catalanes manifestamos por un “No a la guerra” (invasión a Iraq) y que el presidente Aznar todavía no ha pedido perdón, no ya a la comunidad internacional sino, al menos, a los familiares de las 190 víctimas de la matanza de Atocha.

Postdata: Cedo generosamente estas cifras comparativas al consejero de Relaciones Exteriores, Raül Romeva, por si le parece bien enviarlas a todos los embajadores extranjeros y todos los corresponsales internacionales que escriben sus crónicas desde la capital del Reino de España, leyendo las crónicas –a veces absurdas– de los medios de Madrid.-

Barcelona (INCAT-Geopolítica.cat).-

Corresponsal de La Nación en España y ecuánime analista del proceso de recuperación de la independencia de Cataluña.

Noticias de Cataluña

 

Por Martín Rodríguez Yebra (*)

BARCELONA.- “¡A ver si esta vez es la última!” Agustí Bassol hablaba ayer en medio de una masa de gente frente al Arco del Triunfo barcelonés. Llevaba atada al cuello una bandera catalana descolorida, con aires de reliquia. Por quinto año consecutivo salía en la Diada Nacional a gritar por la independencia que no termina de llegar. Era un sentimiento extendido en la multitud que lo rodeaba: impaciencia, algo de frustración y la esperanza de que se cumpla la promesa de la nueva república. Ahí estaban de nuevo. Cientos de miles de personas desbordaron las calles de Barcelona y otras cuatro ciudades de Cataluña en apoyo del plan del gobierno regional de acelerar definitivamente hacia la separación de España.

A tono con esa urgencia, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, anunció que este mes hará una propuesta a las autoridades españolas de un referéndum pactado para resolver el conflicto. Y si el intento fracasa, como se descuenta, advirtió que en el primer semestre de 2017 convocará a unas “elecciones constituyentes” a partir de las cuales una eventual mayoría separatista declararía el nacimiento del nuevo Estado.

“Entramos en la etapa final. La actitud del gobierno español no va a frenar el compromiso que adquirimos ante los ciudadanos. En junio a más tardar nos situaremos en el momento crítico en el que los catalanes tendrán que validar el rumbo que tomamos”, dijo Puigdemont ante un grupo de periodistas. Negó que vaya a inhibirse ante las sentencias del Tribunal Constitucional que ordenan detener el proceso de ruptura. “Obedeceremos a las legítimas autoridades elegidas por el pueblo catalán”, respondió ayer a La Nación.

A diferencia de su antecesor, el también independentista Artur Mas, Puigdemont decidió participar de la manifestación del Día Nacional. Lo hizo en Salt, cerca de la frontera con Francia. Otra asistencia muy significativa fue la de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, aliada de Podemos, que no integra el bloque separatista y hasta ahora siempre había jugado en la ambigüedad.

Para el independentismo, la protesta de ayer significaba un reto vital porque coincide con un período de tensión entre los partidos que sostienen la rebelión. Las diferencias entre la coalición gobernante Juntos por el Sí y los anarquistas de la Candidatura de Unidad Popular (CUP) forzaron a Puigdemont a someterse a una moción de confianza, que será el miércoles 28. Consiguió la promesa de que le permitirán seguir gobernando, pero a cambio de no demorar el desafío soberanista.

La CUP reclama un referéndum independentista unilateral. El gobierno catalán cree que primero debe intentarse un acuerdo con España, para no perder legitimidad internacional, y sólo después encontrar una “fórmula creativa” para registrar en las urnas la voluntad de los catalanes. Por eso hablan de elecciones constituyentes, que en realidad serían unos comicios legislativos anticipados y por ende España no podría invalidarlos.

Las elecciones regionales del año pasado mostraron la complicación de esas vías alternativas: los partidos secesionistas lograron una mayoría de diputados, pero se quedaron en el 48% de los votos. Desde entonces se discute quién ganó. Pero, lo que ayer quedó en evidencia es que el catalanismo mantiene el vigor cinco años después de la primera protesta masiva a favor de la autodeterminación.

Los organizadores de la “Diada” temían una caída en la convocatoria y por eso dividieron el acto en cinco sedes, lo que dificultaba la comparación con otros años en los que, según sus cálculos, se movilizaron hasta 1.800.000 personas. Las cifras que ayer difundió la policía local daban una suma cercana al millón de personas. Los partidos contrarios a la secesión la reducían a menos de la mitad.

En cualquier caso, en Barcelona la concentración desbordó los casi dos kilómetros de los paseos de Sant Joan y de Lluís Companys. Los asistentes siguieron con obediencia el montaje preparado por la ONG Asamblea Nacional Catalana (ANC) y levantaron a la hora señalada unos carteles circulares con el lema “A punto”, símbolo de ilusión y a la vez de ansiedad. El cierre le tocó al presidente de la ANC, Jordi Sànchez: “La república catalana se gana en las urnas y se construye en las calles. Hemos vuelto a hacer historia contra todos los pronósticos”.-

(*)Con algo más de impaciencia, los separatistas catalanes mantienen vivo su reclamo

 

 

Barcelona. (INCAT-Agencias).-

 

 

1714: hora cero. Catalunya.

Noticias de Cataluña

¿Qué pasó el 11 de septiembre de 1714? En esta crónica histórica, Marc Pons explica el contexto de ese día que significó un hito para todos los catalanes. Y se encarga, además, de derribar algunos mitos.

El mito –que no la historia- había difundido la idea de que los catalanes, en la Diada Nacional, conmemoran una gran derrota. En las Españas el mito había sido alimentado a propósito con la pretensión de probar que los catalanes somos tan extraños -en grado máximo- que, a diferencia de lo que hace el resto del mundo, celebramos nuestras derrotas más rotundas y las elevamos a la categoría de Fiesta Nacional. El punto extasiante del victimismo que históricamente nos han imputado. En cambio la historia –la de verdad- pone de relieve que no hay nada más lejos de la realidad. El 11 de Setembre conmemoramos el punto culminante de una resistencia dramática en unas condiciones de desigualdad absoluta. Francia y España –superpotencias europeas- contra Catalunya –un pequeño país que aspiraba a tener voz propia. Los franco-españoles necesitaron ocho años para conquistar Catalunya. Y cuatrocientos quince días y 30.000 bombas para doblegar Barcelona.
Antes de la guerra

Los años anteriores al conflicto Barcelona ya apuntaba su fisonomía actual. Era una ciudad de 35.000 habitantes. Del tamaño de otras ciudades portuarias importantes, como Marsella o como Róterdam. O del tamaño de otras capitales de países emergentes, como Copenhague o como Estocolmo. Con una actividad frenética. Los barrios de la Ribera y del Born estaban repletos de talleres y de obradores. El precedente de las fábricas industriales. El puerto era un mercado de comercio internacional. La salida al mar de los trapos y de los alcoholes que se producían en Barcelona, en Reus, en Mataró y en Sabadell. En dirección a los mercados ingleses, holandeses y americanos. Y a su alrededor había surgido una potente red de tiendas que importaban productos de lujo. En extramuros prosperaban los pueblos agrarios del interior, que aseguraban las necesidades de consumo de la ciudad.

El tejido social era rico y diverso. El catalán era la lengua común. Y la mayoritaria. Pero con el catalán convivían el occitano, el siciliano, el holandés, el aragonés, el francés y el castellano. Estas lenguas minoritarias eran el vehículo de comunicación de importantes comunidades de comerciantes, de tenderos, de artesanos y de jornaleros; que habían llegado a Barcelona –y al Baix Llobregat y al Maresme- los años anteriores al conflicto. Años de prosperidad y de pujanza económica. Años de proyectos y de voluntades, que ambicionaban convertir Catalunya en la Holanda del Mediterráneo. Los Borbones –enfrentados con Inglaterra y Holanda- representaban la ruina de este proyecto. Cuando estalló la guerra –y sobre todo cuando se organizó la defensa de Barcelona- todos estos colectivos cerraron filas en torno al proyecto común.
Calle a calle

El 11 de Setembre de 1714, a las cuatro y media de la mañana se inició el ataque franco-español. Hacía más de trece meses que Barcelona era asediada y sólo recibía alimentos y municiones a través del mar (de los barcos mallorquines que esquivaban el bloqueo naval y del corredor terrestre hasta Montjuïc). Durante este tiempo la ciudad había sido incesantemente bombardeada. Y la muralla y los baluartes –especialmente los de levante- estaban muy estropeados. Los franco-españoles intentaron penetrar por ahí. Y allí se produjeron los enfrentamientos más violentos. La infantería invasora que se concentró en la brecha de Jonqueres estaba compuesta por soldados navarros. Navarra, sumida en una crisis profunda desde la invasión española, había aportado muchos efectivos procedentes de las clases más humildes. El mando borbónico los puso a primera línea.

La muralla estaba defendida por compañías de tesoreros, de curtidores, de caldereros, de candeleros de cera, de cordeleros de cáñamo, de estudiantes, de carpinteros, de colchoneros, de campesinos del interior, de pintores, de sastres, de tejedores –de lino y de lana-, de taberneros, de alfareros, de veleros… Eran la Coronela. La defensa civil de la ciudad instituida –en Catalunya- desde la Edad Media. Y estaba defendida también por las Reals Guàrdies Catalanes, un cuerpo militar formado por voluntarios del país creado durante los primeros años del conflicto. Y el mando correspondía a la Junta de Braços, que era la máxima representación política del país. La defensa de Barcelona se luchó en todas las murallas. Baluarte a baluarte. Y cuando finalmente cedieron, se combatió en el interior de la ciudad. Plaza a plaza, calle a calle, casa a casa. Durante toda la jornada.
Resistencia

Hasta dos días más tarde Barcelona no capituló definitivamente. No fue hasta el 13 de septiembre de 1714. Aquella guerra ya no formaba parte del conflicto que lo había provocado. Ya hacía tiempo que el archiduque había abandonado sus aspiraciones. Y que el Borbón había ganado la Guerra de Sucesión. Las cancillerías europeas –cuándo se referían– lo mencionaban como el “caso de los catalanes”. Y los Borbones –que lo tenían muy asumido- en Madrid hablaban de la “guerra de los catalanes” y en París de la “rebelión de los catalanes”. La causa austriacista –abandonada por el propio candidato y por los actores internacionales- había muerto el año antes en Utrecht. Y los catalanes, al decidir la defensa a ultranza, proclamaban al mundo que abandonaban el proyecto confederal hispánico y se postulaban para tener voz propia. Un nuevo Estado. La Holanda del Mediterráneo.

Durante el asedio de Barcelona los franco-españoles utilizaron un ejército profesional de 20.000 hombres. Comandados por Berwick. Un carnicero que –por méritos propios- tiene un lugar relevante en los anales más siniestros de la historia universal. Infantería, caballería y artillería. Contra un contingente de 4.000 efectivos de la Coronela y 2.000 de las Reals Guàrdies. Comandados por Casanova, Basset y Villarroel. Las fuentes explican que la sed de sangre del francés era a causa de la impotencia y la humillación que sentía al no saber derrotar una defensa formada básicamente por civiles. En aquellos días murieron 22.000 personas: 15.000 atacantes y 7.000 defensores. Y las 30.000 bombas que cayeron sobre Barcelona destruyeron las 2/3 partes de la ciudad. Posteriormente, durante años, la prensa de la época habló del “caso de los catalanes”. Y lo presentaba como uno de los episodios más indecentes de la historia de Europa.

Una de las muchísimas víctimas de aquel asalto se llamaba Raimon-Joan Ponts de la Capella i Corbella de Granyena. Estaba casado y tenía seis hijos. Era natural de Vallfogona de Riucorb (Conca de Barberà) y había llegado a Barcelona con el repliegue de las compañías catalanas que habían combatido en las llanuras occidentales del país. Cayó durante el asalto. Y herido de gravedad murió en el Hospital de Sant Pau i de la Santa Creu. Como tantos millares defensores. Pero su testimonio no se quedó en el olvido. A pesar de las brutales embestidas de los franco-españoles, a pesar de las 30.000 bombas que cayeron sobre Barcelona, a pesar de la durísima represión que siguió a la ocupación, a pesar de la voluntad de destruir Catalunya para siempre, su testigo ha sido recogido 300 años más tarde. Su nieto 10º es quien firma este artículo. 10 generaciones de resistencia que tienen su punto de inicio el 11 de Setembre de 1714. La hora cero.

Barcelona. (ElNacional). Marc Pons.-