Guerra total al PSOE, en España también plantean cuestiones de confianza como en Cataluña.

Noticias de España

Ya hace semanas que dije que era admirable la manera en que Pedro Sánchez, que hace un año me parecía un candidato de laboratorio, había resistido las presiones de los poderes fácticos y mediáticos tanto externos como de su propio partido, para impedir que liderara la configuración de una mayoría alternativa a la de Mariano Rajoy. Creo que mucha gente que ahora estamos en política no hubiéramos aguantado ni la mitad del pressing que ha aguantado él.

Pero todo tiene un límite, y los llamados «barones» han aprovechado los malos resultados electorales del PSOE en Euskadi y Galicia para iniciar una guerra total de cuestionamiento a Sánchez y de su intento anunciado el lunes de convocar un Congreso para que fuera la militancia que decidiera cuál debía ser la apuesta del PSOE, si un presidente socialista o un presidente del PP.

La «socialdemocracia» debería ser eso: mezcla de socialismo y democracia, o de socialismo democrático, si desea. Y justamente el bando contrario a Sánchez lo lideran gente como Felipe González, quien ya hace tres décadas dejó de ser el hombre del cambio para ser el señor ‘X’, y lleva ya muchos años defendiendo desde los think-tanks socialistas mundiales el acatamiento de las tesis del neoliberalismo, y sembrando la reacción contra los gobiernos progresistas en América Latina. De allí que ahora se llama «Pasokització» de los partidos socialistas (a raíz del hundimiento del Partido socialista griego, el PASOK), González es uno de los principales responsables. Vamos, que de socialismo, poco-poco… Y de democracia, poquita también, porque justamente lo que se quieren cargar González, Díaz y los «barones» es la posibilidad de que sea la gente, las bases socialistas, las que decidan qué se ‘debe hacer, como plantea Sánchez. Un Sánchez quien, por cierto, fue elegido directamente por la militancia, y ahora las dimisiones de algunos que fueron elegidos de forma indirecta, ponen contra la pared.

Todo esto ocurre porque hay estructuras de poder que se creen intocables, y porque Sánchez también ha entendido -y para eso deberían servir los resultados en Euskadi y Galicia desde una lectura diferente a la que hacen sus detractores- que si quiere liderar otra mayoría debe mirar hacia Podemos pero sobre todo debe entender que se debe superar el españolismo que hegemoniza las principales fuerzas políticas españolas y les impide incluso llegar a acuerdos puramente pragmáticos con partidos soberanistas catalanes o vascos, por ejemplo. Que los pueblos y las naciones están, estamos, y se nos ha de tener en cuenta y respetar, sobre todo si aspiras a ganar en España. E incluso desde una perspectiva reformista, que es la que ha defendido históricamente el PSOE, hay que revisar no sólo el contenido, sino también el continente: el modelo político, pero también el modelo de Estado.

A todo esto, si Sánchez cae (o si lo tumban), me temo que con él caerá lo que queda de socialismo democrático en el PSOE, lo que es dramático. No porque las ideas no puedan pervivir, o encontrar otro instrumento para defenderlas, sino porque tendremos a Rajoy y a la derecha españolista por cuatro años más, al menos. Y eso no es bueno para la mayoría de la gente, ni aquí ni en ningún lado.

Artículo de opinión del educador y diputado de MÉS per Mallorca, David Abril