La gobernabilidad de España en serio riesgo ante un nuevo desencuentro Rajoy-Sánchez

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No lograron ponerse de acuerdo tras 80 minutos de tensa reunión y vuelve a sobrevolar el fantasma de una tercera y casi surrealista convocatoria a elecciones

 

La gobernabilidad de España sigue en terapia intensiva y con respiración asistida. Las elecciones del 26-J reforzaron al Partido Popular pero no cambiaron el tablero que pudiera facilitar una alianza. Para gobernar, el PP sigue necesitando el apoyo directo o indirecto del Partido Socialista Obrero Español. El resto de opciones obligaría a pactos todavía difíciles de explicar. Tras un primer tanteo de Mariano Rajoy con los grupos, que terminó después de que el presidente en funciones y candidato a la reelección se reuniera sin resultados durante 80 minutos este miércoles con Pedro Sánchez en el Congreso, el fantasma de nuevas elecciones (las terceras en un año) resurgía con fuerza situándose en el centro de la escena. Las incertidumbres se acumulan y Pedro Sánchez decía que “hoy por hoy” continúa con el no a Rajoy, y el presidente reiteraba que en cualquier caso necesita el PSOE.

El socialista evitaba definir explícitamente encabezar una alternativa (aunque esta posibilidad provoca en su partido menos apoyos que una abstención en la investidura del líder del PP) y el popular afirmaba que si no obtiene apoyos que le garanticen “un mínimo de estabilidad” en los próximos días, tendrá que “abrir un periodo de reflexión consigo mismo y con el resto de partidos para valorar las salidas al laberinto del fin del bipartidismo”. Daba a entender que incluso su continuidad puede ser cuestionada, aunque después su entorno se apresuraba a dejar claro que era una reflexión general y que no tirará la toalla de la investidura.

En todo caso, Rajoy envió un mensaje de tranquilidad con el argumento de que esto no ha hecho “más que empezar”. Pero el hecho es que el diálogo multipartidario está atascado, los contactos son de baja intensidad y ni se negocia aún formalmente la composición de la mesa del Congreso, que se vota el próximo martes. Tanto el PP como el PSOE aspiran a presidirla.

El jefe del ejecutivo había amenazado de no ir a la investidura, pero tiene previsto hacerlo para presionar a los aliados potenciales y activar la cuenta atrás de unas terceras elecciones de las que todo el mundo reniega. Ha previsto que las sesiones sean la primera semana de agosto. El día 2 comenzaría el debate, el 3 se haría la primera votación, que pondría en marcha los plazos, y el 5 la segunda. Si la investidura fracasa y el rey ya no encarga a nadie probarlo (Rajoy recibirá el encargo) las elecciones serían el 27 de noviembre.

Tres escenarios

La primera ronda de Rajoy deja, a estas alturas, tres escenarios, descartada la gran coalición PP-PSOE por el no rotundo y unánime de Sánchez a compartir gobierno. Rajoy tiene prisa, pero es evidente que si Sánchez debe hacer el tránsito del no a la abstención, se hará rogar e incluso es posible que convoque un comité federal para hacer corresponsables a los barones socialistas. Sánchez debería girar, y ayudaría (y mucho) que Ciudadanos fuera más allá. El partido de Albert Rivera formalizó ayer el inicio de su giro y el veto a Rajoy ya es historia. Antes de que el PP les enviara (a ellos y al PSOE) una propuesta de programa de gobierno pensada para atraerlos, su ejecutiva ya concedió una abstención “técnica” en segunda vuelta. Si van más allá y pasan al sí, y por tanto Rajoy tiene 169 votos, será más difícil que los socialistas sigan bloqueando. Sánchez lo sabe y mientras C ‘s se mantenga en la abstención podrá seguir en una posición de fuerza viendo como Rajoy lo pasa mal. El PP trabaja en dos escenarios: el de investidura y el de legislatura. Para el primer vuelo contar con el PSOE. Para el segundo intentará sobrevivir para aprobar presupuestos y leyes con Ciudadanos, CDC, el PNV y los canarios, que completan la mayoría de centroderecha en el Congreso.

Soberanistas en la pista de baile

Sánchez decía tras el 20-D que no quería pactar con Podemos porque el gobierno de España “no puede descansar sobre independentistas”. Ahora, sin embargo, como él no se quiere mojar, pretende que Rajoy pacte. Ayer resaltó la importancia del pleito catalán para afirmar que hay “diálogo, negociación y propuestas”, y que una buena manera de encararlo sería sumar a los nacionalistas. Rajoy lo rechaza porque el Partido Demócrata Catalán “no comparte la esencia de la Constitución”, y Francesc Homs instaba Sánchez a moverse y liderar una alternativa con Podemos y periféricos. Un pacto que tendría el voto del PDC porque ha “borrado líneas rojas” y le bastaría con que se eche a Rajoy, creando una comisión para debatir si es necesario un referéndum o no. Hace días que Pablo Iglesias, ahora fuera del foco, presiona a Sánchez en la misma dirección, afirmando que los soberanistas tienen demandas asumibles. La operación necesitaría de ERC y del PNV. Ayer el republicano Joan Tardà advertía que sin referéndum no hay nada que hacer.

Volver a votar

El 26-J la participación bajó y el desencanto con la izquierda, incapaz de acordar la investidura con Ciudadanos, ayudó el PP. Según Rajoy, que hubiera nuevos comicios sería un “esperpento”, y también una caja de sorpresas. Si después del 20-D Sánchez tomó la iniciativa, ahora la tiene Rajoy. El PSOE sería esta vez culpable del bloqueo y Sánchez tendría nulas opciones de repetir, ya que el PSOE buscaría un nuevo candidato. En cambio, si inviste a Rajoy puede tener todavía alguna opción de sobrevivir como secretario general.-

Madrid (INCAT-ARA por Fernando Casas).-