Oferta danesa, langostino a Brasil y un convenio que no se toca

Hubo un interesado en dragar el puerto de Mar del Plata, volvió el langostino patagónico al mercado brasileño después de 8 años y Moscuzza, Solimeno y Xeitosiño tuvieron que pagar un plus salarial tras fracasar en el intento de liquidar salarios con otro convenio colectivo.

Por: Roberto Garrone

Semana de certezas y definiciones esta que pasó en el mundo puerto y pesca de Mar del Plata. La única oferta, a un precio razonable, de los daneses de Rodhe Nielsen para realizar la obra de mantenimiento del dragado le devolvió la calma a Gabriel Felizia, después que la licitación entrara en un camino de incertidumbre tras el fracaso del primer llamado.

Resta ahora que los daneses acepten el pedido de limar la oferta unos miles de dólares para que encaje en los 5 millones previstos en el presupuesto del Consorcio Portuario. Y que luego los organismos de control de la Provincia de Buenos Aires aprueban el contrato de obra.
De no mediar inconvenientes burocráticos, alguna de la docena de dragas de succión que los daneses tienen desplegadas en distintos puertos europeos cruzará el Atlántico para posicionarse en Mar del Plata en tres semanas luego de firmado el contrato.

Extraoficialmente refieren a una embarcación de 2500 metros de cántara para realizar la obra en 5 meses. Pese a comenzar el trabajo en invierno, con condiciones climáticas adversas, cerca de Felizia creen que la obra no se extenderá más allá de ese plazo. Los metros cúbicos a dragar los sabremos cuando realicen la batimetría antes de comenzar.

No solo Felizia respira aliviado. Los operadores portuarios también celebran poder salir de la emergencia en la que se encuentra la terminal marítima, con el canal principal obstruido por sedimentos que vomita el banco de arena que se recuesta sobre la Escollea Sur, y volver a emitir señales de previsibilidad, vitales para sostener la escala del portacontenedor y el petrolero, los únicos grandes barcos que ingresan al puerto y requieren calado especial.

Después de 8 años de barreras bajas a partir de un fallo judicial promovido por el poder de lobby camaronero brasileño que logró levantar las gestiones de la industria pesquera argentina con el apoyo del embajador Daniel Scioli, el langostino patagónico pudo cruzar la frontera.

Esta semana la Subsecretaría de Pesca informó de la primera certificación de exportaciones Y el origen de la carga fue una empresa marplatense que lo reprocesó y agregó valor en un frigorífico de José Hernández casi Juan B Justo.

Buena Proa”, de ella se trata, fue la precursora pero no es la única que tiene vínculos con Brasil como para generar un canal fluido de exportaciones. Por proximidad y vínculos comerciales de muchos años, Mar del Plata puede perfectamente ser el origen de la demanda que genere el nuevo mercado. De hecho de acá también salió todo el langostino que cruzó la frontera de contrabando.

En tiempos de alto nivel de desempleo en la ciudad, de crecimiento de la pobreza y la indigencia, el langostino puede generar una usina de empleo de calidad y sustentable. La industria pesquera marplatense estuvo preparada para afrontar este desafío. Se ha venido trabajando langostino fuera de la temporada de aguas nacionales a partir de la decisión de las autoridades de aumentar el by catch cuando se pesca merluza al norte del área de veda.

El año pasado la industria mantuvo ocupadas más de mil personas con el reproceso del marisco. Hay capacidad instalada para promover mano de obra intensiva y hubo materia prima. Resta que las cámaras empresarias y el SOIP acuerden un convenio específico por la actividad, dejando en claro la temporalidad de la zafra, para que los puestos de trabajo que surjan se patinen de blanco.

Algunas empresas ya han acordado de manera individual con los trabajadores, tal el caso de Iberconsa y Pampa Fish; otras negocian, como 14 de Julio y están las que reprocesan bajo el esquema cooperativo, como Vepez. Pero un acuerdo marco daría señales maduras de apostar por el camino del marisco.

La última certeza de la semana la tuvieron Moscuzza, Solimeno y la empresa Xeitosiño. El intento por voltear el convenio colectivo de trabajo que las empresas tenían con los principales gremios de marineros en Mar del Plata resultó un fiasco estrepitoso.

SIMAPE y SOMU se vinculan con estas empresas a través de CEPA, el Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas, a través de los convenios 579/10 y 580/10. Ese acuerdo plantea mejores condiciones salariales para los afiliados que se embarcan en sus barcos tangoneros congeladores.

El año pasado estas empresas liquidaron los salarios con otro convenio, de otra cámara, que establecía valores mucho más bajos de producción que el SOMU había rubricado con otras cámaras empresarias de la Patagonia. Es cierto que también se comprometió con CEPA y nunca le firmó.

Y además le puso reparos a la homologación forzosa que aplicó el Ministerio de Trabajo. Pero para ese entonces ya había una lucha indisimulable entre la conducción nacional de los obreros marítimos y la delegación local. La diferencia del valor del dólar para la producción entre uno y otro convenio rondaba el 50%.

Los gremios reclamaron al Ministerio de Trabajo, decretaron un paro, aceptaron la conciliación y demoraron la zarpada de los 11 barcos hasta tanto las empresas no reconocieran el plus salarial por la diferencia, cosa que sucedió el miércoles pasado.

Por cada barco tuvieron que abonar una diferencia salarial a sus tripulaciones superior a los 4 millones de pesos. Pero eso no fue lo peor: arrancaron la temporada de pesca más tarde que el resto de la flota, algo inadmisible para “Tony” y “Pototo”, dos viejitos tan tramposos como voraces.

Si hay nuevas ofertas por el dragado se alejan del presupuesto previsto

La administración portuaria tiene previsto destinar 5 millones de dólares. La única oferta que recibió y rechazó fue de 20 millones. Pero la empresa que haga el trabajo tendrá que remover muchos más metros cúbicos, la obra durará más de 5 meses y el 70% se cobra al finalizar. Este lunes se abren los sobres del segundo llamado.


Por: Roberto Garrone

De no mediar nada raro, mañana lunes en las oficinas del primer piso del Consorcio Portuario se deberían abrir los sobres con las ofertas del segundo llamado a licitación de la obra de mantenimiento del dragado de puerto Mar del Plata.

Luego del fracaso del primer intento, donde solo se presentó la empresa Servimagnus con una oferta de 20 millones de dólares más IVA, cuatro veces más que el presupuesto que la administración portuaria piensa destinar a la obra, en el despacho de Felizia esperan al menos recibir alguna oferta más.

Todas las miradas están puestas en una empresa dragadora danesa que en el primer llamado le habían objetado flaquezas administrativas que fueron subsanadas en este plazo extendido y estaba interesada en presentar una propuesta, en función que tiene equipos a pocas semanas de Mar del Plata.

Lo que parece claro es que no alcanzarán esos 5 millones de dólares que el Consorcio tiene para pagar la obra, ni que serán 560 mil los metros cúbicos a remover que figuran en el pliego de la licitación y tampoco durará los 150 días previstos.

Algunas pistas sobre estas cuestiones las brindó la propia Servimagnus para justificar el exceso en la oferta. “Según la información que recabó la empresa, la tasa de sedimentación que afecta a la terminal marplatense ronda los 300.000 m3 por año”, refleja el portal www.tradernews.com.ar en el artículo “En qué consistió la propuesta de dragado en el puerto de Mar del Plata”.

“La última campaña de mantenimiento finalizó en diciembre de 2018, y dos años después se acumularon 560.000 m3 por arriba de los perfiles de diseño”, añadieron desde Servimagnus. “Si la obra comienza en julio y cuenta con un plazo de 5 meses, finalizará prácticamente un año después del relevamiento de referencia que figura en el pliego. O sea que habrá que dragar entre 250.000 y 300.000 m3 adicionales al valor solicitado”.

Pero eso no es todo: hay que incluir el sobredragado técnico “cuya magnitud depende del plan de trabajo, del área a dragar, que en este caso es muy amplia, el volumen total a dragar ronda el millón de metros cúbicos, casi el doble del volumen enunciado”, aclararon.

Desde la empresa dragadora relevaron otro detalle que desalienta el interés por realizar la obra. “Salvo por un anticipo, la totalidad del trabajo se abonaría una vez terminado el mismo” refiere la nota de “Tradernews” por lo que deben sumarle un costo financiero adicional.

En Servimagnus anticiparon que volverán a presentar una oferta y “de dialogar y consensuar criterios para generar condiciones más atractivas para las empresas”. Desde el Consorcio, hasta el viernes, reconocieron no haber tenido contactos con la empresa del Grupo Román por lo que habrá que esperar al lunes para tener mayores certezas. Y refutan otra de las teorías: “Es mentira que se requiere remover un millón de metros cúbicos”, aseveran en cercanías de la Presidencia.

Lo que queda claro es que Servimagnus expuso un escenario mucho más hostil de lo imaginado y que hacen pensar que las ofertas quizás no se arrumen a los 20 millones de dólares pero sí estarán más cerca de los 10 millones que de los 5 con los que cuenta el Consorcio.

Y la duda central aflora. De dónde saldrán los fondos adicionales para pagar la obra si Nación apenas aportó 200 millones de pesos. Menos de la mitad del presupuesto original. Con la incertidumbre adicional: qué será del tipo de cambio después de las elecciones de medio término.

Mar del Plata no tiene los mejores antecedentes. Todavía la Provincia debe más de 4 millones de dólares del dragado del 2014.

La batalla en el Atlántico Sur de la que Argentina mira indiferente

La pesca de la flota extranjera sobre la milla 201 beneficia a 10 países y es ilegal porque se ejerce sin ningún tipo de control. El rol de Montevideo como puerto de apoyo. Nadie detiene la voracidad China y Estados Unidos se interesa por motivos ambientales y económicos en una zona en que Argentina es la principal perjudicada. Sin embargo los gobiernos de turno miran con una pasividad que exaspera.

Por: Roberto Garrone

En los últimos días fue noticia el amparo ambiental impuesto por la ONG “Observatorio del Derecho a la ciudad” para que frenar la pesca ilegal en aguas del Atlántico Sur que llevan adelante cientos de buques pesqueros, mayoritariamente chinos pero entre los que también aparecen coreanos, taiwaneses y españoles. Estos últimos con una flota de casi 40 arrastreros congeladores con un poder de pesca fenomenal.

La medida judicial parece más una respuesta con un fin mediático que efectivo, luego que Enrique Piñeiro transportara periodistas de medios nacionales y sobrevolara la zona donde pesca la flota extranjera al borde de nuestra zona económica exclusiva.

El avión del cineasta debería sobrevolar la Cancillería para que quede al descubierto la pasividad asombrosa que la política argentina, no importa de qué gobierno se trate, muestra para defender nuestros recursos pesqueros. Un problema que lleva más de 30 años y que sin embargo nunca motivó una defensa férrea no solo en la milla 201 sino también en Malvinas.

Hubo un intento, cierto. En el 2017 se quiso aprobar una resolución en la Organización Mundial de Comercio que pusiera freno a los subsidios a la pesca ilegal, un objetivo de la ONU para el año pasado. Como vemos, objetivo no alcanzado, claramente.

Podría haber habido otros pero parece que es un trámite “complejo”. Todavía no hay noticias de la infracción a Pesca Puerta por pescar en Malvinas y también en el caladero nacional a través de Estrella Patagónica. Los permisos de pesca siguen en las mismas manos cuando la Ley Federal de Pesca establece claramente que debería perderlos.

Es curioso porque pareciera incorporado que solo es pesca ilegal lo que hacen los barcos extranjeros en la milla 201 y pasan por alto las licencias que otorga el Reino Unido para que exploten nuestro calamar y especies australes.

Aldo Braida es presidente de la Cámara de Agentes Pesqueros Extranjeros (CAPE) que funciona en Montevideo. La conforman 8 agencias marítimas y 3 operadores portuarios. Los agentes son los representantes convencionales de buques extranjeros; hacen trámites, gestionan permisos y coordinan la operatoria.

«En 2020 más de 300 entradas a puerto de pesqueros extranjeros que eligieron operar en Montevideo, generaron actividad portuaria, ingresos y empleo local, contribuyendo así a promover la pesca legal, declarada y reglamentada en el Atlántico Sur”, dice uno de los últimos tuits de la cuenta de @CAPEuy.

Se entiende que las agencias facturan miles de dólares con la operatoria de la flota extranjera. Pero nada más falto de verdad, nada más hipócrita que decir que esa flota promueve la pesca legal, declarada y reglamentada.

El Puerto de Montevideo está catalogado como el segundo a nivel mundial en recibir pesca de trasbordo sospechada de provenir de la Pesca Ilegal No Declarada No Reglamentada (INDNR). Los incidentes con víctimas a bordo, los casos de narcotráfico, los incendios y las peleas grupales en barcos extranjeros son constantes.

Datos oficiales de la armada del país vecino, al que tuvo acceso la organización ambiental “Oceanosanos” dan cuenta de que se recibe un muerto por mes en el Puerto de Montevideo y las irregularidades develadas son realmente sorprendentes.

Lo más curioso del caso es que desde 2013 Uruguay forma parte de los Estados de Puerto Rector de la FAO-ONU, que se comprometieron a desalentar y prevenir la pesca ilegal. La misma ONU que se había trazado como objetivo terminar con la pesca ilegal el año pasado.

¿Qué perjuicio genera para los estados ribereños como Argentina la pesca ilegal? Contesta el especialista Cesar Lerena. “Aparte de las pérdidas económicas, podríamos sintetizar los daños sociales: esta pesca impide que 6 millones de niños y adolescentes argentinos reciban una ración diaria de proteína los 365 días del año que pondría fin al hambre y la desnutrición. Y de esto, se tendrán que hacerse cargo al fin, los gobernantes algún día. Nos estamos empezando aburrir de que el administrador de este consorcio (el país) no optimice la utilización de nuestros escasos recursos y nos empuje a la pobreza, a la indignidad y a la vergüenza internacional”, señaló en “La erradicación de la pesca ilegal en alta mar para controlar el Atlántico Sur y Malvinas», uno de sus últimos artículos.

Milko Schvartzman, uno de los integrantes de “Oceanosanos” y quien conoce en profundidad el movimiento de toda esta flota pirata, ha expuesto sus maniobras ilegales y la complicidad de las autoridades uruguayas, especialmente las del puerto de Montevideo.

“En mayo de 2018 el pesquero Fuh Sheng 11 fue inspeccionado al arribar al puerto de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, detectándose que no cumplía con las mínimas condiciones para navegar. Se documentó que sus tripulantes eran golpeados, sufrían maltratos y no se les pagaba lo acordado. La escala anterior había sido el Puerto de Montevideo. En diciembre de 2017 visitó dos veces ese puerto y, llamativamente, no se registró ningún inconveniente”, expuso el ambientalista en declaraciones a “Revista Puerto”.

Milko tiene una propuesta para ponerle fin a esta actividad ilegal. Prohibirla. “Ya hay estudios que lo avalan, el 90% de lo que se captura en aguas internacionales se lo quedan solo 10 países. Hay 220 países y solo lo aprovechan 10 que además pescan en zonas aledañas a países en desarrollo. Está probado que si se prohibiera se protegería los ecosistemas costeros de más de 100 países”, distingue el ambientalista..

Hoy el Atlántico Sur se ha constituido en una zona de disputa internacional donde impera la prepotencia China, la cual toma más impulso con gobiernos débiles y necesitados de respaldo financiero como el nuestro, y Estados Unidos quiere hacer pie en la zona.

A caballo de su conciencia ambiental, los mismos que dijeron no al acuerdo contra el cambio climático en el 2017, intentaron hace poco que el más moderno buque de su Guardia Costera navegue las aguas del Atlántico.
Claro que también tienen intereses más fuertes que los medioambientale.

El fondo de inversión estadounidense Platinium Equity controla iberconsa, una de las empresas españolas con más desarrollo en el litoral marítimo argentino y que desembarcó hace unos años en Mar del Plata al quedarse con parte de los activos de Valastro.

Mientras estas fuerzas con diversos intereses entran en pugna Argentina muestra pasmosa indiferencia a un problema que destruyen los ecosistemas, pone en jaque la sustentabilidad del calamar pero sobre todo, hace de cartón pintado nuestros derechos soberanos.

Una máquina de fabricar pobres y regalar trabajo a terceros países

Los últimos números de pobreza que reflejó el INDEC causan indignación en un país que podría generar mucho más trabajo con el agregado de valor en productos pesqueros pero lo regala a países como Tailandia, Perú, Guatemala, como en el caso de las colas en langostino.

Por: Roberto Garrone

De acuerdo al último reporte de pobreza del INDEC sobre el segundo semestre del 2020, en la “Ciudad feliz” se contabilizaron 265.580 marplatenses pobres y 69.877, indigentes. Números que sepultan cualquier eslogan de promoción turística.

Se es pobre, entre otras cosas, porque no se tiene un trabajo capaz de generar un ingreso que permita acceder a las necesidades básicas. Aunque como lo vimos la semana pasada con la historia del INIDEP, no alcanza con haber estudiado una carrera de grado y ser un investigador bajo relación de dependencia para esquivar sueldos de pobreza. Hay biólogos que cobran 30 mil pesos.

Pero quiero ir para otro lado… Mientras Argentina es una fábrica de generar pobres e indigentes, la falta de políticas que incentiven la generación de empleo genuino hacen que el país sea también una usina generadora de trabajo en terceros países.

Es lo que pasa con el langostino patagónico. Un recurso abundante más allá del crecimiento del esfuerzo pesquero que se aplica sobre el marisco desde hace varios años, se han sostenido las buenas capturas y hubo años que se superaron las 200 mil toneladas.
Ese recurso era pescado por barcos tangoneros congeladores originalmente cuyo producto no genera mucho trabajo en tierra. Capturan y congelan langostino entero y lo envasan en cajas de dos kilos que se destina principalmente a España.

A partir de la sobreabundancia evidenciada desde el 2013, barcos fresqueros se sumaron a la pesquería que ya tenía a la flota de Rawson como aportante casi exclusivo de materia prima fresca. Ese langostino de los cajoneros comenzó a generar un aumento de la producción de otros subproductos, cola en diversas variedades.

Con más o menor valor agregado, Argentina exporta cola en bloque, en pastillas de diferente peso que generan un trabajo calificado y mucha mano de obra en Mar del Plata, pero que se queda a mitad del camino. Más horas hombre requiere la cola pelada y desvenada, a granel en cajas de 5 kilos o un par de colas congeladas en bolsas de hasta 800 gramos, según el gusto del cliente y el destino final.

Los reintegros para quien suma valor y genera trabajo son insignificantes en relación a quien exporta producto entero o hace cola en bloque. Más allá que desde Pesca se ha buscado desalentar la cola en bloque, la estadística oficial no distingue con precisión qué se exporta de cada tipo. Solo clasifica al langostino entero y excepto entero.

Cómo nos damos cuenta que la cola en bloque sigue siendo importante en las exportaciones de langostino. Que Argentina sigue regalando trabajo a terceros países, justamente por el destino final de la materia prima.

La estadística que divulgó días pasados CAPECA, la cámara armadora de congeladores patagónicos, refleja en el primer bimestre del 2021 que Tailandia fue el principal destino de cola de langostino con 2768 toneladas contra 1504 toneladas que había recibido el año pasado en el mismo período.

Tailandia no es el consumidor final de ese langostino sino que lo reprocesa con mano de obra barata para introducirlo en Japón. “Por las trabas sanitarias impuestas por China los japoneses encontraron en Tailandia quien les haga el trabajo que antes le hacían los chinos”, cuenta un industrial argentino para explicar el fenómeno.

En la lista de destinos hay otras pistas de la tercerización de la mano de obra. Perú (1400 toneladas), Viernam (873 toneladas), Indonesia (490 toneladas), Guatemala (348)… Nadie recibe el marisco para introducirlo en su mercado como bien de consumo.

En total se exportaron como “colas” 11.424 toneladas. Más de la mitad fue a reprocesarse a terceros países y pagó un derecho de exportación del 7%. Las colas con valor agregado, un derecho de exportación del 5%. Un premio insignificante.

Cuánto trabajo representa cada tonelada de langostino que se exporta en bloque. Lo tienen calculado en Cafrexport, la cámara que agrupa a los frigoríficos exportadores. Por cada tonelada de cola de langostino que se reprocesa en terceros países se pueden sumar diez trabajadores durante un mes. Una tonelada da trabajo a ocho envasadoras y dos peones por un día. Cada contenedor lleva veintiocho toneladas de producto, es un mes de trabajo para esas diez personas.

Argentina no solo regala trabajo sino que también pierde de generar más divisas, dólares tan indispensables en estos tiempos de cepo y control cambiario. El precio de la tonelada de cola en bloque exportada a Tailandia fue de 6338 dólares, según el mismo informe de Capeca. El producto exportado a Estados Unidos, por ejemplo, tuvo un valor de 8675 dólares.

Lo que pasa con el langostino es la punta del iceberg, el ejemplo tal vez más grosero de los tantos que regala un país inviable en que nadie es capaz de pensar y sacar cuentas. Mejoro los reintegros al valor agregado y lo que resigno de costo fiscal lo compenso con mayores ingresos por exportaciones. Y en el camino genero más empleo, bajo el nivel de pobres e indigentes y aumento el consumo interno.

Pero también se pierde mano de obra con otros recursos, como la merluza, donde la flota congeladora activa la fábrica de aniquilar peces a bordo, con pocos controles y eligiendo los ejemplares de mejor tamaño, o exporta pescado entero para que lo reprocesen en Vigo mientras, como Iberconsa, renueva barcos en astilleros españoles con el dinero que obtiene explotando recursos pesqueros argentinos.

Felices Pascuas

No hay investigación pesquera con científicos pobres

El personal científico técnico del INIDEP volvió a visibilizar el retraso salarial que hunde a más de la mitad del personal bajo la línea de pobreza. Desde el Instituto refieren cambios estructurales pero que no atienden la urgencia de una recomposición como lograron en el CONICET.

Por: Roberto Garrone

El Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) es el organismo científico más importante de Argentina vinculado con una actividad cuya industria genera miles de fuentes de trabajo en el litoral marítimo y el año pasado generó exportaciones por casi 1800 millones de dólares, constituyéndose en el octavo polo exportador del país.

El INIDEP asesora a la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura de la Nación (SSPyA), al Consejo Federal Pesquero (CFP) y a la Cancillería Argentina en el uso racional de los recursos sostenibles con el objetivo de preservar el ecosistema marino para las generaciones futuras.

Pero como somos un país de espaldas al mar, donde muchos desconocen lo que pasa más allá de la línea del horizonte y mucho más, los recursos pesqueros que habitan las profundidades del océano, tampoco se reconoce la tarea que realiza el cuerpo científico técnico que trabaja en el INIDEP.

Esta falta de reconocimiento también es un atributo de las propias autoridades. Paritarias por debajo del costo de vida y un ritmo inflacionario que no cesa, llevaron a una situación insostenible. El año pasado desde la Asociación de Profesionales del INIDEP divulgaron un dato irrefutable:

El 54% del personal científico técnico del instituto cobraba salarios debajo la línea de pobreza. Son 252 trabajadores de los 371 que tiene el instituto entre la Dirección, Buques, Administración y Recursos Humanos. Los trabajadores pidieron un plus salarial para compensar pero la respuesta fue denegada.

Lejos de solucionar estas demandas urgentes, más alá de los anuncios de ocasión que las autoridades realizaron el año pasado cuando se reunieron en el muelle de la Base Naval para recibir al nuevo buque, el “Mar Argentino”, la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores avanzó varios casilleros.

El año pasado la inflación fue del 36,4% pero los trabajadores del INIDEP recibieron como actualización paritaria, a partir de octubre pasado un 25% que ni siquiera fue en una sola cuota. Fueron 4: 7% en octubre, 4% en enero 2021, 6% en marzo y cobrarán el último 8% en mayo.

Ese desglose tuvo un par de bonos de 4 mil pesos, pero que tampoco alcanzan a reparar toda la pérdida del poder adquisitivo que sufrieron el año pasado. Es posible que si llegan a realizar el mismo relevamiento de ingresos este año, los investigadores con salarios de pobreza sean muchos más.

En vez de hacer cuentas, los trabajadores piden un trato igualitario con los investigadores del CONICET, que dependen del Ministerio de Ciencia y Técnica. O que en Agricultura terminen con el destrato y apliquen el mismo 20% extraparitario que lograron sus pares. “Nosotros también hacemos Ciencia y Técnica”, remarcaron.

“Se están estudiando opciones para mejorar los ingresos”, aseguró Oscar Padin, director del Instituto. “Es una situación compleja. Estamos haciendo distintas gestiones, acompañados por el Ministerio, para una reforma estructural del INIDEP que dará frutos positivos a mediano y largo plazo”, amplió Padin, que reconoció el esfuerzo que hace el personal en este contexto. “Han sostenido la productividad y cumplido con todas las demandas de información para el manejo de los recursos”.

El personal quiere reconocimientos más tangibles que palabras. Los pasillos del instituto son un hervidero que reflejan un creciente malhumor. Los grupos de whatsAap sirven para canalizar frustraciones colectivas y diseñar planes de lucha.

Pese al descontento general, vale subrayar, los trabajadores han mostrado paciencia. Le han dado tiempo al nuevo director, Oscar Padín, para generar soluciones y han sido respetuosos de la continuidad de los planes de campaña.

Las que se han suspendido fue por problemas mecánicos de los barcos. El Holmberg el año pasado que no pudo zarpar para la evaluación global de merluza y el Angelescu en febrero, cuando se disponía a relevar el calamar. Ninguna por cuestiones vinculadas a estos reclamos reivindicatorios.

El jueves hubo asamblea de ATE y el lunes habrá asamblea de los autoconvocados, personal científico técnico que en su mayoría no se siente representado ni por este gremio y mucho menos por UPCN. “Lo del CONICET generó mucho mal humor. Nos sentimos discriminados”, contó una trabajadora el viernes por la mañana.

El miércoles habrá una reunión con el Director. En función de lo que les diga Padín evaluarán aplicar un plan de lucha con medidas de fuerza. Pero el no parece tener muchas cartas para jugar: ya ha dicho el año pasado de su prioridad para regularizar el escalafón y una nueva compensación asociada a la capacitación.

Cualquiera de esas opciones demanda tiempo administrativo que va a contramano de las urgencias de los trabajadores