Cada día se vislumbra más difícil una salida política que permita formar gobierno en España

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Mientras Pedro Sánchez empuja a Rajoy a una investidura sin el PSOE, dirigentes socialistas creen que su abstención es “imposible” si nadie mueve ficha – Ciudadanos tampoco la apoyaría

                       

Hay en el PSOE quien considera que, por mucho que Pedro Sánchez adopte la “estrategia del avestruz” y desaparezca de la escena para intentar eludir la presión, cuando al fin despierte, como en el cuento de Monterroso, el dinosaurio probablemente seguirá estando ahí. Esperándole.

El líder del PSOE, por el momento, sólo prevé reafirmar este jueves en la audiencia con el Rey su rechazo a la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. No es no. Es decir, ni sí ni abstención. Pero Pedro Sánchez confía al tiempo en que cuando el líder del PP acuda al palacio de la Zarzuela, apenas unas horas después de ese mismo día, le muestre al monarca su disposición a dar un paso al frente para, esta vez sí, presentarse a la investidura. Y que mueva el cielo y la tierra, como él mismo intentó hacer sin éxito en la anterior legislatura, para tratar de sumar una mayoría que le permita lograr su investidura, primero, y gobernar después.

Una mayoría en la que, en todo caso, Pedro Sánchez ya subrayó que no estarán los socialistas. Una mayoría para la que el líder del PSOE señala, para empezar, a Ciudadanos, el partido con el que él mismo selló un acuerdo de gobierno en la legislatura pasada. Algunos cuadros socialistas se preguntan cómo es posible que ellos sí pudieron acordar con Ciudadanos hasta 200 medidas, pese a sus diferencias ideológicas, y ahora el PP se ve incapaz de hacerlo. Los 137 diputados del PP más los 32 del partido de Albert Rivera suman 169 escaños, a siete sólo de la mayoría absoluta. Suficientes, en todo caso, para que Rajoy intentara gobernar en minoría. No en vano, según recuerdan en Ferraz, José Luis Rodríguez Zapatero contó precisamente con 169 escaños en el año 2008. Y aún con los 164 diputados logrados en el 2004 también pudo gobernar por vez primera.

Si así fuera, Sánchez podría eludir la toma de la decisión más trascendental a la que se podría ver abocado el PSOE. Pero la cuestión es que Albert Rivera sólo se ha movido hacia la abstención a Rajoy, y asegura no estar dispuesto a más, mientras formaciones como CDC o el PNV ya advirtieron que en ningún caso facilitarán la investidura del líder del PP, por más que hayan podido prestar algunos de sus votos en los acuerdos para la formación de la Mesa del Congreso. Así pues, la pelota podría volver a situarse, en exclusiva, sobre el tejado del PSOE. Y la alternativa seguiría siendo igual de envenenada para Sánchez: o permitir con una abstención la investidura de Rajoy o asumir su cuota de responsabilidad, si no en exclusiva, de una tercera convocatoria electoral a finales de año.

“Cuadrar los intereses de Pedro con los del PSOE y los del país empieza a ser imposible”, advierten algunos dirigentes socialistas críticos. Sánchez, de nuevo, intenta por tanto la cuadratura del círculo. Efectivamente, casi todos en el PSOE piensan que unas terceras elecciones podrían hundirles aún más, después de haber perdido otros cinco diputados entre las elecciones del 20 de diciembre y las del pasado 26 de junio. Y, para muchos, facilitar la investidura de Rajoy también sería fatal: “Si nos abstenemos estaremos muertos, porque no seremos gobierno ni oposición”.

La incertidumbre se mantiene en el PSOE a la espera de la nueva ronda de consultas del Rey de esta semana. Hay quien piensa, en todo caso, que el único que no tendría que temer una nueva repetición electoral sería Rajoy, y quizá tampoco Pablo Iglesias, cuya única estrategia seguiría siendo intentar adelantar al PSOE. Pero los socialistas y el partido de Rivera piensan que otras elecciones podrían suponer un desastre. Así pues, muchos confían en que sea Rivera, para empezar, el que pase de la abstención al sí a Rajoy. Y que el líder del PP “mueva ficha” en algún sentido. Sería la única manera, piensan, de que el PSOE pudiera replantearse su posición. “Si no, la abstención es imposible”. Entre tanto, la única decisión en un PSOE además muy dividido entre los fieles y los críticos de Pedro Sánchez, es no decidir. Al menos, por ahora, como ya ocurrió en el último comité federal del PSOE. La única alternativa es aferrarse al no a Rajoy, “ahora, después y siempre”. Y cruzar los dedos.

Sin una salida de izquierdas

Pese a que Sánchez no quiso cerrar ninguna puerta, y en sus contadas intervenciones tras el 26-J no ha descartado la posibilidad de intentar formar un gobierno alternativo si Rajoy fracasa en su investidura, numerosos miembros de su equipo lo rechazan. Al menos, “para una salida de izquierdas no dan las cifras”, zanja Antonio Hernando. “Cualquier otro escenario es más que improbable”, corrobora Meritxell Batet. “Yo no lo veo factible ni realista, porque las aritméticas parlamentarias son las que son. No hay una mayoría de izquierdas en el Parlamento, hay una mayoría de derechas”, apunta, por su parte, Rafael Simancas.

En la primera reunión del nuevo grupo parlamentario socialista, sólo dos diputados –el vasco Odón Elorza y la gallega Pilar Cancela– animaron a Sánchez a no tirar la toalla ante la posibilidad de que Rajoy no logre sumar los apoyos suficientes para su investidura. Elorza aclaró que su planteamiento, en caso de que el líder del PP no logre su investidura, es intentar de nuevo un “pacto transversal” del PSOE con Podemos y Ciudadanos. “No uno de izquierdas que no suma”. Efectivamente, y pese a que esta ecuación ya se demostró inviable por el veto mutuo de Pablo Iglesias y Albert Rivera, las tres formaciones dispondrían de una amplia mayoría absoluta de 188 escaños.-

Madrid (INCAT-LV por Juan Carlos Merino).-

La gobernabilidad de España en serio riesgo ante un nuevo desencuentro Rajoy-Sánchez

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No lograron ponerse de acuerdo tras 80 minutos de tensa reunión y vuelve a sobrevolar el fantasma de una tercera y casi surrealista convocatoria a elecciones

 

La gobernabilidad de España sigue en terapia intensiva y con respiración asistida. Las elecciones del 26-J reforzaron al Partido Popular pero no cambiaron el tablero que pudiera facilitar una alianza. Para gobernar, el PP sigue necesitando el apoyo directo o indirecto del Partido Socialista Obrero Español. El resto de opciones obligaría a pactos todavía difíciles de explicar. Tras un primer tanteo de Mariano Rajoy con los grupos, que terminó después de que el presidente en funciones y candidato a la reelección se reuniera sin resultados durante 80 minutos este miércoles con Pedro Sánchez en el Congreso, el fantasma de nuevas elecciones (las terceras en un año) resurgía con fuerza situándose en el centro de la escena. Las incertidumbres se acumulan y Pedro Sánchez decía que “hoy por hoy” continúa con el no a Rajoy, y el presidente reiteraba que en cualquier caso necesita el PSOE.

El socialista evitaba definir explícitamente encabezar una alternativa (aunque esta posibilidad provoca en su partido menos apoyos que una abstención en la investidura del líder del PP) y el popular afirmaba que si no obtiene apoyos que le garanticen “un mínimo de estabilidad” en los próximos días, tendrá que “abrir un periodo de reflexión consigo mismo y con el resto de partidos para valorar las salidas al laberinto del fin del bipartidismo”. Daba a entender que incluso su continuidad puede ser cuestionada, aunque después su entorno se apresuraba a dejar claro que era una reflexión general y que no tirará la toalla de la investidura.

En todo caso, Rajoy envió un mensaje de tranquilidad con el argumento de que esto no ha hecho “más que empezar”. Pero el hecho es que el diálogo multipartidario está atascado, los contactos son de baja intensidad y ni se negocia aún formalmente la composición de la mesa del Congreso, que se vota el próximo martes. Tanto el PP como el PSOE aspiran a presidirla.

El jefe del ejecutivo había amenazado de no ir a la investidura, pero tiene previsto hacerlo para presionar a los aliados potenciales y activar la cuenta atrás de unas terceras elecciones de las que todo el mundo reniega. Ha previsto que las sesiones sean la primera semana de agosto. El día 2 comenzaría el debate, el 3 se haría la primera votación, que pondría en marcha los plazos, y el 5 la segunda. Si la investidura fracasa y el rey ya no encarga a nadie probarlo (Rajoy recibirá el encargo) las elecciones serían el 27 de noviembre.

Tres escenarios

La primera ronda de Rajoy deja, a estas alturas, tres escenarios, descartada la gran coalición PP-PSOE por el no rotundo y unánime de Sánchez a compartir gobierno. Rajoy tiene prisa, pero es evidente que si Sánchez debe hacer el tránsito del no a la abstención, se hará rogar e incluso es posible que convoque un comité federal para hacer corresponsables a los barones socialistas. Sánchez debería girar, y ayudaría (y mucho) que Ciudadanos fuera más allá. El partido de Albert Rivera formalizó ayer el inicio de su giro y el veto a Rajoy ya es historia. Antes de que el PP les enviara (a ellos y al PSOE) una propuesta de programa de gobierno pensada para atraerlos, su ejecutiva ya concedió una abstención “técnica” en segunda vuelta. Si van más allá y pasan al sí, y por tanto Rajoy tiene 169 votos, será más difícil que los socialistas sigan bloqueando. Sánchez lo sabe y mientras C ‘s se mantenga en la abstención podrá seguir en una posición de fuerza viendo como Rajoy lo pasa mal. El PP trabaja en dos escenarios: el de investidura y el de legislatura. Para el primer vuelo contar con el PSOE. Para el segundo intentará sobrevivir para aprobar presupuestos y leyes con Ciudadanos, CDC, el PNV y los canarios, que completan la mayoría de centroderecha en el Congreso.

Soberanistas en la pista de baile

Sánchez decía tras el 20-D que no quería pactar con Podemos porque el gobierno de España “no puede descansar sobre independentistas”. Ahora, sin embargo, como él no se quiere mojar, pretende que Rajoy pacte. Ayer resaltó la importancia del pleito catalán para afirmar que hay “diálogo, negociación y propuestas”, y que una buena manera de encararlo sería sumar a los nacionalistas. Rajoy lo rechaza porque el Partido Demócrata Catalán “no comparte la esencia de la Constitución”, y Francesc Homs instaba Sánchez a moverse y liderar una alternativa con Podemos y periféricos. Un pacto que tendría el voto del PDC porque ha “borrado líneas rojas” y le bastaría con que se eche a Rajoy, creando una comisión para debatir si es necesario un referéndum o no. Hace días que Pablo Iglesias, ahora fuera del foco, presiona a Sánchez en la misma dirección, afirmando que los soberanistas tienen demandas asumibles. La operación necesitaría de ERC y del PNV. Ayer el republicano Joan Tardà advertía que sin referéndum no hay nada que hacer.

Volver a votar

El 26-J la participación bajó y el desencanto con la izquierda, incapaz de acordar la investidura con Ciudadanos, ayudó el PP. Según Rajoy, que hubiera nuevos comicios sería un “esperpento”, y también una caja de sorpresas. Si después del 20-D Sánchez tomó la iniciativa, ahora la tiene Rajoy. El PSOE sería esta vez culpable del bloqueo y Sánchez tendría nulas opciones de repetir, ya que el PSOE buscaría un nuevo candidato. En cambio, si inviste a Rajoy puede tener todavía alguna opción de sobrevivir como secretario general.-

Madrid (INCAT-ARA por Fernando Casas).-