Se instaló la cruz en una nueva capilla

Los vecinos de la comunidad de la Gloria de la Peregrina, colocaron la cruz definitiva en el campanario de la capilla NUESTRA SEÑORA LA PEREGRINA, a 19km de Mar del Plata. La Cruz fue bendecida por el obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre.

Se instaló la cruz en una nueva capilla

Los vecinos de la comunidad de la Gloria de la Peregrina, colocaron la cruz definitiva en el campanario de la capilla NUESTRA SEÑORA LA PEREGRINA, a 19km de Mar del Plata. La Cruz fue bendecida por el obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre, acompañado por el cura párroco de Nuestra Señora del Pilar de Sierra de los Padres, padre Enrique Pío, y toda la comunidad del paraje.

Esta nueva capilla de la diócesis se está construyendo en ese barrio con mucho esfuerzo ofrecido como Gracias de Dios y desde hace casi 10 años y hoy la cruz se erige como el punto más elevado de toda la zona rural.

La emotiva ceremonia tuvo ribetes especiales por la necesidad de dar cumplimiento a las normas de protocolo para el COVID 19: uso de barbijo y distanciamiento. Salvo para los que cumplían funciones específicas los vecinos siguieron la ceremonia desde los automóviles.

La cruz luego de estar exhibida en la Catedral de Mar del Plata, fue trasladada en una caravana que vehículos de los vecinos de la Gloria de la Peregrina y que se colocó definitivamente en la capilla NUESTRA SEÑORA LA PEREGRINA.

La Cruz, de acero inoxidable, ha sido realizada y donada por un profesional que quiere conservar su anonimato, fue bendecida por el padre obispo y luego fue erigida en la torre del campanario que coronó su cúpula con la instalación de la Santa Cruz de nuestro Salvador, expresando un profundo signo de fe.

LA CAPILLA
Las primeras actividades apostólicas son las catequísticas, llevadas adelante por una mujer de la zona en el espacio brindado por la escuela n° 46. Más adelante, ya en 1966, con el auspicio del Consejo Diocesano de Mujeres Católicas, el recordado padre Boris Koman celebra mensualmente la Santa Misa.

En 1972 asume como segundo obispo de Mar del Plata, el Siervo de Dios Eduardo Francisco Pironio, quien da gran impulso a la Juventud Católica en todas las comunidades. Los jóvenes organizados visitan las casas de los vecinos llevando la Palabra de Dios, despertando entusiasmo y devoción. Los acompaña un novel sacerdote, el padre Andrés Mangas.

El crecimiento de la comunidad católica del barrio ya requiere de un espacio físico propio. De esa manera se gesta la construcción de la primera capilla en un terreno fiscal cedido sobre la calle Río Lules. La humilde construcción, levantada con el esfuerzo de vecinos y la colaboración de los jóvenes, pasa a ser el corazón de toda la actividad apostólica hasta nuestros días.

Pasan los años, y no sólo el barrio, sino toda la zona crece en población, lo que lleva al obispo diocesano, monseñor José María Arancedo, en 1996, a la creación, en una primera instancia, de la cuasi-parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en Sierra de los Padres. Consolidada con los años, y constituida definitivamente como parroquia, de ella pasa a formar parte nuestra Capilla.

Con los años el edificio de nuestra Capilla va quedando pequeño para la realidad de la comunidad. De esa manera, en 2010, a pedido del padre Mario Gervasoni, el obispo monseñor Luis Alberto Puiggari, constituye por decreto la Comisión Pro-Obras de un nuevo templo y comienzan las obras con la ayuda de toda la comunidad que demandaron 10 años hasta este momento.

El nuevo templo románico
El proyecto consiste en un templo ladrillero de doble muro que expresara la mayor cantidad de componentes de la construcción sacra románica, tanto en su arquitectura interior como exterior. Nuestro templo trata de reflejarlo a los ojos de nuestros contemporáneos, mostrándose sólidamente fuerte y austeramente hermoso.

En pocos meses se estarán cumpliendo diez años de la bendición de la primera piedra. A lo largo de estos casi diez años, hemos experimentado la maravilla de la acción de la Providencia en cantidad de circunstancias y detalles, guardados con regocijo en nuestro corazón. Sólo esto ha hecho posible que pudiéramos ir viendo crecer ladrillo sobre ladrillo esta obra, que como grabamos en la piedra fundacional, “para Dios el mejor y más grande”.

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