¿Qué pensamos cuando pensamos?

¿Cómo distinguir una idea propia de la reproducción de una idea ajena?. ¿Qué cantidad de pensamientos o deducciones creemos que son propias de la singularidad de nuestras mentes o son plagios de pensamientos pre-existentes? La licenciada en Psicología, Andrea Cecchi hace un breve recorrido sobre como la mente genera y administra esos cúmulos de información recibida del medio.

Por: Andrea V. Cecchi – Lic. Y Prof. en Psicología – Lic.andrea.cecchi@gmail.com

¿Cómo distinguir una idea propia de la reproducción de una idea ajena?. ¿Qué cantidad de pensamientos o deducciones creemos que son propias de la singularidad de nuestras mentes o son plagios de pensamientos pre-existentes?.

Vayamos por partes; para poder pensar hay que saber buscar información, interpretarla, co-relacionarla, cruzar datos, analizar diferentes puntos de vista, y generar conocimiento. Para ello haremos un breve recorrido sobre como la mente genera y administra esos cúmulos de información recibida del medio.

Desde el psicoanálisis se observan ciertas conductas repetitivas en las personas que corresponden a la evasión rápida de los conflictos; estas prácticas llevadas a cabo para “sacarse de encima el problema lo más rápido posible”, suelen buscar un culpable, o sea, que el que tiene que pensar para resolver una problemática es el otro en cuestión. Mientras nos desembarazamos rápido del tema, ignoramos a la vez, las consecuencias de nuestras propias conductas. Alguien puede quejarse de la mala remuneración que percibe en su trabajo, y como consecuencia de ello no poder llevar adelante los gastos del hogar y la familia y quedarse con la creencia que no hay otra alternativa más que depender solo de la buena voluntad de un jefe déspota. Si tan solo ese hombre de familia supiera evaluar, idear, proyectar, comparar, manejar información, adquirir conocimientos, seguramente su realidad sería otra. La sensación de opresión y de sacrificio sostenidas por la cultura, funcionan como ilusionismos pre establecidos que marcan el FIN de las alternativas.  

La ciencia nomina y nomencla para diseccionar el problema en su más pequeño átomo -como si ello fuera posible- dejando de lado la historia, la causa y el contexto. La puja de poderes en el ámbito académico inserta falsas creencias en la población que solo lee estadísticas y resultados finales como si fueran el gurú de la verdad. De allí que en lo cotidiano se generan rivalidades producto de la desinformación o mala información entendidas como verdades.

Jean Piaget (1896-1980; epistemólogo francés) acuñó dos conceptos que son propicios para comprender este fenómeno de exacerbación, los principios de asimilación y acomodación.  Al estudiar la construcción del conocimiento en los humanos, dedicó sus estudios a la observación de niños desde su nacimiento hasta su adolescencia. La dupla conceptual asimilación/acomodación hace referencia a la forma en que la nueva información ingresa al esquema mental para luego acomodarse y formar un nuevo núcleo de conocimiento ya cerrado que trabaja como un saber sabido. De ese núcleo, van surgiendo otros núcleos cada vez más complejos y así sucesivamente. Es decir, automatizamos conocimientos en forma de hábitos olvidando el origen de los mismos (porque ya no sería necesario). Por ejemplo, muchas personas conducen autos, pero en su gran mayoría no saben cómo funcionan ni cuál es el mecanismo que los mueve, solo se inserta la llave y el auto enciende. Si bien son necesarias las abstracciones y la automatización de las mismas, se corre el riesgo de hacer de ellas un fundamentalismo.

Básicamente así se construyen los Paradigmas (modelos de conocimientos aceptados por una comunidad), tomando como base ciertas ideas ya chequeadas para construir nuevos conocimientos, pero al transcurrir el tiempo aparecen datos que van cuestionando esos principios originales hasta llegar a una tensión tan fuerte que el Paradigma debe ser cambiado.

Ahora bien, ¿qué pasa si se siguen sosteniendo las viejas creencias dejando de lado las tensiones generadas por las incoherencias aparecidas?: llegamos a automatizarnos cada vez más, dejamos de generar reflexiones y pensamientos y comenzamos a fundamentar cosas o situaciones insólitas. Ejemplo de ello es sostener que la actividad sexual masculina es biológicamente tan urgente que no habría manera de respetar ningún tipo de norma moral, creer que si la mayoría coincide en un pensamiento eso es garantía de verdad, que por ir a la escuela alguien puede convertirse en inteligente, que el amor intenso tiene que doler, etc. Imaginemos por un momento si siguiéramos pensando que la tierra es plana!. Podemos citar miles de creencias cotidianas que nos determinan y que no nos permiten elaborar un pensamiento propio.

Es tan grande el peso cultural que las leyes y creencias vigentes de cada época suelen operar prácticamente como cepos del pensamiento. Sólo cuando el individuo se atreve a cuestionar e investigar más profundamente el mundo que le rodea, puede lograr liberarse de esas cadenas; pero… la consecuencia inevitable es quedar fuera del rebaño. Del lado del libre pensar hay más soledad. Es inevitable pensar en grandes figuras de la historia que en su época fueron repudiados por inadaptados o insolentes al status quo de entonces, como la condena a prisión a Galileo, el repudio social sufrido por Spinoza, la hoguera para Giordano Bruno, etc.

La mente humana va manoteando salvavidas (es decir, lo que alguien alguna vez pensó) para hacer su propia vida más fácil y terminar desenvolviéndose y transcurriendo sin haber generado pensamientos propios u originales.

¿Cuántos de nosotros realmente pensamos?.

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