Pujas en la antesala del langostino en nación y paradojas en la anchoíta

Gremios de marineros y conductores navales negocian contra reloj con flota fresquera de Mar del Plata y Rawson el valor del cajón fuera de los convenios. La industria conservera en la ciudad acordó un 30% de actualización salarial pero puede quedarse sin materia prima del sur porque los marineros no aceptan la oferta del 85%.

Por: Roberto Garrone

A menos de 10 días del comienzo de la prospección de langostino en el área de veda permanente de merluza, los preparativos son intensos. Los tangoneros congeladores comienzan a recibir a sus tripulantes de Corrientes y los ponen en aislamiento previo al testeo.

En la flota fresquera de Mar del Plata ya recibieron desde las fábricas de Patagonia las cajitas donde almacenarán al marisco que luego entregarán para su reproceso, todavía hay cuestiones importantes que aún no se definieron.

No el precio del cajón y el plus por viaje que cobran los marineros que suben a los fresqueros porque actualizan con el nivel inflacionario los valores del año pasado y siempre hay sumas en negro que permiten escaparle al impuesto a las ganancias y al armador achicar los costos patronales en cargas sociales. Hay cosas que nunca cambian en Mar del Plata. Esta temporada se charla en un valor que supera unos escalones los 33 pesos para un barco de 2 mil cajones.

Los que están un poco más firmes son los conductores navales: los oficiales que se encargan de la sala de máquinas de los barcos, se mantienen en su reclamo de 1,40 de dólar para ponderar la producción y tratan que la porción en negro se siga reduciendo. El cajón para ellos “todo incluído” bordea los 60/65 pesos.

Esta puja no es nueva. Hace un par de años el reclamo del SICONARA paralizó por un par de semanas a la flota en medio de la temporada de langostino. Luego terminaron arreglando más o menos como estaban antes con un poco más de blanco en el recibo y volvieron a pescar.

Ahora no hay ninguna posibilidad que se desencadene una medida de fuerza pero son tensiones que el sector atraviesa en la puja distributiva de una torta naranja que este año promete ser mejor que la del año pasado.

Como siempre la nota la da Jorge Frías y esas ansias conmovedoras que denota el Secretario General de la Asociación de Capitanes para hacer mostrar que existe. Llamó a un paro en toda la flota para el lunes por las vacunas y la atención de los contagiados de covid en los puertos patagónicos.

Jamás asistió a una reunión donde se discutieron los protocolos sanitarios pero reclama tratos humanitarios para los tripulantes. Parece que entre comunicado y comunicado no ha tiempo de repudiar la actitud de José Alejandor Dirrolo, el capitán que no le brindó asistencia al maquinista Manuel Quiquinte. Es de la marina mercante, no es afiliado a su asociación, pero es tan capitán como él.

Mejor volvamos al langostino…La estadística de desembarques en Mar del Plata creció un 12% en relación a los primeros cuatro meses del año. No es mucho el volumen, 1400 toneladas, pero se logró con un menor aporte de los tangoneros de CEPA que se sumaron tarde a la pesca en el área norte. Quizás sea un buen augurio para la temporada que se viene.

En Rawson también cuesta encontrar la contraseña que destrabe a la flota. Allá todavía no terminaron de arreglar el valor del cajón para los tripulantes para la zafra de anchoíta y merluza. El año pasado habían acordado 13,80 pesos por cajón para los marineros a estas especies.

Desde la Cámara ofrecieron un 39% de actualización como para arrancar, teniendo en cuenta que la temporada de merluza es corta en el área del Golfo y la anchoíta patagónica dura un par de meses. El SOMU pide 25 pesos por cajón al bolsillo y que el impuesto a las ganancias lo paguen los patrones.

En las últimas semanas pasaron dos cosas trascendentes en esta puja. Por un lado el arreglo individual del “Pachaka”, un costero atado a una planta de tierra en Comodoro con personal efectivo, que aceptó los 25 pesos del SOMU y los 50 pesos que pedía el SICONARA. La patronal ofrece 24 pesos, brutos por cajón.

La otra la produjo el azar. Dos barcos de la flota de Rawson, el “Punta Mogotes” y el “Altar” salieron sorteados para participar de la prospección de langostino en aguas de nación. Con el acuerdo caído tras el final de la temporada en aguas provinciales, la flota debe acordar un nuevo valor para el cajón del marisco, más actual a los 31 pesos que pagaron en la zafra estival.

Todos imaginan aplicar el nivel inflacionario de octubre a abril, cerca del 23% para conformar el nuevo precio. Y hacer un cajón garantizado que surja del promedio entre el valor que pagaron en provincia y nación, donde los gastos de combustible son un poco mayores.

En las últimas horas del viernes los maquinistas firmaron por las tres especies con las dos cámaras costeras. Para el langostino, 27,5% en el kilo de langostino, y 48 pesos, más beneficios de los francos y aguinaldo, para la anchoíta y al merluza. “Todo en blanco eh, allá es todo en blanco”, avisaron en el gremio.

Si la conversación con el SOMU se sigue dilatando y los barcos siguen parados, sobre todo los que pescan anchoíta, podría dibujarse una paradoja muy curiosa y que de alguna forma vincula lo que pasa en Rawson con lo que pasa en Mar del Plata.

Acá los obreros de la industria conservera, la media docena que todavía sigue en pie, aceptaron un 30% de actualización en dos cuotas no remunerativas para esta primera parte del año, una parte retroactiva a abril y la otra cuota en julio.

Trabajadores que podrían resentir sus ingresos ante la falta de materia prima no hay producción ni horas extras; eventuales que seguramente no sean convocados a trabajar ante la indisponibilidad del pescado, promovida por otros trabajadores que tendrían un incremento salarial de casi el 100%.

Buen domingo

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