Las sorprendentes idas y venidas políticas del líder de Ciudadanos, Albert Rivera

Albert Rivera y Mariano Rajoy.

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Pasó de socio de fierro del PSOE y el veto al anquilosado Partido Popular, a ser ahora su “socio preferente” – Acumula golpes de volante e incumplimientos electorales

                         

El 16 de junio, en el ecuador de la campaña electoral, Albert Rivera visitó fugazmente Barcelona para participar en un coloquio y programar un acto en el Poblenou, donde jugó al dominó con Juan Carlos Girauta en un centro para personas mayores. Rivera satisfizo ese día las ansias de protagonismo con un mensaje que se propagó a las redes y capitalizó titulares. “No queremos que [Rajoy] continúe gobernando”.

Los periodistas que seguían la campaña de Ciudadanos (C ‘s) pusieron una marca en la hemeroteca cuando sintieron el veto explícito al líder del PP, mientras otras voces del partido naranja –también conscientes del alcance del compromiso y desconocedores de la estrategia del líder– tragaron saliva. Rivera enterró ayer aquella promesa electoral. El apretón con Rajoy y la música de entendimiento que salió del reciente encuentro –con el pacto por España como gran enunciado de la cita– hizo evidente otro incumplimiento del dirigente liberal, el enésimo desde que se fue fogueando en Madrid.

Rivera pasó de verbalizar en campaña su negativa a investir Rajoy –“ni por activa ni por pasiva”, dijo en el maratón electoral del 26J– a ablandar su posicionamiento con una abstención en segunda vuelta, que el PP quiere convertir ahora en un voto favorable a la investidura. De hecho, la beligerancia mostrada por el líder del partido naranja, se convirtió este miércoles en buenas palabras. Rivera dio oxígeno a Rajoy cuando se comprometió a abrir una línea directa de colaboración para hablar del techo de gasto y de los presupuestos generales del Estado.

Lejos quedó el mensaje regenerador. Ahora, la prioridad del dirigente de Ciudadanos es ofrecerse como mediador entre Rajoy y Pedro Sánchez: “Si podemos ser útiles para cualquier negociación, para destrabar [la investidura] con el PSOE, si es por el bien de España, aquí estamos”, remachó. Sólo cinco meses después de firmar un pacto de 66 páginas para facilitar el camino de Sánchez hacia la Moncloa, Rivera comparte ahora la urgencia del PP para formar gobierno.

Ninguno de los dos caminos cierra bien, pero, con una afirmación del 17 de septiembre de 2015, cuando el presidente de los liberales sonaba en el altavoz del Congreso, empujado por el Madrid del poder: “Nosotros no vamos a apoyar ni a Rajoy ni a Sánchez. Ni investidura, ni pacto, ni gobierno, ni ministros, ni vicepresidente… Más claro, el agua”, sentenció en una entrevista antes de los comicios del 20-D.

El maratón electoral no puso a prueba a Ciudadanos, que retrocedió en los resultados en Cataluña y perdió fuelle en el Estado, a pesar del hiperexposición de Rivera. Los tropiezos en cuestiones relevantes del programa no ayudaron. Desde la campaña de diciembre, el partido tuvo que rectificar el enfoque de políticas de género –cuestionó la ley de violencia de género de Zapatero cuando instó a “terminar con la asimetría penal por cuestiones de sexo”– y aparcar la propuesta estrella del contrato único, diluida entonces en el acuerdo con Sánchez. Demasiados golpes de volante.-

Barcelona (INCAT-ARA, por Joan Serra Cané).-

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